Antilopinae impala

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IMPALA (Aepyceros melampus)

El impala es un antílope de tamaño medio muy común en las llanuras y sabanas africanas, y su nombre deriva de la lengua zulú, en la que significa gacela. Su nombre científico Aepyceros melampus lo determina con mayor exactitud, del griego aipos (alto), keras (cuerno), melas (negro) y pus (pie), significando “pies negros de cuernos altos. Como curiosidad lingüística, en la lengua afrikaans se le llama rooibok, denominación similar a la que reciben nuestros corzos europeos en lengua inglesa.

El SCI reconoce tres subespecies en la actualidad:

– Impala meridional o Southern impala (Aepyceros melampus melampus).

– Impala oriental o East African impala (Aepyceros melampus rendilis).

– Impala de Angola o caranegra (Aepyceros melampus rendilis).

El más grande de cuerpo y trofeo es el oriental y también el de capa más brillante; el meridional es el intermedio en tamaño corporal y trofeo, presentando tonalidades de capa más apagadas, El más pequeño de los tres es el caranegra, black face impala, que tiene la mancha negra en la cara, pinceles negros en orejas, flancos y cola.

Como curiosidades melánicas, el SCI reconoce también el impala negro o black impala y a aquellos ejemplares introducidos en territorio americano como North America Introduced.

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Taxonomía

Se trata de un mamífero artiodáctilo, de la familia de los bóvidos y perteneciente a la subfamilia de los aepyceros. Presentan dimorfismo sexual según género, ya que las hembras, de tamaño sensiblemente inferior, no presentan cuerna alguna. Los machos tiene un peso promedio de 65kg y presentan una altura media cercana a los 90 cm. al hombro del animal, con una longitud media de 120-160cm.

Su capa, diferente en las distintas subespecies y/o alteraciones melánicas, inducidas o no, es de una belleza extraordinaria, variando en función del hábitat, la alimentación y la genética, presentando degradados y “aguas” en tonalidades cobrizas, similares al color de las tierras y arenas africanas, entre las cuales muchas veces se mimetizan.

Entre los locales se le conoce como “bush Mc Donalds” (el Mc´Donalds del campo) pues constituye ser una de las especies clave en la dieta de cualquiera de los depredadores africanos (leones, leopardos, guepardos, caracales, grandes monos, chacales e incluso ¡pitones!) y por ofrecer la visión de una M (característica del logo de esta hamburguesería americana) en su parte trasera. El impala pasa por ser el antílope que menos duerme, nunca periodos de más de tres horas seguidas, debido a la presión predatoria a la que se ve constantemente sometido, aunque ello lo convierte precisamente en una especie muy divertida de cazar a rececho pues siempre constituirá un reto, principal o complementario, en cualquier safari, presentando un bonito trofeo anillado.

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El hábitat preferido por esta especie es la sabana y los espacios semiabiertos, con puntos de agua cercanos, donde puedan completar su dieta, principalmente herbácea, y a la menor señal de alarma correrán a ocultarse en la maleza. El impala tiene tres tipos de alarmas vitales entre sus congéneres: visuales (a través del brillante blanco alrededor de su círculo anal que refleja con la cola levantada), olfativas (a través de unas feromonas que desprenden desde unas glándulas estratégicamente situadas para tal fin en sus patas traseras, cerca de las pezuñas) y sonoras (a través de una serie de resoplidos y bufidos).

Se trata de un animal herbívoro que ocupa la mayor parte del día en tareas alimentarias, paciendo hasta 10kg de alimento herbáceo al día, dedicando también otra gran parte del día a tareas de aseo recíproco junto a otros miembros de su mismo grupo social, eliminando de este modo muchos de los ectoparásitos que los abrasan con frecuencia.

Su carácter gregario, a menudo grupos de hembras de entre 100 y 80 individuos junto a algunos machos jóvenes y algún dominante, no facilita su caza, pues debemos de multiplicar el riesgo de ser descubiertos en nuestra aproximación por varias decenas de miembros en tensión defensiva constante. En sus huidas, son capaces de alcanzar grandes velocidades y en ellas llegan a dar saltos de más de 3 metros de altura y 10 metros de longitud.

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Valorando el trofeo

El trofeo presenta una bella forma de lira, y en los grandes machos de esta especie, antes de que sean regresivos, las puntas de las cuernas apuntan hacia el exterior, llegando a longitudes cercanas al metro. La cuerna es anillada desde la base hasta 2/3 de la misma, terminando en finas y terribles agujas. En general, los mejores trofeos serán aquellos que sean de forma simultánea más abiertos, largos y gruesos. Como referencia para su valoración, tomaremos la relación entre el alto del cuerpo y la medida de la cuerna: cuanto más se aproximen, mayor será el ejemplar al que nos enfrentemos.

Los mejores trofeos de impala meridional en el Record Book están cazados en Sudáfrica (69 6/8″), aunque también hay algunos de Namibia, Zimbabwe y Botswana, mientras que los mejores trofeos de impala oriental son de Tanzania (77 6/8”), y el mejor trofeo de black face impala, cazado en Namibia, arroja una puntuación de 67 7/8”.

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Calibre Adecuado

Calibres como el .270, el 30.06 o un .300 son más que suficientes con esta especie, no excesivamente dura, aunque pueda encajar ciertos tiros demasiado bien (sobre todo los empanzados), entre otros factores por su capacidad para generar procesos hemostáticos que bloquean con rapidez las heridas y pérdidas de sangre, capacidad originada, una vez más, por la excesiva predación a la que ha sido sometida esta especie a lo largo de la Historia. Tanto el corazón como el resto de zonas vitales de estos antílopes africanos se encuentran situados por debajo del triángulo al que estamos acostumbrados en las especies ibéricas, por lo que será aconsejable buscar tiros de codillo bajo. La distancia media de tiro para esta especie se sitúa entre los 80/120m.

Distribución y estado de conservación

El impala se considera nativo de Angola, Botswana, Kenya, Malawi, Mozambique, Namibia, Rwanda, Sudáfrica, Swazilandia, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabue, siendo una especie fuera de cualquier peligro de conservación, estimándose la población del impala común en torno a los dos millones de ejemplares (East, 1999). Aunque su población va en aumento, la subespecie de cara negra está clasificada como aún vulnerable. CyS

Por: Luis de la Torriente

 

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