Thar, Hybrid ibex, Water buffalo e íbice de Kri-Kri

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30 años después…

Empezaríamos por Bulgaria, donde el amigo de Félix Lalane, Stiliyan Kadrev, nos había asegurado que podía conseguirnos tres de los animales que estábamos buscando, el thar, el Hybrid ibex y el Water buffalo, aunque este último en un lugar distinto a los dos anteriores.

Para empezar, Stiliyan nos estaba esperando a pie del avión. Nos trasladaron a la sala VIP, donde esperamos que viniese la policía a sellarnos los pasaportes. Como detalle de bienvenida era alentador, aunque por los tres whiskys que nos tomamos nos cobraron ¡120 euros!

Poco después salíamos en dos coches hacia la zona de caza a la que llegaríamos cuatro horas después, totalmente de noche. La finca estatal a la que habíamos llegado se llamaba Zabardo, en los montes Radópes a 60 Kilómetros de la ciudad de Plovdiv y a 15 de Chapelate, el pueblo más cercano. Charlamos sobre las cacerías que íbamos a llevar a cabo, cenamos bastante bien y a la cama, ya que nos levantaríamos a las 05:30 horas. El sitio donde nos alojábamos estaba muy bien, con un gran salón comedor y una enorme chimenea que calentaba toda la estancia, y con wifi y conexión a internet, aunque sin cobertura telefónica. En cuanto a las habitaciones que nos asignaron decir que estaban… bien.

Primer día… ¡a la primera!

A la hora prevista nos despertaron para desayunar y salir hacia la zona de caza. Nuestra meta, esta primera mañana, era recechar a un buen thar, para lo que nos dirigimos al área donde solían verlos a esas horas. Era muy importante localizarlos cerca de los comederos, ya que después se internaban en unas cañadas muy abruptas donde apenas se podía caminar.

Llegamos en menos de media hora a la zona, por lo que empezamos a recechar poco después de las 07:00 horas. Félix, Stiliyan y yo llegamos hasta allí, con el guarda jefe, Svetio Krastev, de esta reserva estatal, de más de 5.000 ha, increíblemente abrupta. Svetio nos iba a acompañar estos días de caza y, al mismo tiempo, se convirtió en nuestro chófer, siempre en un vetusto Land Rover que manejaba a las mil maravillas. Él era también quien me había cedido su rifle. En varias ocasiones, el Land Rover tuvo que subir inclinaciones de más del 60% por un terreno embarrado y resbaladizo, ya que hacía una semana había caído una impresionante nevada, de más de un metro, y que arrasó miles de árboles dejando los caminos casi impracticables.

Con gran esfuerzo, y la ayuda de decenas de trabajadores, habían podido retirar todo lo que había caído sobre los caminos y apartarlo a ambos lados. Pudimos perfectamente apreciar la magnitud de la tormenta mientras subíamos. Una vez que descendimos del coche, tuvimos que ascender por una colina hacia el lugar en el que podían encontrarse los thar. 5-b

Teníamos que coronar una ladera y, desde allí, nuestros guías otearían todos los alrededores. Durante la segunda parada, en nuestra todavía corta ascensión, los distinguimos a media ladera, alejándose, según el guarda. No podíamos perder tiempo. En ese pequeño grupo había un buen macho en el que nos íbamos a centrar. A partir de ese momento me convertí en la sombra del guarda que, como he mencionado, me había proporcionado su propio rifle, de calibre 7.65 y de fabricación búlgara, ya que procuro desde hace tiempo no viajar con armas.

Ascendimos a media ladera, tapándonos todo lo que podíamos con los muchos árboles que encontrábamos. Detrás nos seguían Félix y Stiliyan, con una potente cámara profesional de la que no se separaba. Así alcanzamos a distinguir perfectamente al grupo. Se trataba de tres machos y varias hembras y, desde luego, uno de ellos destacaba sobre los demás.

Había llegado el momento de cargar el rifle y, con el seguro puesto, intentar localizar perfectamente al macho elegido. Mi guarda iba provisto de un trípode e insistía en que me apoyase, a lo que me negué. Una vez asegurado el animal de que se trataba me llevé el arma a la cara, apunté, quité el seguro y, casi sin dudarlo, disparé suavemente. El animal, que no se encontraba a más de 70 metros, acusó el impacto y cayó hacia adelante dando un pequeño traspié. El guarda quería que tirase de nuevo, pero yo sabía que no hacía falta. Esperamos un par de minutos hasta que nuestros seguidores, que habíamos dejado un poco atrás, nos alcanzaron, y todos juntos nos dirigimos al animal abatido. Pudimos comprobar que se trataba de un buen trofeo y de un animal precioso digno de taxidermizarlo entero. Nos hicimos todo tipo de fotos y cargamos con el animal hacia el coche.

El resto del día, para no extenderme, lo pasamos metidos en un puesto desde el que dominábamos hasta tres cebaderos y en los que se suponía debían aparecer los Hybrid ibex. Parece ser que era una rutina a la que no fallaban… Pero fallaron, y al mediodía, aproximadamente, y después de ver pastar a los muflones, decidimos salir del puesto y coger el coche para buscar, por otro lado, el camino a la casa. 1-b grande

Fue así como nos paramos por el lado exterior de la zona en la que se suponía se encontraban los mejores trofeos de Hybrid ibex. Allí, Félix descubrió, en una ladera que se encontraba a considerable distancia, algún que otro animal, pero consideró que era difícil ver si alguno podría ser interesante. Regresamos, por fin, a la casa para salir apenas una hora después. Fuimos de nuevo hacia el puesto del cebadero, en el que permanecimos hasta que se nos hizo de noche. Durante ese tiempo llegaban a comer bastantes muflones, machos y hembras y algún que otro rebeco. Tan sólo cuando ya apenas se veía, empezaron a entrar los ansiados Hybrid ibex, pudiendo distinguir malamente a uno de color gris y negro que nos pareció el mayor de todos, pero al que no pude tirar… ¡gracias a Dios! –por lo que vendría a continuación–, aunque en ese momento me dio rabia. Regresamos para cenar.

Apuntes sobre el íbice

Creo que es el momento de profundizar un poco sobre los diferentes íbices bezoar que existen, o Capra aegragus, entre los que se encuentran el Hybrid ibex non indigenous o del continente –que es el quería cazar aquí–, y el Kri Kri –que es el que intentaríamos cazar unos días después en la isla de Sapientza–. Ésta es la parte didáctica, en la que me gusta profundizar, sobre todo para que el lector de estos relatos sepa dirigirse si quiere intentar tal o cual animal, y no se arme los barullos que yo me he hecho hasta conseguirlos todos.

Cuando nos referimos al Kri Kri estamos hablando de un bezoar de los que encontramos tres especies:

•Íbice de Kri-kri, agrimi, íbice o cabra de Creta, en inglés Kri kri ibex y de nombre científico Capra aegragus cretica, cuyo origen es, lógicamente, la isla de Creta. Su nombre viene de unos residuos que se encuentran en los intestinos y estómago de estos animales, y que se llaman bezoar. La cuerna es en forma de cimitarra con unas quillas muy pronunciadas. Algunos son marrones y otros grises, con patas negras y tienen una barba muy abundante. El SCI considera puros, o verdaderos, a los de las islas griegas de Creta y del islote Kri Kri, que se encuentra a su lado, así como los de las islas de Sapienza y Atalanti, además de la isla croata de Dugi. Para todos se utiliza el nombre de Capra aegragus. Los del continente, los consideran non indigenous, es decir, introducciones de Kri Kri puros, o Hybrid, que se han hibridado con cabras asilvestradas (feral goat). Este animal lo cacé en República Checa hace un par de años, aunque la verdad es que no estoy seguro de que sea el animal que me vendió Tatralov, por lo que puede ser motivo de controversia que analizaré en su día.

•Íbice bezoar, en inglés Bezoar ibex y de nombre científico Capra aegragus aegragus. Es el bezoar original y se encuentra en muchos países. Yo lo cacé en Turquía y en Irán. Es muy parecido al Kri Kri, pero con más cuerna y más cuerpo.

•Ibice de Sindh, en inglés Sind ibex y de nombre científico Capra aegragus blythi, que se encuentra en Pakistán y allí lo cacé.

Segundo día… ¡doblete!

Nos levantamos antes que el día anterior para que el amanecer nos cogiese en el puesto del cebadero. Sin embargo, nos retrasamos un poco y cuando estábamos llegando, pudimos ver como los Hybrid ibex ya bajaban y se adentraban en un bosque próximo, sin posibilidad de tirarles. Eso sí distinguimos al que podía ser el mayor, que seguía a las hembras. Nos colocamos en el puesto a esperar que apareciesen. Después de un par de horas, y sin que ninguno hiciese acto de presencia, decidimos intentar encontrarlos en otro sitio. Fue así como llegamos al camino desde donde los habíamos visto el día anterior a una gran distancia… y dimos de nuevo con ellos, con el animal grande que queríamos tirar.

Cuando Félix, con sus potentes prismáticos, creyó estar seguro de que era el mismo, con gran paciencia me encaré el rifle, lo seguí como pude con el pequeño visor de mi 7.65 y, sin dudarlo, apreté el gatillo abatiendo al animal para no levantarse más. El alborozo de mis acompañantes confirmó mi apreciación de que no había fallado. Entre las felicitaciones, Félix me dijo que lo había conseguido a una distancia de 172 metros con un tiro de abajo a arriba y con el animal en movimiento. La verdad es que ni yo mismo me lo creía. Además, Stiliyan había conseguido filmar el lance, como pudimos ver cuando regresamos a la casa. Ahora sólo quedaba bajar el animal hasta lo profundo de la cañada para hacernos las fotos pertinentes.

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Este día todavía me iba a deparar otro lance, ya que habían decidido que por la tarde iba a ponerme en un puesto de guarros. Los jabalíes búlgaros tienen gran fama ya que, a pesar de no ser muy grandes de tamaño, sus colmillos, en cambio, suelen ser impresionantes.

Por la tarde nos dirigimos a una zona totalmente alejada de la reserva donde habíamos cazado y cuya superficie, según nos dijeron, era de 296 ha, mientras que la finca estatal donde estábamos cazando pasaba de las 5.000 ha.

Lo primero que nos llamó la atención cuando nos dirigíamos al puesto fue que esta parte era aún más escarpada que la que habíamos pateado días anteriores. Nuestro guía y chófer hacía milagros con la conducción de su vetusto Land Rover, ¡hasta pasamos miedo cuando ascendía pendientes imposibles por caminos embarrados, patinando frecuentemente! Al llegar al puesto estaba esperándonos otro guarda que cebó para los guarros… o lo que entrase. Fue así como, quince minutos después, empezaron a aparecer venados, gamos y, finalmente, dos piaras de guarros entre los que sólo atisbamos a ver un macareno que valiese la pena. Para mí hubiese sido muy fácil tirarle pero, mientras esperaba la orden, al parecer surgió un pequeño conflicto de intereses entre la propiedad, que aconsejaba esperar a un bicho mayor o de colmillos más largos, y Félix, que estaba más predispuesto a no esperar, ya que un bicho mayor podía salir muy caro. Por lo visto este animal estaba en precio, con sus 21-22 cm como sugerían que podría tener. Al final, los animales, una vez apurada su comida, empezaron a abandonar el comedero y entonces fui yo quien decidió, y cuando ya casi el animal se adentraba en el bosque y estaba a punto de perderle de vista, esperé a que saliese de un árbol que le ocultaba y pulsé el gatillo. Mi impresión, y la de Félix, es que le había dado, aunque el animal siguió andando hasta desaparecer de nuestra vista. 3-b

Bajamos a ver si aparecía, pero fue imposible: ni sangre ni rastro, salvo unas huellas de la arrancada al oír o sentir el disparo. Regresamos al puesto y esperamos media hora más por si aparecía otro, cosa que no ocurrió. Sería cuestión de buscarlo a la mañana siguiente.

Regresamos a la casa y empezamos a preparar la salida siguiente, ya que tendríamos que hacer tres horas de carretera hasta llegar al lugar en el que intentaríamos cazar el Water buffalo.

Stiliyan, investigando en su grabación, a cámara lenta pudimos ver con absoluta claridad que el jabalí había sido alcanzado, tras lo cual emprendió una huida. «¡Seguro que mañana lo cobramos!», exclamaron casi al unísono Stiliyan y el guarda. Lo que estaba por ver era qué puntuación daba.

Dimos por terminada la jornada no sin antes ajustar cuentas con Stiliyan. Aquí viene bien una reflexión. Está bien no pagar por adelantado el total o una gran cantidad de lo que puede resultar la cacería, ya que no se sabe el resultado final. Por otra parte, tampoco puedes llevar contigo todo el dinero a pagar en el caso de que abatas todos los animales previstos, entre otras cosas, porque sólo puedes llevar contigo un cantidad máxima. Además, en lo que se refiere al Kri Kri de Grecia, tampoco habría problemas, ya que Félix lo tenía arreglado con el cazador griego.

Por fin nos fuimos a la cama, ya que al día siguiente, último de nuestra estancia en Bulgaria, tendríamos un recorrido de cerca de tres horas hasta el siguiente cazadero para el Water buffalo. 3-a

Tercer día… Water buffalo

Salimos pronto por la mañana , después de mostrar nuestro agradecimiento al guarda local, que me había cedido su maravilloso rifle, y a los guardeses, que habían sido muy atentos con nosotros.

En tres horas, como estaba previsto, llegamos al sitio donde íbamos a cazar el búfalo de agua, que ya había cazado: tres en Australia, tres en Argentina y uno en Filipinas. Éste sería, pues, mi cuarta especie de búfalo de agua. Stiliyan me dejó un nuevo rifle, un 30.06 con bala blanda y nos dirigimos a un pequeño bosque donde se suponía deberíamos hallarlo. Tendría que asegurarme de encontrar el de mayor cuerna.

La verdad es que en lo referente a esta cacería no quiero hacer demasiados alardes, ya que resultó muy sencilla. Cuando por fin encontramos al búfalo que parecía más grande, sólo tuve que centrarlo en mi mira y disparar al codillo. Con gran sorpresa el animal acusó el impacto, pero no cayó –no nos olvidemos que se trata de un animal muy fuerte y con que la bala se desvíe unos centímetros, el ejemplar no cae–. Decidí cambiar de ángulo y disparar de nuevo, pero esta vez apuntando a la tabla del cuello. En esta ocasión cayó fulminado para no levantarse más. Nos acercamos y pudimos comprobar que se trataba de un búfalo muy grande, aunque no de cuerna exagerada. En cualquier caso, había conseguido el último animal de los que había venido a cazar a este entrañable país.

Cuando regresábamos a reunirnos con los encargados de la caza recibimos las primeras fotos del jabalí que tiré el día anterior y que había sido cobrado unos cien metros más abajo de donde disparé. Se trataba de un animal respetable con 25 cm de colmillos, lo que no estaba nada mal. Por lo tanto, no eran tres, sino cuatro los animales abatidos en Bulgaria.

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Kri Kri en Sapienza, Grecia

Para terminar con la caza de los animales programados, sólo teníamos que cambiar de país. Cogeríamos un avión en el aeropuerto de Sofía para dirigirnos a Atenas, donde nos estaría esperando el cazador local. Nos quedaba todavía un viaje en coche de poco más de dos horas que transcurrió en completa normalidad, llegando incluso con bastante antelación de la salida de nuestro vuelo que despegó a la hora prevista. La duración era tan sólo de una hora, así que Félix aprovechó para hacer algunas cuentas de lo que habíamos pagado y de lo que nos quedaría por pagar cuando terminase nuestro periplo.

A nuestra llegada nos estaba esperando el amigo de Félix, con el que había cazado hacía poco una cabra en España, y que, a cambio, había conseguido el permiso del Kri Kri que íbamos a intentar cazar, y que, al parecer, era muy difícil de obtener. 5-a

Tengo que ser sincero cuando escribo estas letras. De todos estos tejemanejes, me creo la mitad de la mitad. Lo único que al final me importa es conseguir legalmente un permiso para el animal determinado que quiero abatir, fijar unas fechas acorde con mis posibilidades, fijar un precio en el caso de que lo consiga cazar, y pagar religiosamente el precio acordado.

Pero volvamos al cazador local que nos estaba esperando y que, según Félix, al que le unía una gran amistad, era el pionero de la caza del Kri Kri en la isla de Sapienza, a la que nos dirigimos nada más llegar.

El aspecto de Christos Lyatas, como se llamaba, no podía ser mejor. Además me enteré de que era un renombrado neurocirujano que cazaba sólo por hobby. Nuestro trayecto hasta donde íbamos a pernoctar era de cerca de tres horas. Cuando llegamos estaba todo cerrado y sólo encontramos abierto, no muy lejos del hotel, un bar donde nos prepararon unos bocadillos de cheesekebab, acompañados de unas cervezas que nos supieron a gloria.

Regresamos a descansar al hotel tan sólo unas horas, ya que a las 05:00 Christos vendría a recogernos para llegar al puerto donde cogeríamos el barco que nos llevaría a la isla, y que tenía previsto salir hacia la misma a las 07:30 horas.  5-e

Lo que no sabíamos es que no íbamos a ser los únicos cazadores que íbamos a intentar la caza de este importante animal. Con nosotros embarcaron al mismo tiempo otros tres cazadores acompañados de sus guías locales y sus outffiters, como nosotros, y como éramos cuatro, ya que nos acompañaba el ayudante local de Christos, un chico muy agradable, al principio le pusieron algunas pegas, que, sin embargo, Christos resolvió en unos minutos.

El trayecto a la isla fue de apenas veinte minutos. A la llegada, cada grupo, acompañado de un guía local, puesto al parecer por las autoridades de la isla, se desperdigó en una dirección.

Es muy importante que todo el mundo sepa que la caza de este animal se puede hacer tan sólo con escopeta, por lo que habría que intentar abatirlo a menos de cincuenta metros, cosa que, como pudimos comprobar, era harto difícil. Para empezar, el terreno contaba con muchas piedras sueltas, lo que complicaba la marcha. Enseguida Christos despistó al quinto componente de nuestro grupo, el puesto por las autoridades, que según él no necesitábamos para nada. El resto de la expedición nos separamos en todas direcciones para abarcar más superficie de búsqueda.

Después de dos horas, en las que sólo conseguimos ver unos muflones, nos juntamos de nuevo para ver si los demás habían visto algo y qué decisión tomábamos sobre lo que vendría a continuación.

Nadie había visto ningún Kri Kri y decidimos seguir la búsqueda, que nos llevaba cada vez más a la costa opuesta a la que habíamos llegado. En ese momento, Félix, que se había alejado un poco, regresó hacia los demás de manera apresurada. Había localizado a nuestros primeros animales bastante lejos, en una playa situada a unos doscientos metros. Efectivamente, todas nuestras miradas convergieron sobre los animales y comprobamos que había uno nada despreciable. Lo malo es que estaban a tiro de rifle pero no de escopeta, por lo que no teníamos más remedio que hacerles una entrada que nos llevase a la distancia deseada, ya que los animales habían iniciado el regreso hacia el interior de la isla.

En dicha entrada intervenimos sobre todo Félix y yo, dando un gran rodeo y sin perder de vista a los animales. Para ello dejamos al ayudante de Christos para que permaneciese atento y que nos comunicase si cambiaban de dirección.

A pesar de la distancia y lo difícil de andar entre las piedras y el matorral bajo mediterráneo, que poblaba toda la isla, llegamos a un sitio ideal, donde los animales deberían de aparecer.

Nuestras previsiones se cumplieron y, finalmente ,los Kri-Kri salieron a unos setenta metros de donde nos encontrábamos esperándoles. Cuando habíamos elegido al mejor ejemplar, sólo tuve que aguardar a que llegase a unos cincuenta metros, apuntar bien y disparar. Mi precioso íbex acusó el disparo y cayó fulminado. ¡Lo había conseguido!

Felicitaciones, fotos y descanso para reemprender la vuelta al barquito que nos estaría esperando.

Tan sólo resaltar que de los cuatro cazadores que lo había intentado, yo era el único que lo había conseguido. Cuando nos acercamos a él, pudimos comprobar que se trataba de un precioso ejemplar bastante parecido al Hybrid ibex que habíamos cazado en Zabardo.

Nos felicitamos por lance y el éxito obtenido y nos hicimos una buena serie de fotos para regresar enseguida al barco, ya que nos habíamos alejado bastante y teníamos una hora fija para regresar al continente.

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Por Marcial Gómez Sequeira

 

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