Al Caprivi… ¡A por un gran elefante! (Tercera y última parte)

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Café rápido y a cazar. Nada más salir con el coche hacia el noreste de la finca, hemos tropezado con una manada grande de búfalos. Luego hemos visto media docena de elefantes (hembras y crías) y al atravesar una zona de fango y hemos ‘clavado’ el coche… Llamada a la concesión, traen el coche ‘de llevar prisioneros’ y, con el wins, lo hemos podido desatascar. Una hora más tarde.

Día 5. Fango hasta la cintura

Hemos atravesado con el coche zonas pantanosas donde el agua llegaba a cuatro dedos del nivel de la ventanilla. Puentes hechos con troncos de matorral colocados sobre otros clavados. La mayoría sueltos, que luego hay que recolocar…

El personal (no yo) ha atravesado zonas de swamp con fango hasta la cintura. Lleno de heces de elefante y de búfalo. Barro, agua, cañas… y ningún animal más.

Tarde hemos llegado al campamento, tomado unos sándwiches y a las 15:00 ya estábamos de nuevo sobre el coche. De éste a la embarcación en dirección al límite de la concesión. A ‘la isla’. Verdadera isla donde, por lo visto, tienen querencia los grandes bull’s.

Hemos visto decenas y decenas de elefantes, mayoritariamente hembras y crías. Algún macho joven, con poco marfil en sus defensas… Un atasco en el río Chobe nos ha impedido poder llegar a la isla. Hemos perdido una hora intentando desatascar lo indesatascable. Y, con el rabo entre las piernas, damos media vuelta.004-046

Entre una manada situada en el lado de Botswana, descubrimos un bull inmenso. No se divisaba el recorrido de ambos colmillos, hecho que nos entretuvo un buen rato. Cruzó hasta ‘nuestro lado’ y estuvimos durante casi una hora a 100 escasos metros detrás de él. Él parado y de espaldas; nosotros, atenazados por la tensión. El aire nos daba mal, pero el elefante no se iba. Al final vimos los colmillos. Para mí, descomunales. Los PH’s decidieron no dispararle por el escaso grosor de la base que no por su longitud… ¡Vaya, hombre…! Vuelta al campamento.

Día 6. Esto se enrarece…

Plasta de día. No lo parecía al amanecer. Estaba el ambiente limpio con aire del noreste. Después del desayuno, hemos ido con la embarcación a desatascar el río para poder llegar a la isla. No hemos visto más que patos. Dos horas arrancando cañas ancladas en el fondo del río.

Hemos llegado a la isla. Ningún animal. Parece que los paquidermos toman decisiones unánimes y hoy no han querido venir. Vuelta al campamento con idea de hacer un pic-nic mientras los elefantes vienen desde Botswana ‘a casa’. Comemos y con la embarcación hemos vuelto a la isla.

A la ida… escasos elefantes. ¡Qué raro! En la isla hemos visto varios facocheros, una cebra, búfalos, un gran kudu, algún elefante…

A la vuelta hemos avistado elefantes (mamás y babies) y se nos ha ido apagando la luz del sol. De pronto, Bond pone la lancha a toda pastilla. Estamos perplejos.

Al atracar, nos informa de que le ha llamado Ralph contándole que, a la vuelta de la compra, se ha cruzado con un gran grupo de elefantes entre los que había uno muy bueno, a unos dos kilómetros del campamento. Atravesando por mitad de los campos, hemos acudido y visto un par de ejemplares majestuosos. Uno de ellos con largos colmillos. Pero… el grande ha tomado las del olivo en otra dirección. Se hizo de noche. Vamos al campamento.

Joan ha advertido de la escasez de elefantes de la calidad que se contrató. ¡Ni uno! Como cuando ataca el leopardo, todo el mundo en el grupo ha quedado herido. Por otra parte, la negociación del elefante ‘sin trofeo’ para mí, va fatal.002-040

Día 7. El aire se puede cortar…

Si se tuviera que definir el día con una sola palabra, sería ¡alta tensión! Tras desayunar hemos salido pronto a buscar las huellas del elefante de anoche. Dirección noreste con la pickup. Por otro lado ha salido Ralph con su perrillo Idefix. Otros pisteros han partido con sus propias expediciones. Aquí hoy hay ¡caza total!

El equipo habitual hemos ido por el swamp atravesando lo atravesable y lo que no lo era. Hemos visto tres dagaboys espectaculares y una manada de muchos búfalos. Hemos llegado a un punto inabordable para el coche. Hemos partido el grupo. En el lado de aquí nos hemos quedado Santiago, Joan y yo. Los otros tres compañeros, con un pistero que se nos ha añadido, se han plantado frente a una charca y, de pronto, nos han pasado por delante tres elefantes monstruosos. La mitad del equipo con más disposición al fango han ido a por ellos…

A la hora ha vuelto Bond y nos ha dicho que los pisteros los iban siguiendo y que nosotros iríamos al río a recibirlos de cara. A toda prisa hemos salido a por la embarcación y con prisa hemos ido a la zona convenida. Han llegado los pisteros y nos han dicho que los tenían localizados. Estaban parados, comiendo.

Han cogido los rifles, a míme han castigado sin salir de la lancha y se han ido a triunfar. Han vuelto ¡a las tres horas! Derrengados. Sin haber visto a los elefantes. Después de cruzar una cantidad interminable de charcas, llenos de barro, con las cuencas de los ojos hundidas, con un olor indefinido de sus cuerpos…

Hemos ido al campamento. Sándwich, y de nuevo a la caza. Volvemos con la lancha, donde hemos ido río arriba. Nos hemos encontrado de nuevo el atasco. Ha habido otra entrada a un elefante que, al abordarlo, desestimaron los profesionales por considerar su trofeo parco. A las 07:15 hemos llegado al campamento.

Quedan tres días. Más tensión. Discutimos lo del elefante sin trofeo para mí. No nos ponemos de acuerdo en el precio…006-180

Día 8. Aparecen los big one

A estas alturas de safari, en la mayoría de casos la gente ha empaquetado y ya está de vuelta. Nosotros, no.

En un safari, el personal auxiliar obtienen los beneficios económicos fundamentalmente de las propinas. Si no se caza, no hay propinas. Esto, alegría no da y… a estas horas, habiendo visto seguramente más de 1.500 elefantes, lo único que está claro es que las expectativas con las que se realizó el contrato, no existen. Hay que rebajar las pretensiones (pagando un precio que no se corresponde con el del trofeo) y todos estarán dispuestos a que caces un animal de inferior peso de colmillos y así poderte felicitar por el éxito del abataje y ‘la puntería del cazador/cliente’.

Tenemos la sensación de que cada uno se ha arriesgado a hacer unas propuestas que difícilmente se podrán cumplir. Es cierto que elefantes hay muchos. ¡Muchísimos! La gran mayoría de ellos, hembras y crías. Los machos son jóvenes y, aunque de tamaño descomunal, tienen colmillos de escaso peso. Es cierto que en el territorio en donde suelen dormir, es la Reserva de Chobe, en Botswana. Es asimismo cierto que en el Chobe no quedan árboles ni hierba. Los animales transitan a Namibia porque hay agua y comida. Los problemas de la reserva donde nos encontramos son, por un lado, el terreno pantanoso, y al elefante es difícil poderle seguir por la huella… Y, por otro, los trofeos no son grandes. Las razones son diversas. Dicen que en África se cazan furtivamente cada día 200 elefantes. Lógicamente cazarán los de mayor peso…

Hoy, a las 05:15 h., hemos salido con la embarcación. Al llegar a la angostura del río, como siempre, perdimos una hora en desatascarlo. Seguimos río arriba hasta que, en un recodo, avistamos el primer elefante mayor de 60 libras. Uno grandísimo, anciano, con unos trofeos excelentes, que reposaba su trompa encima de uno de sus colmillos, pero… ¡en territorio de Botswana! Dejamos allí a los trackers y volvemos al campamento. En el viaje vimos otro ejemplar, también en Botswana, de unas 50 libras. Pensábamos que iba a entrar en nuestro territorio, pero no… Llegamos al campamento, acopio de viandas y… vuelta hacia el big one.006-110

Cuando llegamos, nos explican los trackers que el bicho ha cambiado de sitio pero sigue en Botswana, después de un pequeño paseo por Namibia. Está durmiendo. Nos quedamos en la lancha a la espera. Hemos estado mucho rato. Finalmente, el animal se ha levantado y se ha adentrado en el Chobe…

Ya con el crepúsculo, volvemos a casa. En este camino hemos visto algunos machos. Uno de ellos grandón, cerca del embarcadero.

Día 9. El monstruo 

Joan ha montado una escandalera nada más levantarse. Ayer quedamos que a las 05:15 horas saldríamos a dar una primera vuelta para buscar el animal que vimos a última hora cerca del embarcadero. A esta hora… solamente estamos Joan y yo en el comedor. Joan ha llamado a arrebato y, a toda prisa hemos ido a por el bull.

Era aún de noche cuando hemos avistado la manada de búfalos que merodea cerca del campamento. Nos metemos en el interior de la cañada que hay a escasos dos kilómetros del campamento. Con la pericia de los pisteros, nos plantamos el ‘equipo habitual’ en la cara de tres elefantes. Los dos primeros, jóvenes y con escasa armadura. Detrás, un monstruo adulto bien armado. Unos colmillos espectaculares por lo ancho de su base. Nos vamos acercando hasta ponernos a siete u ocho metros del más pequeño, que se encaró con el grupo y los PH’s lo ahuyentaron con movimientos simples de manos. Poco a poco nos vamos acercando al grande, al de la noche anterior cerca del embarcadero. Bond planta el trípode y Joan pone el rifle sobre él y sitúa el punto de mira sobre el segundo pliegue de la trompa con el elefante de cara. A veinte escasos metros. Los PH’s no le autorizan el disparo, quieren que tire al corazón. El elefante se desplaza de izquierda a derecha. A paso de National Geographic sin detenerse. Planta Bond de nuevo el trípode. Joan pone el punto de mira esta vez en el corazón. Pide permiso para disparar y no se lo autorizan (porque el animal ¡tiene que estar parado para poder disparar!). Se gira el elefante y, detrás de los otros dos, se cuela en el interior de la cañada. Nos quedamos con tres palmos de narices.

Con el rabo entre las piernas, nos vamos al río a por la embarcación. Hemos visto elefantes jóvenes. Ningún bull… Hemos dado varias vueltas y, al final, hemos vuelto a por el elefante de la cañada.

Esta vez me han dejado en el coche. El resto se fue a perseguir el grupo de tres. Uno de los pisteros los vio desde lo alto de un árbol. Anduvieron por el swamp durante tres horas. Los tuvieron muy cerca pero no llegaron a verlos. Volvieron exhaustos y sucios.002-002

A todo esto, nos llama Ralph, que ha localizado otro bull al este de la concesión. Hemos dejado a Nicolás al cuidado del grupo de tres paquidermos y nos hemos ido en busca del bull de Ralph.

Llegamos a destino y observamos que se trataba de un área única y exclusivamente de swamp. También nos percatamos que, además del presunto bull, hay, al menos, seis elefantes más. Después de andar por los cañizos y el swamp despiadadamente, el grupo se percata de que escasamente hay una visibilidad de dos metros. Y aquello está lleno de elefantes… Un disparo allí provocaría la salida en tromba de, al menos, seis locomotoras y la probabilidad de salir ileso, es menguada.

Los estrategas deciden prender fuego para que la manada salga ordenada y por un punto controlado. Dicho y hecho. Se prende y, al rato, sale un elefante por el punto previsto ¡y otros veinte… por el lado opuesto! Falló la estimación del número de animales en el swamp y, sobre todo…falló la estrategia.

A todo esto llama Nicolás, nuestro tracker, para contarnos que el elefante que está a su cuidado ha intentado salir de la cañada. Él ha ido a su encuentro y con unas cuantas palmadas ha conseguido que se refugiara otra vez en el lodazal.006-255

Volvemos de nuevo desde la distancia, a donde desde lo alto de un árbol, Nicolás vigila. Tomamos un frugal sándwich y el equipo vuelve a hacer otro acercamiento infructuoso al gran bicho.

Nos hemos quedado sin líquido ni comida. Hace calor, mucho calor. Todo el mundo anda arrastrando los pies, con fango hasta las orejas. Decidimos que una avanzadilla se acerque al campamento a por víveres.

Rehidratados, decidimos volver al río. Cuando ya estamos montados en el coche a la espera de que los trackers bajen del árbol en que se han subido, acuden excitadísimos y nos cuentan que los elefantes ¡están allí! Cambio de estrategia. ¡Montar las armas y a por ellos! Esta vez vamos los PH’s, Joan y yo por un lado y los pisteros por otro. Después de corretear de un lado para otro, conseguimos acercarnos a ellos. Joan, con los PH’s, queda a escasos 40 metros del lugar por donde van a pasar los elefantes. Yo me quedo a 50 metros de Joan. Veo a los animales contra el cielo, en el campo vecino al de los portadores de armas y con el sol que se está escondiendo 15º a mi izquierda. Tengo una visión de los hechos fantástica. No puedo hacer fotografías para no perderme el detalle.  Cruza el primero, el segundo, el tercero y ¡Joan tarda!. De pronto, un trueno en forma de 400 grains (Federal solid, rifle Blaser R93 .416 Rem. Mag.) dobla la cabeza del elefante hacia la pata delantera izquierda, doblando también el torso hacia esta parte. Se recupera un poco y consigue caminar. Se desata una diáspora de ruido de tres rifles a caño libre –se añade un rifle doble Arrizabalaga .500 nitro de Santiago y otro rifle doble Chapuis de .470 de Bond–. Callan… ya no se oye nada. Voy corriendo y veo la montaña de carne entre las cañas. Joan dispara dos tiros de gracia. ¡Se ha cazado al monstruo! Abrazos, felicitaciones, descarga de mil tensiones…

Aunque la luz es casi crepuscular, aún permite hacer una tirada de fotos… Hay que ver las miradas y el triste estado de los cuerpos de los orgullosos personajes que se colocan al otro lado del elefante. Se hace de noche y dejamos el cuerpo inerte de grandes colmillos para mañana.SI

Día 10. Fotos y desuello

Desayunamos a las 07:30 horas. Después de una larga charla, nos hemos trasladado al lugar donde yace el elefante. Hemos hecho una sesión fotográfica y luego hemos estado observando la brigada de personas que han acudido a desollar el paquidermo. También acuden los alcaldes de las comunidades vecinas que controlan que el reparto de las impecables piezas de carne extraídas sea equitativo. Todo bajo la supervisión y el control de la Cruz Roja y con una organización previa de reparto bien realizada.

Pasamos un agradable día de reposo. Agradecemos la colaboración de todo el equipo y preparamos el viaje de vuelta.007-087

Final feliz 

Hemos salido de Katima Mulilo hacia Windhoek y hemos ido a la finca de Eddie. Después de diez días agotadores, hemos tenido el privilegio de acudir a un pequeño pedazo del paraíso, a una explotación de 30.000 hectáreas libres. Nada más llegar a este lugar, a 30 kilómetros del aeropuerto de Windhoek, donde nos recogió con su automóvil la esposa de Eddie, nos ha impactado la belleza del paisaje y la hospitalidad de los propietarios. Un campamento impecablemente bien decorado, con instalaciones de hotel de lujo. Aquella primera ducha y primera copa, no se van a olvidar fácilmente.

La finca es una explotación ganadera, de vacas, sin más vallado que una cerca de pastor eléctrico. Donde, además de leopardos y guepardos, existe una gran cantidad de plains game. De entrada, chacales y babouinos, que son los enemigos de las vacas. A éstos hay que chorrear, a coste cero. Existe una gran cantidad de redhartebest, el antílope más importante en Namibia. Abundantes y fantásticos órix, grandes kudus, cebras, facocheros, hienas, impalas…

La bodega de Eddie y la gastronomía, impecables. Pero no vinimos aquí a por eso. La caza ha sido fantástica. Mi apriorística idea fue la de intentar cazar un redhartebest y un órix. Me fui sin rifle, con idea de alquilarlo allí. Me dejaron un palo de escoba del calibre .308 con una mira telescópica indefinida. El primer disparo lo hice a más de 180 metros, sobre un redhartebest Rowland Ward. Caminó veinte pasos. Con ello ya le cogí confianza al dichoso rifle. Veinte minutos más tarde, un magnífico órix macho, se plantó a 140 metros. Un único disparo sólo le permitió dar sus últimos 40 pasos. Otro tercer y último disparo puso en tierra a otro órix macho fantástico.002-047

Pasamos dos días y medio excelentes con un montón de oportunidades y en compañía de unos anfitriones impecables y generosos, que nos dejaron unas considerables ganas de volver.

Conclusión

Joan y yo nos hemos conjurado que esta es la última vez… ¿Será verdad?

Hay que decir que la cacería de un elefante es extraordinariamente compleja. Los grandes bull son escasos y han librado mil batallas con cazadores deportivos y, sobre todo, con furtivos. Los animales són listos, muy listos. Durante la cacería, ocurren centenares de vicisitudes que complican en sobremanera la relación entre el grupo de cazadores. Al final… un brainstorming fue necesario para recuperar el equilibrio.

Del anterior safari nos impresionó la gente nativa. Muchísima gente que nace y muere a los pocos años. Muchísima gente que desconoce lo que está bien y lo que no lo está. Gente que también desconoce la higiene, la penicilina, los antimaláricos… Que no sabe que la tierra gira y que hay en el cielo planetas. No sabe nada. Que por el hecho de tener oscura la piel se cree con el derecho a recibir comida a cambio de nada… Que compite con los animales salvajes que le destrozan el maizal familiar y, por cierto, la hierba.

Esta vez la reflexión han sido los elefantes. Hay muchísimos. Vimos más de 1.500 en diez días. Animales que han dejado la sabana de grandes zonas de Botswana sin una brizna de hierba. Que rompen un árbol para pillar unas cuantas hojas. Que compiten en el territorio con los seres humanos a los que les comen los productos de sus siembras y plantaciones. Se comen sus plátanos que son ‘su riqueza’.

A menudo oímos opiniones de personas que, desde la butaca de su casa, y sin haber pisado de cerca la zona de conflicto, aleccionan sobre lo que se debe y lo que no se debe hacer para la conservación de tal o cual especie. Gente de sofá y palique. ¡La primera especie que hay que conservar, por encima de todo, es la humana! Cuando esto se haya logrado y, tal como están las cosas parece un objetivo de momento  imposible, seguiremos hablando de más protecciones. ¡Por favor, salgan de su refugio y ayuden! Cualquier ser humano puede colaborar en mejorar esta feroz situación…

Por cierto, a los pocos días de la vuelta y refiriéndonos a la caza, nos informa Santiago, desde Namibia, que el trofeo del elefante abatido ultrapasa las cincuenta libras.007-014SI 4 si 3

Por Josep Giné i Goma 

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