Un tesoro de Europa: la caza del Chartreuse chamois

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Este animal, que no es otro que el rebeco del valle de la Chartreuse, se encuentra sólo en el macizo del mismo nombre, en el norte de los Alpes franceses, formando parte de las cadenas subalpinas septentrionales, en la Región Natural del Parque de la Chartreuse. La región política se llama Rhone-Alpes y está situada entre las ciudades de Grenoble y Chambéry.

Desde hace muchos años tenía la pequeña obsesión de cazar un rebeco del valle de la Chartreuse que es bastante difícil de conseguir y del que dan muy pocos permisos. Lo había intentado a través de varios amigos, como Guillaume Roques- Rogery y Stiliyan Kadrev, sin resultado alguno, cuando se me ocurrió meterme en internet y buscar el teléfono del Club FauneIMG_6119

Fue así como di con un cazador joven y que llevaba muchos años como profesional, Yann Le Bouvier. A través del mismo y por teléfono conseguí dicha cacería, eso sí, coordinando nuestras fechas para intentarlo antes del 26 de diciembre.

Fue así como decidimos salir de Madrid el 30 de noviembre a Lyon, vuelo de dos horas escasas, para cazar los días 1, 2 y 3 de diciembre y regresar a España el 4. Él viajaría desde Palma de Mallorca, donde vive, vía Barcelona, y nos encontraríamos en el aeropuerto a nuestra llegada casi a la misma hora.

Durante muchos años este pequeño animal estuvo en peligro de extinción, pero poco a poco las autoridades, que habían comprobado el aumento de su población, permitieron abrirlo a la caza. Por otro lado, para autentificar este animal como originario del valle de la Chartreuse es imprescindible conseguir un certificado que sólo emiten las autoridades del parque.

Igualmente, es muy importante que aquellos cazadores coleccionistas no olviden que en Francia, por al momento, sólo hay tres especies de chamois que se pueden cazar: el de los Pirineos, el de los Alpes y el del Chartreuse. Cuando digo ‘por el momento’ es porque existe otro chamois o rebeco que también se puede conseguir en Francia, no muy lejos de la zona donde hemos venido a cazar éste y, por lo que he visto y oído, no es de extrañar que, en breve, el Safari Club Internacional lo considere otra especie. No olvidéis su nombre: chamois de Vercors.

Según mis cálculos, este animal tan deseado era el último y el más difícil de los rebecos que me quedaba conseguir. Entremos en materia.

Comienza la aventura

A la hora señalada Yann y yo nos encontramos en el aeropuerto de Lyon. Yann llegaba acompañado del cazador local Anthony Ovini. En su coche, y en una hora, Anthony nos llevó hasta la ciudad de Uriag, muy importante por sus fuentes termales, alrededor de las cuales se ha desarrollado una industria que, al parecer, está llevada por españoles. Anthony nos trajo hasta un hotel en proceso de restauración, que sería nuestro refugio las próximas tres noches si no cazábamos antes. Nos instalamos, cenamos, tomamos una copita acompañada de un pequeño habano y nos fuimos a la cama, ya que íbamos a desayunar a las 06.00 h. para, inmediatamente después, salir hacia la zona de caza, que distaba a una hora de nuestro hotel.

Día 1, niebla y más niebla…

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Hasta este día ni había nevado ni llovido, pero hoy el día amenazaba lluvia, que, aunque no copiosa, nos acompañó toda la jornada.

Después de una subida importante, bastante más de lo que me habían prometido, vimos, a una hora temprana, algunos rebecos medio ocultos por una neblina que, poco a poco, se convirtió en niebla espesa. Cambiamos de sitio y tras una pequeña paliza accedimos a una atalaya desde la que divisamos a lo lejos varios rebecos que no paraban de ramonear. Aunque se encontraban bastante distantes, entre ellos pudimos observar un buen ejemplar que, según Anthony, con un poco de suerte, podría acercarse hacia nosotros. Sin embargo, de suerte, nada, pues no sólo empezó a jarrear sino que la niebla terminó ocultándolos. Estábamos calados y con mucho frío, por lo que una vez empapados y sin que la niebla abriese, decidimos abandonar la espera. Descendimos desde donde habíamos subido, con gran sufrimiento de mis rodillas, hasta una cabaña donde esperaríamos a ver si la niebla desparecía y nos dejaba seguir recechando. Nos secamos, comimos y descansamos, pero la niebla no cedió nada, por lo que, a eso de las 16:00 horas., decidimos regresar a la pequeña ciudad. Allí aproveché para comprar ropa interior acrílica para mitigar en lo posible el frío del próximo día.

Día 2, niebla, frío … y más frío

La salida fue a la misma hora del día anterior, pero sin lluvia. El plan, en un principio, iba a consistir en volver al mismo sitio, ya que Anthony, el experto local, estaba seguro que los animales que habíamos visto el día anterior permanecerían más o menos en el mismo lugar donde la niebla los ocultó.

La subida la íbamos a hacer más directa, con el consiguiente esfuerzo añadido. ¡Cuán lejos estábamos de la cacería que en un principio me habían prometido que iba a tener lugar…! Eso de llegar por el camino con el coche y luego andar media hora escasa hasta llegar donde deberían encontrarse los animales quedaba, definitivamente, atrás. Esperemos que hoy se nos dé mejor. IMG_6089

Cuando llegamos al sitio donde nos sorprendió la lluvia el día anterior, no vimos ni rastro de los rebecos. Anthony se adelantó e improvisó un puesto desde donde esperaríamos a que los rebecos diesen señales de vida. Según nuestro guía, los rebecos tenían que aparecer y, si entre ellos había uno que mereciese la pena, tan sólo estarían a unos cien metros de distancia.

Como estaba previsto y ya cuando el frío arreciaba, por fin aparecieron, a lo lejos, los tan deseados animales, acercándose hasta ponerse a tiro. Sin embargo, una vez más, la pertinaz niebla hizo su aparición y, por desgracia, con más intensidad cada minuto que pasaba, hasta no poder ver más allá de cinco metros. Aguantamos estoicamente hasta que me empezó una tiritera que me obligó a levantarme y salir disparados de la umbría donde nos encontrábamos. Mis acompañantes empezaron a darme golpes en la espalda y los brazos para que entrase en calor. IMG_1480

Por fin, decidieron que no teníamos más remedio que regresar por donde habíamos venido y buscar cotas más altas donde hubiese algo de sol. Medio a rastras escalamos unos cien metros de desnivel casi sin pararnos hasta dejar la niebla atrás y superar la misma hasta cerca ya de la cima de la colina, donde un sol bastante fuerte hizo que me recuperase del frío que había pasado. Además, aprovechamos para tomar un refrigerio que nos vino muy bien. Allí esperamos cerca de una hora hasta que el sol fue desapareciendo por la niebla que nos perseguía sin compasión alguna. Por fin decidimos regresar donde habíamos dejado el coche y volver a la cabaña del día anterior. Después de otra hora en la que la niebla no hizo la menor intención de desaparecer, Yann y Anthony decidieron salir en otra dirección mientras yo permanecía en la cabaña. Iban a intentar localizar algún animal y, si lo conseguían, uno se quedaría allí para no perderlo de vista mientras que el otro volvería a buscarme. Pero todo fue en vano. Noventa minutos después regresaron los dos sin haber visto nada. Mi segundo día de caza había concluido, vencidos por el frío y la niebla.

Regresamos al hotel con la intención de darme un baño caliente, descansar y bajar a cenar a las 20:30 h. A todo esto, empecé a sufrir los efectos de la lluvia del día anterior, que me había afectado la garganta y me impedía tomar nada caliente e incluso ingerir algo de comida. Se me ocurrió que me preparasen una tortilla a la francesa que, a pesar del nombre, hicieron de pena, pero que al final fue lo único que comí. Por descontado que lo de fumarme un purito, nada de nada. Os podéis imaginar lo mal que me encontraba. Cuando bajé a tomarme mi tortillita me encontré a Yann y a Anthony que, al parecer, se habían quedado abajo preparando la táctica para el día siguiente, que iba a ser totalmente diferente.IMG_6095

Día 3, ¡objetivo conseguido!

Antes de empezar a contar lo sucedido este tercer día, decir que si no hubiese sido por la insistencia de mis acompañantes, lo más seguro es que habría arrojado la toalla y regresado a Madrid esa misma mañana, que es para cuando tenía mi billete de vuelta. Sin embargo, decidí llamar a la oficina y lo cambiaron para el día siguiente. Lo malo es que el avión salía a las 19:15 horas, por lo que, pasase lo que pasase, tendríamos que salir del hotel a las17:30 h. como muy tarde.

La recogida para este, mi tercer día de caza, sería a la misma hora que los días anteriores. Sin embargo, nuestro destino iba a ser otro. Esta vez nos dirigiríamos hacia el otro lado de la reserva, es decir, más al sur, a una cabaña de los guardias forestales en pleno parque. El guarda mayor, llamado Philippe, y gran amigo de Anthony, había localizado los días previos un grupo de rebecos no muy lejos de donde se encontraba situada la cabaña, pero de difícil acceso.

Cuando llegamos, un grupo de cazadores locales estaba a punto de partir para una mini montería de jabalíes. La salida hacia donde nos íbamos a dirigir no se hizo esperar. Ascendimos los cuatro en un 4×4 que había traído Anthony hasta alcanzar la máxima cota a la que podía subir el vehículo. Allí nos separamos y mientras Anthony y Philippe se adentraban más alto todavía, hacia donde el segundo pensaba que podían seguir los animales, Yann y yo nos apostamos no muy lejos del coche por si los primeros, en su ascensión, levantaban algún animal. Permanecimos allí más de una hora, pero no vimos nada. Regresamos al coche esperando la llamada de los demás para, a su vez, intentar llegar hacia ellos en el caso de que encontrasen algo. IMG_6060

Tengo que decir que a pesar de estar a unos 1.600 metros de altura, no hacía frío y la niebla no era demasiado espesa. Pasó el tiempo sin noticias de los expedicionarios hasta que, de pronto, apareció Anthony como alma que lleva el diablo. Al parecer, donde encontraron los animales no había manera de tener cobertura para llamarnos y por ello venía a buscarnos.  Nos preparamos de inmediato y salimos tras él. La buena noticia es que, efectivamente, habían encontrado un par de machos y alguna hembra ,y Philippe se había quedado en el lugar para no perderlos de vista.

Con el ansia de llegar y a pesar de andar más de una hora siempre ascendiendo, arribamos hasta donde no podíamos continuar por el pequeño sendero que habíamos seguido. Yann creyó ver contra una ladera a los animales y Anthony inició la última subida, siguiéndole como pudimos, andando o más bien trepando por unas piedras y rocas peligrosas. Casi me llevaban a rastras hasta que, por fin, conseguí ver al animal que perseguíamos, el cual descansaba sobre una roca a más de 150 metros. Me arrastré como pude hasta otra pequeña roca en la que Anthony puso su macuto para que me sirviese de apoyo para su rifle que, no había mencionado todavía, se trataba de un monotiro Blaser de calibre .243. Una vez que me extendí cual largo era, la verdad  es que me pareció absurdo intentar el tiro desde allí.IMG_6116

Sin embargo, mis acompañantes no hacían sino acuciarme para que disparase. Por fin me decidí, apunté a lo que creía que era el codillo, que apenas superaba ligeramente el nivel superior de la roca donde descansaba mi rebeco y, sin pensarlo dos veces, apreté el gatillo. El animal ni se movió, lo que nos hizo pensar que podía haberle fallado, cuando, de pronto, y coincidiendo con los gritos de alegría de mis acompañantes, el rebeco hincó el pico, dejó caer su cabeza y cayó hacia atrás. La llamada de Philippe, que había presenciado el lance, nos confirmó que el animal había caído para no levantarse más.

Lo más curioso del caso es que, de pronto, comprendí por qué lo veía tan pequeño, y era, ni más ni menos, que la lente tenía tan sólo un aumento de tres, tal y como la coloqué cuando hice la espera un par de horas antes. Al no haber apuntado al lugar preciso esto ayudó a que el disparo alcanzase el sitio donde había fijado el blanco.

Mi aventura había terminado. Anthony, que había subido al encuentro de Philippe, arrastró al animal los 162 metros que nos separaban del mismo, distancia que pude comprobar con el medidor de mis prismáticos.

Os podéis imaginar las felicitaciones, los besos que los franceses prodigan tanto y las decenas de fotos que nos hicimos. Además, se trataba de un animal de diez años, muy grueso en sus bases, no muy largo, pero bastante abierto, que cuando lo llevamos a la taxidermia para que me lo preparasen, dio unas medidas de 26 pulgadas 4/8, medidas SCI. Incluso después de la pérdida que tuviese al medirlo tres meses después, se posicionará como el nuevo número uno de esta especie en el Libro de Récords.

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   Por Marcial Gómez Sequeira

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