Íbex del Himalaya. Segunda cacería en Pakistán

 

Pakistan Ibex de Jose María Losa Dejábamos atrás el Sindh y, una vez llegados a Islamabad, decidimos ir a descansar un rato. Dormimos en casa de Ali, escasamente dos horas, y fuimos a buscar a Manel y Abel, que llegaban a las 16:30 horas. Esta vez hubo suerte y llegó todo el equipaje sin incidencias; las medidas de seguridad, como iremos viendo, eran muchas, hasta el punto de dejar exclusivamente a dos personas entrar a esperarles, nosotros, Pablo y yo, esperábamos con otro coche fuera del recinto aeroportuario.

Nos comunican que no podemos volar ni a Skardu ni a Gilgit, es decir, toca viajar en coche…

El Junction point

Pakistan Ibex de Jose María Losa

Tras los pertinentes saludos, distribuimos los coches y salimos hacia Gilgit, donde estaba previsto hacer noche después de diez horas; sin embargo, no nos podíamos imaginar que durante el trayecto nos íbamos a encontrar con dos avalanchas que nos impedirían el paso. La primera, se solucionó con doce ‘propios’, a mano y pasando por encima la tierra, pero la segunda nos retrasó unas tres horas y, lo que era peor, eso nos llevaba a conducir por la noche, y sabíamos que en cualquier control policial podían impedirnos seguir.

El primer control nos permitió pasar, pero en el último nos obligaron a pasar la noche en Chilas, allí nos encontramos los dos canadienses y el italiano. Cena, descanso y a esperar al día siguiente.

Nos tocaba la segunda jornada de coche, pero no llegaríamos a Gilgit: nos desviábamos antes hacia Skardu, previa parada en el Junction point, lugar donde se unen las tres cordilleras más altas del mundo, la del Hindu-Kush, el Himalaya y el Karakorum, coincidiendo en el mismo lugar la unión de los dos ríos, el Indus y el Gilgit. Después de las preceptivas fotos y siempre con el Indus a nuestro lado, nos desviábamos de la Karakarum Highway hacia nuestro destino.

 Jose María Losa en Pakistan

Después de nueve horas de recorrer una interesantísima carretera, con vistas cada vez mejores, poblados en lugares inaccesibles, minas en lugares imposibles y gente durante todo el trayecto, llegamos a Skardu ya anocheciendo y fuimos al Hotel Dewan-e-Khas, previsto para nuestro hospedaje. Ya  habíamos alcanzado una altitud de 2.100 metros, sin embargo, la sensación de cansancio era mucho mayor. Esa altura es a la que suelo cazar en los Pirineos y, desde luego, la sensación no era la misma.

Muy cerca del cielo

Compartía habitación con Pablo y el frío empezaba a aparecer… el frío propio de estar en la falda de las montañas más altas del mundo. Por la mañana dimos una vuelta por ‘la ciudad’ e hicimos las compras de los víveres necesarios para nuestro albergue en la zona de caza. Aprovechamos para comprar unas chocolatinas para los niños y algunos souvenirs, los gorros típicos, pañuelos y demás.

Volvimos al hotel y, de nuevo, a los coches. Esta vez tenían que ser seis horas más. Fuimos ganando altura por unas carreteras cada vez más difíciles hasta llegar al último pueblo, Hushe, a 3.150 metros de altitud… un lugar muy cerca del cielo. Dentro del albergue estábamos a dos grados y fuera a dos bajo cero. Sólo una ‘catalítica’ rompía el helador ambiente, pero nos daba igual, a Manel y a mí se nos notaba el nerviosismo del ‘qué pasará’.Pakistan Ibex de Jose María Losa

Alí nos proveyó de unos sacos de dormir para condiciones extremas y lo cierto es que eran magníficos, ya que, una vez dentro, costaba salir de ellos, aun a riesgo de no llegar a tiempo al baño, pero, finalmente, la cordura, a pesar del frío, nos hacía cometer una heroicidad e ir a la toilet, que estaba rondando los cero grados.

Me afectó, aunque mínimamente, el mal de altura y me dolió la cabeza durante la noche, eso sólo hizo que las ganas de que llegara la mañana se incrementaran. Por fin, el despertador sonó a las 07:00 horas en punto y me pertreché convenientemente para ir a cazar. Había nevado durante la noche y al salir al exterior el manto banco lo cubría absolutamente todo.

Íbices en la pared

Pakistan Ibex de Jose María Losa

Hicimos los grupos de caza, Pablo y Manel por un lado y Ali y yo, por el otro. Tras un opíparo desayuno, Pablo y Manel salieron para cazar en el pueblo anterior, Kanday. Nosotros salimos poco después, andando directamente desde el albergue y, al poco, divisamos el primer grupo de íbices formado por 16 animales, en el que destacaba un precioso macho. La distancia era mucha y empezamos a caminar hacia ellos.

La idea era llegar a una distancia de 400 metros de los animales y escondernos en un corral de yaks. Nos acercábamos utilizando las sendas que los pastores usan para llegar al ganado y los locales afirmaban rotundamente que, aun yendo a descubierto, no se moverían por estar acostumbrados a ver personas. Yo no lo veía claro; sin embargo, una vez más, estaban en lo cierto, a pesar de estar observándonos no se movían del sitio. Fuimos, todo el grupo, ya que en Pakistan se hace todo con, como mínimo, diez personas y llegamos a la pared del corral. La distancia a los íbices era larga, aunque no imposible; no obstante, la idea era acercarse más, pero, al hacerlo, perdíamos de vista a los animales por la inclinación del terreno. Decidimos regresar al corral e intentarlo desde allí. Probé varias posiciones tumbado; sin embargo, y por el acantilado donde se encontraban, meterlos en el visor era casi imposible._MG_3966

Buscamos otra posición de tiro y, finalmente, encontré una pared que me dejaba apoyar los dos codos y el cuerpo. Los metí en el visor y busqué al mayor de los tres machos que se encontraban en el grupo. Dudé entre dos, ¡ése no lo había visto antes!, salió de detrás de un matojo y era, en opinión mía, y con el asentimiento del guía local, Ghulam Ali –que me ‘cantó’ tenía más de 40 pulgadas–, el mayor de todos.

El susto del unicornio

Tras esa pequeña duda, me preparé y disparé. ¡Fallo!, muy bajo, me apuntaron por la espalda. ¡Joder!, con el nerviosismo me había olvidado de la torreta, pensé en ese momento, y acababa de tirar a 200 metros. Inmediatamente reaccioné y la puse a 500 metros, tiré y el animal acusó el tiro, pero siguió subiendo, eso sí, a una marcha más lenta que el resto de sus compañeros, que le esperaban… evidentemente, era el líder del grupo. Tiré de nuevo y fallé. Me preparé otra vez, ya que el animal estaba parado y no podía subir. Aguanté la respiración, aseguré codos y cuerpo y, lentamente, apreté el gatillo, se oyó el estruendo y el íbex se tambaleo. Le solté otro disparo y el animal cayó por el precipicio: 300 metros de caída y un violento golpe le llevaron a la base del acantilado para seguir rodando hasta la falda del pico, que ellos denominan Dolar peak.Pakistan Ibex de Jose María Losa

El grito de mis doce acompañantes fue unánime… y mi sentimiento extrañísimo, me entraron ganas de llorar, no sé si fue por ver esa mole de cien kilos caer a peso muerto, por conseguir un objetivo que veía inalcanzable o por otro motivo… pero alguna lágrima afloró en mis mejillas, ese sentimiento no lo tuve al abatir el íbex del Sindh. Abrazos y felicitaciones, mientras intentaba disimular mi flojera.

Sin perder tiempo, dos de mis acompañantes se dirigieron al lugar donde el animal había quedado. Llegaron hasta él… y el jarro de agua, muy fría, estaba servido. Gritaron algo en balti, lengua local, y el resto de mis acompañantes enmudecieron. Pregunté qué pasaba y me dijeron que un cuerno se había roto en la caída. Yo preguntaba si mucho o poco… pero me quedaba sin repuesta.

Vi a uno de los locales subiendo más, evidentemente buscaba el trozo de cuerno. Iba y venía, pero no encontraba nada; mientras, otros dos habían subido a ayudar al tercero a bajar el animal hasta donde nos encontrábamos nosotros. Al ver el íbex me di cuenta de por qué se habían quedado mudos: el cuerno se había roto en la base del cráneo o, mejor dicho, no había nada más que un cuerno. En ese momento me pasó por la cabeza todo el esfuerzo invertido para llevarme un unicornio, pero estaba todavía en ello cuando otro grito de la montaña hizo que mis acompañantes empezaran a reír: ¡habían encontrado el otro cuerno!

La caza es riqueza

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Sesión de fotos. En ese momento me di cuenta de que mis acompañantes se habían multiplicado, ¡eran más de 30! En cuanto oyeron los disparos, empezó una peregrinación desde el pueblo.

Íbamos bajando hacia el albergue e iban apareciendo niños, padres y más gente, todos ellos venían a saludarme… sonaron las campanas del colegio y una horda de niños apareció: se habían enterado que había dado unas chocolatinas a dos de ellos y todos venían a pedir su premio.

Me extrañó tanta algarabía y Alí me explicó por qué. La Ley de Caza paquistaní prevé que el 80% del importe de los permisos vaya destinado a la comunidad donde se caza, y debe, además, reinvertirse únicamente en salud y educación dentro de la propia comunidad. No puedo asegurar que se cumpla en todas las provincias, aunque la ley sea nacional, pero sí puedo asegurar, por las manifestaciones de los lugareños, que en la provincia de Gilgit-Baltistan sí se cumple.

Llegamos al albergue y ya éramos una procesión. Fui a buscar las chocolatinas y les di una a cada uno de los niños que se acercaban, todos se iban contentos con su premio.

Intentamos saber de Pablo y Manel, pero las noticias eran escasas. Decidimos bajar hasta el pueblo donde ellos se encontraban y vimos la entrada que estaban haciendo. No tuvo la misma suerte que yo, disparó, también largo, pero las bala no encontró buen destino, con lo que tuvieron que bajar de la montaña. El frío arreciaba y nosotros habíamos vuelto al albergue, les esperamos para cenar y jugamos un siete y medio que Ali aprendió inmediatamente. Pakistan Ibex de Jose María Losa

Nos fuimos a la cama, el frío era intenso y al despertarnos, en las ventanas, pero por el interior, había un dedo de hielo. Fuimos a desayunar y a despedir a Manel y a Pablo que se iban a una zona de caza nueva para intentar un nuevo lance.

Yo decidí dedicar la mañana al aseo personal, complicado en estas latitudes. Mi ducha era un barreño de agua calentada al fuego, con un cubito para echarme el agua por encima, en el suelo del baño y con dos calentadores de butano, precedidos de sus dos metros de manguera y sus bombonas, una para el baño y la otra para la habitación.

Una vez listo, y mientras tomábamos un té con leche, nos llegó la noticia de que Manel había cazado un buen íbex. Al cabo de un rato llegaban Pablo y Manel y nos contaban su aventura: estaban recechando un grupo de íbices, cuando Pablo se dio cuenta de la presencia de un magnífico macho en la ladera opuesta. Entre los árboles fueron esquivando la mirada del animal para meterse a 300 metros y desde ahí Manel se hizo con él.

Era más pequeño que el mío en cuerpo, pero le superaba con creces en trofeo, simplemente espectacular, y si bien era un poco más fino en las bases, la longitud era bastante mayor, 7,5 cm, que hacían que en la puntuación del animal superase la del mío, sin embargo… si alguien se merecía un trofeo así era él.

Venían empapados por la nieve y, tras una comida rápida y las consiguientes fotos y reparto de chocolatinas, empacamos rápidamente para volver a Skardu, los caminos con la lluvia y la nieve estaban empeorando por momentos y cualquier vehículo podría atrancarse y dejarnos en la montaña un par de días más.Pakistan Ibex de Jose María Losa

Hicimos parada en Kanday para bajar a un enfermo hasta Skardu. A la llegada fuimos al hotel donde habíamos estado hospedados para saber si al día siguiente podíamos volar o por el contrario iniciar el descenso en coche hasta Gilgit, y de ahí a Islamabad al día siguiente.

Las noticias no fueron buenas y nos dirigimos a Gilgit a pasar la noche donde llegamos a eso… a dormir. Tras una cena típica, nos fuimos a la cama en espera de que las nuevas cambiasen para volar desde Gilgit… pero tampoco. Nos esperaban quince horas de coche para alcanzar Islamabad, no sin antes parar a tomar un té con leche con un poco de comida típica.

Conseguimos, sin embargo, llegar a Islamabad antes de lo previsto y pudimos cambiar el vuelo tras realizar las pertinentes compras para la familia. Otra gran aventura que permanecerá siempre en nuestro recuerdo y que he intentado transmitir fielmente en este relato.

Pakistan Ibex de Jose María Losa

 

 

 Por José María Losa / SCI Catalunya Chapter   

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