La caza del duiker gris, común o Southern bush duiker

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Semper aliquid novi ex Africa (Siempre aprendemos algo nuevo sobre África), Antiguo proverbio romano.

El duiker gris (Sylvicapra grimmia grimmia), también es conocido como duiker común (aunque a mí personalmente no me parece nada apropiado el nombre) e igualmente reconocido en lengua inglesa como Southern bush duiker (nombre a mi modo ver mucho más correcto que el anterior) mientras que por otros recibe el nombre de Grimm´s duiker. Nos encontramos con la especie más extendida a lo largo del África del Sur dentro de las tres especies de duiker que pueblan estas tierras. Se encuentran distribuidos por la mayor parte de Sudáfrica, Namibia, Botswana, Zimbabwe, Mozambique, Zambia y Malawi junto, con el sureste de la República del Congo.

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Si buscamos el origen de su nombre, lo encontramos en vocablo holandés duik utilizado también en la lengua afrikáans. Éste hace referencia a la forma que nuestro protagonista de oculta al ser molestado, sumergiéndose literalmente en la espesura del sotobosque en el que habita.

Su nombre científico procede de la unión de dos palabras latinas como son, por un lado, silva, la cual significa madera o arbusto, y capra, que da nombre al ganado doméstico. Es por eso que el pueblo luso siempre ha referenciado a esta especie con el apelativo de cabra do mato.

Dentro de la familia de los bóvidos, nos encontramos con la subfamilia Cephalophinae la cual incluye tres géneros que engloban a los diferentes duiker que pueblan África.

Es curiosa la diferenciación que se produce, en cuanto al género se refiere, cuando hablamos del duiker de matorral o bush duiker (género Silvicapra) frente a otros duikers reconocidos bajo el género Cephalopus como pueden ser, por ejemplo, el duiker azul (Cephalopus montícola) o el duiker de espalda amarilla (Cephalopus silvicultor).

La mayor parte de los científicos y estudiosos de la especie afirma que sólo los machos son portadores de cuernos, en contraste con los casos del duiker azul o el duiker rojo donde los ejemplares de ambos sexos son portadores de pequeñas defensas.

Todo esto contrasta con lo que hace poco tuve la oportunidad de leer. Se trataba de un artículo del cazador profesional Hilton Gary Sanders escrito para la revista African Outfitter en el que afirmaba que un amigo suyo (el cazador profesional y organizador de cacerías, Jacques Senekal) había abatido un duiker medalla de oro con un cliente, que al ser observado concienzudamente una vez abatido, resultó ser una hembra. Todo esto ocurrió cerca de la ciudad de Linchtenburg en la Provincia del Noroeste (Sudáfrica).

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Siendo principalmente ramoneadores, el delicado duiker no hará ascos a la más diversa alimentación, desde flores y materia vegetal hasta huevos de pájaros terrestres, polluelos, ratones o lagartijas, lo que llevan a considerarle como una especie omnívora.

Uno de los distintivos anatómicos de este pequeño antílope es la existencia de unas prominentes glándulas preorbitales que les dan un aspecto relativamente poco atractivo. Estas glándulas son órganos que producen secreciones olorosas que el animal suele utilizar para marcar sus territorios. Las mismas se extienden desde la parte inferior del globo ocular formando una pequeña concavidad de unos diez centímetros a ambos lados de la nariz. Segregan un fluido semiviscoso que contiene feromonas, que da información a otros congéneres sobre el estatus de un individuo.

Es una especie solitaria en la que los machos sólo permanecen junto a las hembras en la época de celo, que puede tener lugar en cualquier época del año.

El papel que representa esta especie en la pirámide trófica alimenticia vendría de alguna manera a asemejarse al de nuestro ‘popular’ conejo de monte y es que, al igual que ocurre con el Oryctolagus cuniculus en nuestra Piel de Toro, este pequeño antílope es la base del alimento de especies como el caracal, el chacal, el gato montés africano, los molestos babuinos, leopardos, serpientes, como la pitón, y un sinfín de águilas de variados tamaños.

Dependiendo del área geográfica donde habiten, nos podemos encontrar con diferentes tonalidades en su fina piel. En el caso de países como Namibia o zonas de Sudáfrica como el Limpopo, el Free State o Kwazulu-Natal, predominan los colores grises y el marrón claro.

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Resulta reseñable la singular coloración que se da en los individuos que pueblan el Eastern Cape (Sudáfrica) donde los animales tiñen su pellejo de un color marrón chocolate oscuro.

En otros lugares como la provincia de North-West, en Sudáfrica, nos encontraremos con animales con coloraciones amarillas-rojizas y una marcada mancha negra de forma piramidal en su hocico.

Tímido y esquivo por naturaleza, ante cualquier síntoma de peligro el duiker suele reaccionar de dos formas. En el caso de que no localice la fuente del mismo, optará por quedarse inmóvil aprovechando su camuflaje o tumbarse en la espesura ocultando por completo su  cabeza. Si el peligro se presenta más directo, emprenderá su huida siguiendo una trayectoria generalmente zigzagueante con alguna parada intermitente de escasos segundos hasta perder de vista al elemento perturbador que le tiene alerta.

Debido a su capacidad de adaptación y a que toleran relativamente bien la presencia humana, son claras víctimas del furtivismo año tras año. El método más utilizado es conducir de noche con un foco en las inmediaciones de las grandes ciudades o lugares, como jardines, plantaciones o suburbios metropolitanos.

Su carne es sabrosa y apetecible tanto si la hacemos a la plancha o en barbacoa como si se improvisa un sabroso ragout o estofado con su suave carne cortada en pequeños dados. Bien es verdad que, al tener el duiker una dieta omnívora, hay mucha gente a quien no agrada su sabor, especialmente la que pertenece a individuos abatidos en las cercanías de pueblos y ciudades.

Técnicas de caza

El duiker gris es una de esas especies que podríamos englobar en el apartado de ‘muy comunes’ durante nuestras aventuras africanas, sobre todo en el sur de aquel continente con forma de corazón. Cosa diferente es intentar encontrar uno de esos machos de largos y afilados cuernos al que podamos dar la clasificación de ‘gran trofeo’.

Y es que, a pesar de la fertilidad de la especie, encontrar animales más que representativos es harina de otro costal. Bien lo sabe el gremio de los arqueros, los cuales valoran en su justa medida la importancia de un gran trofeo de duiker que, para el cazador de rifle, generalmente no suele ser un ‘objeto de deseo’.

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Su caza podría enclavarse dentro de esta serie de modalidades o situaciones:

•Encuentros fortuitos: una gran mayoría de duikers se cazan cuando nos encontramos buscando especies de porte, teóricamente, ‘más distinguido’. En otras ocasiones, como suele ocurrir muchas veces en este maravilloso mundo de la caza, tendremos que dejar de lado un fabuloso trofeo por andar detrás de otro objetivo de porte mayor.

Hace ya varios años me encontraba de caza en Damaraland (Namibia) con la intención de cazar el leopardo y la hiena marrón. En una de las soleadas tardes de espera junto al cebo, el astro rey ya se había ocultado por completo en el horizonte y nuestra charca era objeto de continuas visitas de diferentes antílopes como órices, kudus o impalas.

En esa bella tarea de observación andábamos cuando, de un pequeño matorral, apareció un macho de duiker. Era un animal realmente bonito con un trofeo que sobrepasaba sus orejas con creces. El profesional me miraba con cara de incredulidad preguntándome sin palabras qué quería hacer. En aquel momento, en el caso de disparar, echaríamos por tierra nuestro trabajo de preparación del cebo, por lo que decidí dejar de lado aquella oportunidad irrepetible.

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Era nuestra novena jornada de espera y, en aquella ocasión, la fortuna se alió con nosotros, ya que, a medianoche, pude abatir un gran macho de hiena marrón que acudió sigiloso como un espectro a visitar la carne de impala que tenía aquella noche en su menú de cena.

•Recechos al atardecer: al ser nuestro protagonista de hábitos nocturnos o crepusculares, suele resultar en ocasiones exitoso el recechar a pie zonas de pastizales u otras querenciosas donde suelan moverse estos curiosos bóvidos. Disfrutaremos de su caza y avistamiento, ya que aparecerán y desaparecerán en el horizonte como si se tratase de nuestro corzo, haciendo que la jornada vespertina venga salpicada de lances rápidos que aceleren el latir de nuestro corazón.

•Esperas a primeras horas del día: con la noche todavía presente partiremos para el lugar elegido utilizando un promontorio natural o artificial para comenzar con nuestra labor de observación del entorno. Charcas o zonas de labor pueden ser buenos lugares para intentar encontrar individuos sumidos en labores alimentarias o de búsqueda de encames para pasar el día descansando.

•El reclamo: aunque este método, es poco conocido para el caso del duiker gris, al contrario de lo que ocurre con sus primos de foresta (como en el caso del azul o de espalda amarilla, por poner un ejemplo), bien es verdad que se sigue usando en algunos lugares con resultados sorprendentes, ya que los machos se muestran curiosos ante ruidos o sonidos que se asemejan al de un congénere u otro animal herido. Como en los casos anteriores, deberemos tener presente la dirección del viento y buscar ubicaciones que nos permitan pasar desapercibidos en sus dominios.

Curiosidades a tener en cuenta

•Debemos prestar mucha atención a la visualización de una hembra, sobre todo en el caso en que nos hayamos decantado por una espera en algún lugar que nuestro profesional tenga constancia de que es querencioso. No son pocos los casos en que, al igual que pudiera ocurrir con un ibérico corzo, al cabo de un largo rato de observación, nuestros prismáticos se ‘sobresaltan’ al enfocar un nuevo animal en este caso con cuernos. Esto es debido a que, aunque la damisela se encuentre descansando o careando sola, siempre habrá algún macho merodeándola en busca de favores amorosos.

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•Otro detalle interesante tiene que ver con su alimentación. No pocos duikers han sido sorprendidos en los jardines de casas de campo degustando lo que para ellos es un auténtico manjar: los capullos de rosa. En lugares donde son abundantes, resultan un auténtico tormento para las mujeres de los granjeros que ponen todo su esmero en mantener su jardín lo más florido y hermoso posible. En alguna que otra ocasión pueden ver con buenos ojos que intentemos ahuyentar a tan molesto visitante.

•Debemos recordar que, al ser muy territoriales, una buena medida sería preguntar a los lugareños del lugar donde estemos cazando acerca de sus avistamientos (aunque esta tarea la lleva a cabo el profesional que nos acompañe).

•Aunque la caza nocturna con el uso de la luz sea, sin lugar a dudas, el mejor método para descubrir a este pequeño morador de sabana, debemos prestar mucha atención a la normativa que exista en la zona sobre la materia.

Independientemente de este asunto, no me parece la caza más ética para una especie a la que podemos enfrentarnos durante una jornada habitual dentro de uno de nuestros días de caza en el continente negro.

No obstante, si nos ofrecen ‘farear’ y esto está permitido, descubriremos la belleza de la vida nocturna africana y observaremos múltiples pares de ojos verdes reflectantes ante la luz del foco.

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•La actividad de estos pequeños ungulados durante el día va a depender, y mucho, de factores como puedan ser las condiciones meteorológicas (con días nublados se pueden producir
avistamientos, incluso a horas centrales del día), de la fases lunares (la luna llena suele jugar en nuestra contra), de la densidad que haya en nuestra zona de caza y, por supuesto, de la presión que se ejerza sobre esta especie.

Recuerdo una anécdota que me ocurrió en Zimbabwe hace ya algunos años. Habíamos contratado un safari donde uno de los animales objeto de búsqueda era el duiker. Después de ocho días de caza prácticamente ininterrumpida, no conseguimos ver ni un solo macho (ni joven ni maduro).

Era tal la presión que se había ejercido sobre ellos, que las hembras de la zona se encontraban viudas hacía ya algún tiempo. Por mucho que pasáramos tiempo observándolas, no había manera de localizar algún galán de la zona.

•A pesar de que su sentido de la vista es más bien pobre, éste es compensado con unos agudos sentidos del oído y olfato, por lo que nuestras aproximaciones deben ser lo más sigilosas posibles y siempre teniendo el aire frente para evitar ser descubiertos frustrando nuestro rececho.

•Una observación interesante tiene que ver con la forma que estos animales huyen al ser descubiertos. Si la suerte nos lleva a descubrir un buen macho digno de un lance y éste nos descubre saliendo a fuga, una medida que nos puede acercar al éxito es esperar unos minutos de rigor e intentar de nuevo su localización y disparo. El macho normalmente no correrá muy lejos y, posiblemente, se encame en lo más espeso del bush o del pasto.

Cazando en Kimberley junto con mi buen amigo Fernando, conocimos a otro cazador español que visitaba los mismos cazaderos que nosotros en aquel momento.Uno de los días, al regresar a nuestros cuarteles generales y acudir a ver los trofeos obtenidos en la sala de evisceración, observamos con asombro un macho de duiker de trofeo masivo cazado por nuestro compañero.

El hablar con su cazador profesional nos comentó que el lance había sido realmente increíble. En la concesión a la que habían acudido sólo tenían el permiso para tirar un eland, pero, al circular por uno de aquellos arenosos caminos, el profesional descubrió aquel pequeño ‘monstruo’ oculto en un pastizal.

El animal les descubrió al parar el coche y desapareció en aquel mar espigas de color oro. Tuvo entonces el guía que llamar por teléfono al propietario de la granja para pedirle una autorización especial para poder intentar dar caza a aquel supertrofeo.

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Una vez obtenida, reanudaron la búsqueda y encontraron al animal a escasos cincuenta metros de donde lo perdieron y, como habéis podido leer con anterioridad, el final de la historia se escribió con letras de plata.

Medición del trofeo

Un macho se puede considerar maduro o apto para su caza cuando alcanza los cinco o seis años de edad. Existen una serie de criterios que nos pueden ayudar a determinar la madurez del animal como pueden ser:

•Longitud de los cuernos: como regla general, podemos decir que animales que porten defensas del tamaño de sus orejas pueden ser considerados como machos representativos.

Para hacernos una idea de la longitud de cuerno, podemos establecer que las orejas de nuestro pequeño ungulado oscilan entre los 11,5 y 12,5 centímetros (unas 4 ½ o 5 pulgadas).

Por otro lado, la distancia desde el hocico hasta la base de los cuernos suele ser de unos 14,5 centímetros (5 ¾ pulgadas).

•Existencia de cuernos rotos: los machos con defensas rotas suelen ser animales viejos que se las fracturaron con algún golpe al huir de algún depredador o durante alguna pelea con otros machos de la especie.

•Grosor del cuerno: cuando nos encontramos con animales de bases anchas, se nos muestra como otro claro exponente de la edad del mismo.

Juzgar un trofeo de macho de duiker es relativamente sencillo si podemos ver el animal adecuadamente. Esto suele ocurrir en no muchos casos, ya que éste tiende a estar oculto en la espesura o a emprender una desordenada carrera que hace que no tengamos mucho tiempo para valorar su trofeo.

Debemos aprovechar ese momento en el que este pequeño antílope para con el objeto de observar si su perseguidor se ha alejado para determinar, siempre con el consejo y la autorización del cazador profesional, si merece la pena intentar abatir el mismo.

El Libro de los Récords del Rolawd Wards establece un mínimo de 4 ½ pulgadas (unos 11,5 centímetros) para poder figurar en el mismo, estando el actual récord en 7 1/8 pulgadas.

Por su parte, el Safari Club Internacional requiere una puntuación total de 11 pulgadas (28 centímetros) para poder figurar en su prestigioso registro.

Colocación del disparo

Los tiros de paleta realizados por calibres de los que podríamos denominar ‘relativamente lentos’ suelen ofrecernos óptimos resultados.

Como hemos comentado, se trata de un animal sencillo de derribar, aunque debemos mencionar algunas observaciones interesantes.

Si pretendemos naturalizar nuestro trofeo de pecho o incluso entero, retrasaremos algo la zona de disparo, aun a expensas de que pueda ocurrir lo que he comentado en el apartado anterior.

En caso contrario, puede sucedernos que, al tocar hueso, el proyectil nos haga un destrozo en su delicada piel debido al orificio de salida del mismo.

Es por eso que siempre que puedo evito la utilización de calibres mágnum, como puedan ser el 7 mm o el .300 con sus diferentes ‘apellidos’. CyS

 

EQUIPO PARA LA CAZA DEL DUIKER GRIS

Al tener su hábitat en zonas de matorral espeso, necesitaremos munición que pueda atravesar ese bush y alcanzar nuestro objetivo sin que se produzca un fraccionamiento de la punta. Es por ese motivo que los cartuchos del calibre 22 no figuran entre mis preferencias, a pesar de haberlos utilizado en varios pesos y modelos.

Soy más partidario del uso de calibres más pesados, como pueden ser el .243 Remington o el .270 Winchester. Con ellos, y eligiendo la punta adecuada, podremos realizar disparos que aseguren una buena penetración a través de la espesura.

Por otro lado, no son pocos los duikers que se abaten con el polivalente .375 H&H. Sus potentes proyectiles harán un gran trabajo produciendo la muerte instantánea del animal en las más diversas situaciones.

A pesar de encontrarnos ante un antílope pequeño, éste nos sorprenderá en alguna ocasión con una dureza prodigiosa para su menuda talla.  Rememorando un lance vivido en Kimberley hace ya tres años, nos encontrábamos buscando duikers en un gran pastizal a última hora de la tarde. El paisaje era totalmente idílico para esta clase de rececho y cada paso se centraba en un intento de descubrir un buen trofeo.

En un momento determinado y como si se tratara de un conejo, un macho representativo se desencamó a escasos metros de nosotros, emprendiendo una loca carrera hasta llegar a un arbusto solitario. Allí permaneció oculto intentando pasar desapercibido. 

Con ayuda de la óptica, mi profesional logró valorar el mismo de forma rauda y, como consecuencia, le envíe un ‘burofax’ en forma de punta de 135 grains

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 lanzado desde, en aquel safari, un Sako de calibre .270 Winchester.

Como tenía la intención de hacer de pecho aquella preciosidad, coloqué la cruz del visor justamente en el centro del mismo, pensando que sería más que suficiente para derrumbarlo.

Cuál sería mi sorpresa cuando, a pesar de acusar claramente el disparo, el pequeño antílope desapareció en aquella inmensidad de color oro. Nuestros intentos de búsqueda fueron infructuosos, ya que la noche se nos había echado encima, por lo que dejamos aquella tarea para la jornada siguiente. No podía entender cómo un animal que no sobrepasa los trece kilos podía soportar aquel impacto. Mi preocupación era palpable, ya que era consciente de la abundancia de depredadores que merodean en la noche africana, desde el omnipresente leopardo, pasando por las hienas hasta los durísimos tejones africanos o honey badgers. 

A la siguiente mañana acudimos al lugar de los hechos reanudando nuestra tarea a unos cincuenta metros de donde se produjo el lance. La sangre era mínima, ya que se trató de un disparo en caja del estómago. 

El resumen de todo esto que, increíblemente, nuestro trofeo había avanzado casi ciento cincuenta metros con el estómago prácticamente colgando y, al enfriarse, obviamente, había muerto. Aquí tenemos otro claro exponente que muestra que los animales africanos están hechos de otro material diferente al de los cérvidos europeos.

Es de vital importancia la utilización de una buena óptica de, al menos, campana de 50, ya que en la mayoría de las ocasiones nuestros lances tendrán lugar en condiciones mediocres de luz. En lo que se refiere a aumentos del mismo, los disparos no suelen sobrepasar los cien metros, por lo que un visor con seis aumentos será más que válido para nuestra empresa. 

Por Alfonso Mayoral

 

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