Springbok. Saltando bajo el sol ecuatorial

«África definitivamente te enseña paciencia, tolerancia, a vivir despacio
y a no darle importancia las cosas que no la tienen».
José Manuel Rodríguez Ortí,
de su libro ’25 días en Mozambique. Diario de Caza’.

Nuestro protagonista es, por nombre propio, uno de los animales emblemáticos dentro clásico ‘safari de iniciación africano’. Estas gráciles gacelas de color blanco y café, son las principales moradoras de las grandes extensiones abiertas del sur de África, encontrándose distribuidas por países como Namibia, Botsuana y Sudáfrica.

Sus cuernos anillados, con una punta de gancho que se curva hacia dentro, representan un bello trofeo que hará los deleites tanto de experimentados como de noveles cazadores.

Tal ha sido su importancia a lo largo del tiempo en aquellas alejadas tierras que nos encontramos ante el símbolo nacional de las minorías blancas sudafricanas durante el siglo XX. Los equipos deportivos de este país recibieron el sobrenombre de springboks hasta que la ‘mayoría negra’ fue ejerciendo una importante presión para que esta denominación cambiase, al no verse representada por el mismo.

Sellos de correos sudafricanos con la imagen del sprinbok.

Fue Nelson Mandela quien, una vez abolido el apartheid, luchase por que el equipo nacional de rugby mantuviese el citado sobrenombre como acto de reconciliación entre pueblos, ya que la mayoría de sus practicantes eran de etnia blanca.

La especie fue descrita por primera vez como Antilope marsupialis en 1780 por el profesor alemán Eberhard August von Zimmermann (provincia del Cabo en Sudáfrica). En 1845 sería el zoólogo sueco Carl Jakob Sundevall, quien otorgara a este animal el género Antidorcas como único exponente del mismo.

En 2013, la profesora de la Universidad de Cambridge Eva Verena siguió avanzando en el estudio de la tribu Antilopini concluyendo que tanto este como sus primos el gerenuk (Litocranius walleri) y el saiga (Saiga tatarica) tienen una estrecha unión taxonómica.

Algunas de las principales divergencias entre springboks y gacelas son que éstos tienen dos premolares en ambos lados de su mandíbula, mientras que las gacelas portan tres (28 dientes en total para los primeros, mientras que las segundas tienen 32). Por otro lado, el caballete nasal de los primeros es mucho más largo, ancho y rígido que en las gacelas, recubierto de mucho más músculo en la zona de las mejillas. También existen diferencias en cuanto a la estructura de los cuernos (el caso de las gacelas nos encontramos con estructuras de cuernos sólidas y los sprinboks posen unas defensas huecas).

Pero si hay algo que caracteriza claramente a este grácil animal es su conducta, que en el mundo anglosajón se ha conocido con el nombre de origen afrikáans pronking. Se trata de sus característicos saltos que pueden llegar a los dos metros de altura, en los que arquean la espalda dejando ambas patas completamente estiradas hacia abajo. El origen de este comportamiento es desconocido, aunque siempre se muestra cuando están excitados o nerviosos. La teoría más aceptada es que tiene lugar para intentar evadirse de sus depredadores creando confusión en los mismos.

Fueron muy famosas sus migraciones anteriores al siglo XX, en aquellas épocas en las que no existían barreras humanas, recibieron el nombre de trekbokke y tuvieron lugar en las áreas del Karoo, Namaqualand y el Kalahari. En ellas, millares de animales recorrían grandes distancias en busca de los mejores pastos produciendo grandes destrozos en la vegetación. Una de las más famosas y referenciadas tuvo lugar en el año 1896, cuando más de 500.000 ejemplares transitaron las cercanías de Karree Kloof en un rebaño que ocupó una superficie estimada de 138 por 15 millas.

Debido a esto, fueron muchos los granjeros que comenzaron a vallar sus propiedades para proteger sus pastos y sus ovejas. Igualmente se comenzó a ejercer presión sobre la especie a través de la caza para comerciar con su fabulosa carne y su limpia piel.

El origen científico de su nombre, Antidorcas marsupialis, se compone de dos palabras, la primera de origen griego y hace referencia a ‘anti’ (opuesto) y ‘dorcas’ (gacela) para dejar claro que no nos encontramos ante una gacela. El epíteto marsupialis procede del latín marsupium (bolsillo o bolsa) y está relacionado con las dos bolsas o pliegues de piel situados a lo largo y a ambos lados de la línea superior de la parte trasera del lomo y de las ancas.

Cresta postmortem que se aprecia unos momentos tras abatir a los springboks. Ambos sexos son portadores de cuernos aunque los machos los tienen más gruesos, largos y más curvados.

Las diferencias de tamaño y trofeo están estrechamente relacionadas con la genética y la alimentación. Si a esto unimos que en los lugares donde estos animales conviven con el ganado, siempre tendrán menos disposición de pasto, y el hecho de que en estas zonas, tras décadas de intensa presión para producir carne, generalmente se tiraba a los animales más grandes, hace que en zonas como el Karoo estos animales sean más pequeños, en general. Ante esta situación y con una incipiente industria cinegética, algunos propietarios de fincas en la zona, como Julian Theron, propietario de Jules of the Karoo y un auténtico especialista en la cría de grandes trofeos, decidieran hace décadas importar animales del Kalahari, aportando igualmente una mejor alimentación logrando criar animales portadores de impresionantes trofeos.

Tenemos que tener en cuenta que su número se vio gravemente reducido a comienzos del siglo pasado por su caza indiscriminada y después de una serie de brotes de peste bovina que asolaron sus poblaciones. Como comenta Kevin Robertson en su libro el Tiro perfecto: «Los dedicados esfuerzos de conservación de la actualidad, alimentados por una lucrativa industria de la caza, aseguran hoy que esos springboks existan en número impresionantemente alto en la mayor parte de esta nación tan rica en caza».

Consideraciones sobre la especie

«El springbok tiene la capacidad de satisfacer sus necesidades de agua de los alimentos que consume, por lo que puede sobrevivir sin agua durante la estación seca».

Es endémica de zonas áridas y semiáridas del sur de África. Los encontraremos en zonas de sabana abierta y seca junto con zonas de matorral y pasto en los ecosistemas del Kalahari y del Karoo. Igualmente, gustan de zonas de charcas salinas, áreas ricas en minerales y cauces secos de ríos.

De hábitos diurnos, utilizan las primeras horas de la mañana para alimentarse, descansando y rumiando en zonas sombreadas durante el centro del día.

Son tanto pacedores como ramoneadores ,dependiendo del hábitat en el que vivan, prefiriendo la hierba corta con matorrales y arbustos. Muy selectivos, comerán la mejor vegetación disponible que la naturaleza les ofrezca. 

Aunque no son dependientes del agua ni para su supervivencia ni para su distribución, beberán diariamente siempre que tengan acuíferos disponibles. El springbok tiene la capacidad de satisfacer sus necesidades de agua de los alimentos que consume, por lo que puede sobrevivir sin agua durante la estación seca e, incluso, según algunos estudios, durante años. Logra esto mediante la selección de flores, semillas y hojas de los diferentes arbustos antes del amanecer cuando se recoge en ellas la humedad de la noche.

Concebidos para ser la despensa de los depredadores, serán víctimas de leopardos, guepardos y hienas. Un curioso estudio realizado en el Parque Nacional de Ethosa (Namibia) en el año 2004 demostraba que en aquella zona los springboks eran la pieza más común para los leones, representando casi el 60% de su dieta. Por otro lado, animales como los chacales, caracales y águilas de gran tamaño depredan frecuentemente sobre sus crías. Incluso las poderosas pitones son capaces de degustar tan apreciado y pequeño manjar.

Un individuo adulto representa un duro adversario para los depredadores, no estando al alcance de todos ellos por su agilidad y fuerza alcanzando velocidades entre los 82 a 89 km/h.

Algunos estudios asociados a este esbelto herbívoro revelan que los individuos del borde de los rebaños se mostraban inconscientemente más cautos que sus congéneres del centro y que, conforme aumentaba éste de tamaño, sus miembros se encontraban mucho más confiados centrándose en sus labores de alimentación y descanso. Los machos adultos son claramente territoriales durante la época de celo protegiendo territorios que oscilan entre 25 y 75 hectáreas. Marcarán su territorio a través de diferentes cagarruteros defendiendo ferozmente éstos.

Las hembras adquieren su madurez sexual a los 7 meses de vida mientras que los machos lo hacen a los dos años. La gestación dura seis meses, alumbrando la hembra un único choto con pesos entre los cuatro y los cinco kilos. Los nacimientos tendrán lugar en su mayoría durante la primavera (de octubre a noviembre) escondiendo la hembra a su vástago durante las primeras cuatro semanas de vida para incorporarse ésta al rebaño.

Su sentido del olfato es superlativo detectando a sus depredadores (incluido el hombre) a grandes distancias. A éste le acompañan una vista y oído realmente excelentes. La caza ética de este tipo de antílopes es para muchos profesionales de las más retadoras. Sus sentidos, junto con su sistemática desconfianza, hacen que sea un rececho de máxima dificultad, sobre todo en zonas abiertas.

Su carne es considerada como la mejor dentro de toda la subfamilia Antilopinae. En 2011, el comercio de carne de springbok junto con la de órix y kudu, representaba más de 2/3 de la producción de carne de caza en Namibia y Sudáfrica. Su canal representa aproximadamente el 56% de su peso total. Su carne se puede encontrar en prácticamente cualquier supermercado sudafricano. Preparada guisada o como biltong representa un auténtico manjar.

Subespecies

Se reconocen actualmente tres subespecies de gacelas saltarinas o springboks:

Antidorcas marsupialis hofmeyri, conocida como springbok del Kalahari (Thomas, 1926): habita las tierras de Namibia y la región del desierto del Kalahari en Botsuana. Suele ser el más pálido de color. Porta unos cuernos más grandes y su cuerpo puede llegar a ser un 30% más voluminoso que su pariente del Karoo.

Antidorcas marsupialis angolensis o springbok de Angola (Blaine, 1922): morador del desierto de Mossamendes en el sureste del país.

* Antidorcas marsupialis marsupialis o sprinbok de Sudáfrica (Zimmermann, 1780), que se extiende desde el noroeste del Cabo de Buena Esperanza hasta las tierras del Free State y Kimberley.

Variaciones de color

Fue a mediados del siglo pasado, con el auge de la caza, cuando los ranchos privados sudafricanos comenzaron a trabajar potenciando estas nuevas coloraciones entre sus animales. Sabían que si un individuo común les hacía ganar x dólares, cualquiera de las diferentes nuevas coloraciones les proporcionaría el triple o el cuádruple de ingresos.

Springbok negro: este hermoso animal de coloración marrón chocolate, con unos tonos negros en cada uno de sus flancos, muestra una marcada mancha blanca en su cara que le aporta un bello contraste cromático (en alguna rara ocasión se ha dado el caso de animales con rostros totalmente negros). La primera referencia que se tiene de esta coloración data de un ejemplar de 1886.

En un interesante artículo de Peter Flack que recibía el nombre de Springbok Slam nos hablaba de la teoría clásica sobre este animal en el Libro de Records del Safari Club Internacional, edición VII, capítulo I. En contra de ésta, él había quedado totalmente fascinado por un artículo científico escrito en 1994 por Alex McDonald que recibía el título de El springbuck negro: el príncipe de la corona del Karoo, en el que se rebatía claramente esta aceptada teoría. Comentaba: «(…) El doctor Courtney-Latimer, en ese momento curador del East London Museum (…)  junto con el biólogo Boeta van der Merwe, en un estricto estudio sobre su cría en el que concluían que el springbuk negro era diferente al springbok común en algunos aspectos (…). En sus conclusiones afirmaban que las diferencias entre ambos eran mayores que las que existen entre blesbok y bontebok, los cuales son considerados como dos especies totalmente diferentes, que provenían de hábitat originariamente distintos».

Flack, siguiendo esta teoría, consideraba que, basado en sus propias experiencias y sin ningún rigor científico, el springbok negro difería del común por ser el primero más grande, vigoroso y fuerte.

Springbok blanco: muestra una pellica de color blanco nieve que le hace fácilmente localizable en la lejanía. Aquí no se trata de un albinismo, por lo que estos animales no poseen ojos de color rosa y sí una pigmentación normal.

Dependiendo de la época del año, su piel puede adoptar tonalidades diferentes de blanco, dándose los colores más puros en los meses del verano austral (de noviembre a febrero). Por otra parte, sus cuernos pueden varias de color entre un marrón pálido hasta un negro azabache.

Las primeras noticias que se tienen de esta coloración nos llevan al Eastern Cape, aparecido allí de forma natural por un gen regresivo. Especialistas en la especie como Harry Parks y Julian Theron afirmaban que, aunque no se podía precisar la fecha, el primer individuo del que se tiene constancia se dio en Pearston.

* Springbok cobre: actualmente la más apreciada de todas las coloraciones.

El primer caso de este tipo de coloración nos lleva a la década de 1980 con un animal criado en Koffiefontein (Orange Free State).

Actualmente se está reproduciendo con éxito, basado en que es la única de las variaciones de color en la que se crían animales de esa misma capa desde la primera generación, esto es, si juntamos una hembra y un macho de esta variación nos darán un choto de esa misma pigmentación, a diferencia del resto de coloraciones que necesitan una segunda o tercera generación que críe.

Según algunos de los granjeros criadores de esta coloración cobre estos animales son mayores que sus hermanos comunes de la zona del Karoo y el Free State, creyendo que se debe a los genes originarios de las grandes migraciones (trebokke) que se dieron en aquellas zonas.

Consejos para enfrentarnos a su caza

Las tierras de Damaraland en Namibia siempre han sido legendarias por sus fabulosos trofeos de esta especie. Junto a éstas destacan las áreas del Karoo y el Free State, en Sudáfrica, en las que se ha venido trabajando en la mejora genética de la especie a través de animales provenientes de las mejores líneas de sangre.

* En lo que a calibres para su caza deportiva, podrían comenzar por el .223, aunque éste se vea muy influido por el viento cuando tiramos, como suele ser lo común con esta especie, a larga distancia. Sus pequeñas puntas de 55 grains sufren de lo lindo con la fuerza de Eolo.

Tal vez sea éste uno de los pocos casos dentro de la caza africana donde me decanto por los calibres magnum, como es el caso del .270 WSM y el .300 WM. Aunque no me agrada su retroceso, reconozco, sin ser un experto, que son los que dibujan mejores trayectorias cuando sobrepasamos los 300 metros de distancia soportando a las mil maravillas la acción del viento.

* Los springboks no son especialmente resistentes, por lo que cualquier punta blanda colocada correctamente hará su trabajo de forma enérgica. Olvidemos puntas mixtas, que lo más normal es que traspasen a este animal de talla pequeña, produciendo daños e hiriendo otros animales dentro de la manada. Las puntas con un alto coeficiente balístico mantendrán mayor tensión minimizando el efecto del viento.

* Otro de los instrumentos fundamentales para su venatoria es el uso de un visor de calidad. Una buena opción podría comenzar en un 2,5 a 10 x 50. La campana de 50 hace su papel cuando cazamos con las primeras y últimas luces de la jornada.

Los amantes del tiro a distancia elegirán ópticas de incluso 18 aumentos para buscar disparos de auténtico sniper en aquellas llanuras interminables.

A su vez, la utilización de un medidor de distancia y muchas horas de práctica con nuestros equipos, nos serán de vital importancia para enfrentarnos a disparos por encima de los 300 metros.

Un buen apoyo, un buen bípode o unos bastones de tiro nos ayudarán sobremanera para alcanzar una buena posición de tiro

* En sitios donde estén muy cazados, suele ser común la utilización de rifles con cañones recubiertos de cinta camo para evitar los reflejos de los mismos. En aquellos espacios abiertos, el brillo del cañón se ve a leguas y siempre habrá unos ojos de inquieto springbok que puedan descubrir nuestra presencia.

* En la caza deportiva siempre suelo intentar tiros a la zona del corazón y los pulmones del animal. En el caso de este bóvido hablamos de una superficie de unos 14 centímetros por 14 centímetros. Sólo si nos encontramos muy seguros con nuestro equipo, intentaremos tiros de encastre de cuello.

Para muchos profesionales, el tiro de cabeza es totalmente desaconsejado por lo arriesgado del mismo, ya que las posibilidades de causar una muerte lenta y miserable al animal, sino se coloca la bala en su lugar exacto, son demasiado altas.

* Aprovechemos la territorialidad de los machos durante la época de celo. Si encuentras un buen trofeo en una determinada zona y has malogrado su rececho, no desesperes e inténtalo en jornadas venideras, ya que éste es seguro que frecuentará esa misma zona.

* Para cazar este animal se suelen utilizar tres técnicas diferenciadas en función del hábitat o escenario en el que nos encontremos:

– En determinados lugares donde tengamos suficiente cobertura para ocultarnos realizaremos un rececho propiamente dicho. A ello ayudarán elementos como las formaciones rocosas, lechos de ríos secos, zonas arbustivas, etc., que permiten al cazador acercarse para llegar a distancia de tiro del rebaño. Éste es, tal vez, el mejor método para utilizar a primera y última hora del día, cuando los animales se encuentran alimentándose. Una vez visualizado el grupo, deberemos diseñar una estrategia de entrada teniendo en cuenta nuestra cobertura y la dirección del viento.

– Hacer una espera o preparar una emboscada suele ser otra de las técnicas más eficaces. En este caso elegiremos una zona querenciosa de paso en su diario transitar. El cazador bien camuflado aprovechará cualquier arbusto, árbol o lugar que le permita pasar desapercibido.

– Por último, suelen ser muy habituales en algunos lugares de escasa cobertura, las batidas ayudados de batidores, caballos o coches. En estos casos cobra especial importancia la seguridad.

Será fundamental saber la posición de nuestros ayudantes, evitando los tiros rasantes y cambiar de posición salvo que estos sepan nuestra nueva ubicación.

Los animales, en estos casos, suelen tirarse andando, ya que, una vez alarmados, no suelen quedarse quietos salvo que estén muy cansados después de un importante esfuerzo.

Valoración del trofeo

Tal vez sea el springbok uno de los animales donde es más difícil poder valorar adecuadamente el trofeo. Obviamente, la distancia juega un papel fundamental en este asunto.

* Un trofeo de macho de springbok suele considerarse hecho a la edad de cuatro años, ya que, aunque adquieren la madurez sexual con aproximadamente un año, no será hasta los dos años y medio cuando puedan competir con otros machos por el favor de las hembras.

* El largo y grosor del cuerno del animal va a depender generalmente de la genética del mismo unido a la edad y al valor nutricional de su alimentación durante los primeros tres años de la vida del animal, ya que será durante éstos cuando se produzca la mayoría del crecimiento de sus defensas.

* En trofeos realmente buenos, la largura de los cuernos debe doblar la de la oreja cuando se encuentra ésta extendida. Sus pabellones auditivos suelen medir entorno a los 18 centímetros. Así, cuernos que midan una vez y media el largo de la oreja, estarán cercanos a los 27 centímetros y cuando sean el doble que la oreja pasaran la cifra mágica de los 35,5 centímetros.

La circunferencia de la base de los cuernos en un macho madura oscilará entre los 13 y los 17 centímetros.

* Aunque valorar un springbok está al alcance de pocos cazadores deportivos y no es una ciencia exacta, hay algunos puntos que nos pueden ayudar a la hora de determinar si nos encontramos ante un macho adulto:

– Los cuernos dañados o romos suelen ser sinónimo de edad, junto con segundos crecimientos que se suelen producir en las bases de los mismos.

– Los cuernos de los machos adultos se muestran más duros y oscuros en apariencia.

– Generalmente la piel y la apariencia de estos grandes machos está más deteriorada que en sus congéneres más jóvenes.

– La anchura de su cuello también puede ser un buen indicador si se combina con los anteriores.

– Al ser muy territoriales, encontraremos a los viejos machos defendiendo sus territorios junto al grupo de hembras a las que conquistaron durante el celo. El resto del año, los podemos localizar en grupos de machos solteros de diferentes edades.

* En la distancia, los cuernos de aspecto ancho, aunque impresionantes, suelen parecer más largos de los que realmente son. Ocurre lo mismo con los cuernos de aspecto largo y grueso. Consideremos igualmente el tamaño del animal, ya que en individuos de raza grande, los trofeos aparecerán más pequeños de lo que son, mientras que en casos de animales de talla pequeña ocurrida claramente lo opuesto.

* Sin ningún ánimo de dogmatizar en el asunto, me gustaría aportar un cuadro orientativo sobre lo que puede considerarse como un buen trofeo, que puede verse al final de este texto.

* El libro de récords Rowland Ward no distingue entre las subespecies y las variaciones de color, utilizando su método 7 en las mediciones de los mismos. Así, para poder registrarlo, la longitud de cuerno deberá tener un mínimo de 35,6 cm (esto es, 14 pulgadas). El actual récord de la especie se encuentra en poder del cazador Don B. L. Steenkamp con un animal de 49,2 centímetros de cuerno (19 ⅜ pulgadas).

* Por su parte, el Safari Club Internacional reconoce las tres subespecies de springbok, junto con las variaciones de color, utilizando su método 1 para la valoración de los mismos. Los actuales récords son: springbok de Angola, 39” ⅞, cazado por Carlo Caldesi en enero de 1967; sprinbok Kalahari, 52” 4/8, abatido por L. Irving Barnhart, en junio de 2010 en Namibia; y springbok sudafricano, 48” 4/8, cazado por Conner W. Elkert, en junio de 2014. CyS

Por Alfonso Mayoral. Fotografías: autor, L. de la T.y redacción

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