Esperas

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Sinfonía… al lubricán

 

No es una hora, ni siquiera un rato, es… una sensación, íntima y misteriosa, que embelesa el alma y la recoge en su intimidad más hermosa. 

 

El lubricán –perro-lobo/lobo-perro– es luz que se difumina en el lienzo de las sombras y juega con las percepciones. Y vemos lo que no vemos sin ver lo que presentimos. El matojo que se mece con la brisa que lo acuna, se hace guarro a nuestros ojos y acelera los sentidos que presienten, pero ignoran. Y el guarro se hace matojo y se esfuma entre las sombras. No le vemos, pero está, y nos gana la partida porque es sabio y porque sabe que la luz del lubricán nos confunde y debilita ante sus sabios instintos.

 

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Esperas y archiperres: qué debemos llevarnos al puesto para tener éxito

La ilusión y la paciencia son claves, junto con el resto de elementos que aquí describimos, para tener éxito en nuestra cita con el macareno
Por Ignacio R. García Gómez

Siempre que uno tiene la posibilidad de hacer una espera, se llena la mente de ilusionantes imágenes de un «guarro  señor» que sea la envidia de todo nuestro mayor o menor repertorio de amigos. En la mayor parte de las ocasiones la impaciencia de llegar al puesto cubre las lentas horas de un reloj que parece inválido en su caminar.

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Esperas

Aguardando en Los Jarales a un gran macareno

20120517-esperas-foto-aperturaTexto y fotografías: Antonio Mata
El lance siempre es el lance… eso no hay quien nos lo quite. Pero siempre quedan en la retina, en el rincón perdido de los sueños realizables, esas pequeñas cosas, esos detalles, esos momentos, inolvidables, que hacen que la sangre vuele por las venas y el corazón, a ciento y pico, te haga sentir hasta dolerte… Es la caza.

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La Espera

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Una tarde de finales de mayo. Son las siete y media. Me encuentro encaramado en lo alto de un gran alcornoque encima de unas tablas sujetas a la trifurcación de las ramas principales. Es un árbol centenario situado en la suave ladera orientada al suroeste de una colina poblada de verde jara todavía manchada con el blanco de alguna flor tardía, amarillos espinos, morados cantuesos, arbustos y árboles característicos de los Montes de Toledo.

Por Ignacio Gallastegui

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Un arrendajo en la oliva

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Por Carlos Ruiz Merello

No queda duda alguna sobre las sensaciones y lo cercana que se siente la naturaleza durante una espera. Los sentidos se agudizan y los sonidos del monte se convierten en música que acelera el pulso y tensa los nervios cuando el guarro entra en la baña.
Es muy posible que la mayoría de los cazadores de hoy día, encuentren la espera como una de las modalidades de caza más aburridas.