Desaparece la caza menor y ¡tú tienes la culpa!

caza menor perdiz

Las enfermedades y la pérdida de pureza genética, sumadas a la falta de gestión o de una gestión adecuada, son algunas de las principales causas por las que las poblaciones de conejo, liebre y perdizhan experimentado un grave descenso en los últimos años. Esta grave situación está provocando una verdadera alarma social dentro del sector cinegético y conservacionista, que ve que las especies clave para la caza menor, y para numerosas especies protegidas en nuestro país, como el águila imperial o el lince ibérico, han caído en proporciones muy preocupantes y, en algunos casos, con una muy difícil recuperación. La demanda de unos planes de gestión adecuados a estas especies y a cada territorio podría ayudar a paliar esta gravísima situación.

Es necesario poner en marcha planes de gestión adecuados

Parece, que la grave situación que está atravesando la caza menor y en especial sus especies estrella –perdiz, liebre y conejo–, sólo la vemos cuando salimos al campo a pegar tiros y matamos la mitad o una mínima parte de lo que cazamos en años anteriores. Ésta es una situación que viene arrastrada desde hace mucho tiempo atrás, ¡sin que nadie mueva un dedo! Cuando el primer día de caza de la temporada anterior se abatieron cien piezas y el primero de la presente temporada se han cazado diez es porque algo está pasando, pero seguimos saliendo cada jornada a ver si el próximo día matamos alguna más; eso sí, la culpa de esta falta de piezas siempre es porque ‘hay demasiadas alimañas’.

El supuesto exceso de predadores –como jabalíes, córvidos y raposos– sobre perdices, conejos o liebres, se llevan casi siempre ‘la culpa’ del descenso de las poblaciones de estas especies de caza menor
El supuesto exceso de predadores –como jabalíes, córvidos y raposos– sobre perdices, conejos o liebres, se llevan casi siempre ‘la culpa’ del descenso de las poblaciones de estas especies de caza menor

La grave problemática a la que se enfrentan nuestras especies de caza menor es mucho mayor y más compleja que echarle la culpa sólo a los predadores. Los predadores solamente son una mínima parte del problema.

Pagar la cuota cada año, de una manera u otra, no justifica que podamos ejercer nuestra actividad sin preocupaciones de si las perdices están desapareciendo y las liebres o los conejos se están muriendo. Tenemos que dejar de echar la culpa a nadie y pensar en que las actividades que se realizan en el campo, sean del tipo que sean, en la mayoría de las ocasiones, son las culpables de que nuestras especies cinegéticas de caza menor vayan reduciendo sus poblaciones paulatinamente. Sólo con pagar no se solucionan los problemas que las especies tienen en el campo. ¿A qué esperamos para actuar?, ¿a que los ecologistas protejan o las declaren en peligro de extinción?, ¿a soltar perdices de granja cuando no tengamos autóctonas para cazar?, ¿a que alguien venga con la varita mágica? o ¿a que la Administración nos prohíba cazar…? ¡No todo se soluciona con dinero!

Analizar el problema y conocer sus consecuencias

La gestión de la caza menor es una actividad complicada, pero si se realiza adecuadamente puede ser una de las actividades más bonitas y fructíferas que se puede desempeñar en el campo. Esta gestión no sólo pasa por realizar un control de los predadores que se pueden estar comiendo las piezas que posteriormente tenemos que abatir. La gestión cinegética consiste en analizar la problemática de cada territorio y cuáles son las consecuencias, por qué se producen y cómo se pueden solucionar. Esta gestión pasa por afrontar y resolver todos los frentes que podemos encontrar para el correcto desarrollo de nuestra actividad en nuestra finca o coto: documentación, permisos, presupuestos, cuotas, posibles financiaciones, cupos, daños, actuaciones de mejora de hábitat, entre otros y, por supuesto, el tan solicitado control de predadores.

La finalidad de todo esto es poder desempeñar nuestra actividad de manera correcta y legal, y poder disfrutar de cada jornada con un número aceptable de piezas, gracias a una correcta gestión, prolongada y prolongable en el tiempo.

En ocasiones, basamos la gestión de nuestros cotos o fincas en simplemente mantener una guardería  que vigila nuestro coto de furtivos y que a su vez trata de controlar las poblaciones de predadores para que éstas no repercutan en el número de especies cinegéticas que sustentan nuestra actividad. Este modelo de gestión, inadecuada, no es suficiente para ayudar a la recuperación y mantenimiento de las poblaciones.

zorro menor

El trabajo en mejora de hábitat es uno de los factores que benefician muy directamente en las poblaciones de perdices, conejos y liebres. La creación de refugios, puntos de agua, puntos de alimentación, entaramados, islas de vegetación, protección de matorral… son actuaciones muy interesantes, pero que muy pocos gestores ponen en práctica.

Es mucho mejor proteger que eliminar predadores

Con respecto a la gestión de la predación en ocasiones es más interesante y práctico proteger contra la predación que eliminar predadores. La protección contra la predación consiste en limitar el acceso de los predadores hacia las especies presa. Ésta es una acción duradera en el tiempo; por el contrario, el control directo de predadores es una actuación muy puntual y que no sirve de nada a la vuelta de unos meses, no olvidemos que el territorio en el que se elimina un predador es ocupado por otro u otros a la vuelta de pocos días.

Uno de los mayores enemigos del conejo y de la perdiz es el jabalí. Normalmente los permisos concedidos para aguardos se conceden por daños, por lo que para paliar esos daños tendríamos que eliminar el mayor número de ellos, indistintamente de su edad, sexo y tamaño; pero, el que más y el que menos, tiene cebaderos para ellos y tratamos por todos los medios de que sus poblaciones sean cada vez más numerosas. También en los aguardos dejamos los ejemplares hembra y los juveniles para tener mayor número en la temporada siguiente, ¿por qué no hacemos lo mismo con el conejo o la perdiz? y el jabalí ¿no es una alimaña…?

La presencia de especies de caza mayor, como el jabalí, son en ocasiones incompatibles con la abundancia de perdiz y conejo; es por esto que debemos protegerlos contra ellos y reducir su número en la medida de lo posible.

Gestión, gestión y, después.. más gestión

Otra de las actuaciones de gestión que prácticamente ningún gestor pone en práctica son las campañas de concienciación y reorientación de las actividades agrícolas y ganaderas que contribuyen muy directamente en el declive de las poblaciones cinegéticas, especialmente en las poblaciones de liebres y perdices.

urraca

Estos son algunos de ejemplos de gestión que propietarios y gestores deberían poner en práctica para reducir este declive, pero son simples ejemplos que pueden formar parte de una buena estrategia de gestión cinegética. Hay que poner en práctica tácticas adecuadas a cada territorio y a cada tipo de problemática.

Por último, enumeraremos algunos ejemplos de actuaciones encaminadas al fomento de la caza menor y que se deberían incorporar a los distintos planes de gestión cinegética.

•Elaboración de un plan de gestión individualizado y adecuado a las circunstancias y características de cada coto.

•Gestión del hábitat.

•Gestión indirecta de la predación (protección más que eliminación).

•Gestión directa de la predación (incluyendo al jabalí como predador).

•Campañas de concienciación y reorientación a agricultores y ganaderos.

•Establecimiento de cupos y de vedas temporales.

«En la gestión de la predación es más interesante y práctico proteger contra la predación que eliminar predadores. La protección consiste en limitar el acceso de los predadores a las especies presa. Es una acción duradera en el tiempo. El control directo, es una actuación puntual que no sirve de nada a la vuelta de unos meses».
«En la gestión de la predación es más interesante y práctico proteger contra la predación que eliminar predadores. La protección consiste en limitar el acceso de los predadores a las especies presa. Es una acción duradera en el tiempo. El control directo, es una actuación puntual que no sirve de nada a la vuelta de unos meses».

Bibliografía

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Manuel Mata. Técnico en control de predadores.

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