Corzos mil… tiempos de incertidumbre

Desde hace ya algunas temporadas, los que disfrutamos de esta modalidad esperamos también abril con la intranquilidad y la incertidumbre de saber que una enfermedad está al acecho y, cuando de agentes patógenos se trata, sólo el tiempo nos permitirá sacar conclusiones sobre su efecto
Desde hace ya algunas temporadas, los que disfrutamos de esta modalidad esperamos también abril con la intranquilidad y la incertidumbre de saber que una enfermedad está al acecho y, cuando de agentes patógenos se trata, sólo el tiempo nos permitirá sacar conclusiones sobre su efecto

Una explosión de colores, olores y vida inunda ya nuestros campos, la primavera llega con su máximo esplendor y, con ella, se abre de nuevo un periodo de caza en el que la protagonista es una de las especies más emblemáticas, misteriosas y sorprendentes del monte ibérico: el corzo, el dichoso… duende del bosque.

Pasa el mes de marzo con prisa y todos los cazadores ansiamos ya la llegada de abril, el mes de los corzos, un mes en el que se abre la veda en una de las modalidades más apasionantes de la mayor para aquellos que la practican: el rececho.

Hay que tener en cuenta la presión cinegética que se ejerce en este mes de abril y el próximo mes de mayo, buscando no eliminar los mejores trofeos que aún no hayan logrado reproducirse.
Hay que tener en cuenta la presión cinegética que se ejerce en este mes de abril y el próximo mes de mayo, buscando no eliminar los mejores trofeos que aún no hayan logrado reproducirse.

Se trata de una práctica ancestral y selectiva que triunfa entre los que disfrutan de amaneceres y atardeceres primaverales tras las huellas de un pequeño cérvido que, atento a todo lo que pasa a su alrededor, esperará inquieto en una campera o bosquete la llegada del cazador que, en busca del lance soñado, tratará de abatir el mejor trofeo.

La incertidumbre ronda 

Sin embargo, desde hace ya algunas temporadas, los que disfrutamos de esta modalidad esperamos también abril con la intranquilidad y la incertidumbre de saber que –a pesar de que en la última década el corzo había consolidado sus poblaciones en muchos territorios y se estaba expandiendo de forma firme– una enfermedad está al acecho y, cuando de agentes patógenos se trata, sólo el tiempo nos permitirá sacar conclusiones sobre su efecto. Nos referimos a la Cephenemya stimulator, ‘el gusano de las narices del corzo’, una larva de una especie de tábano que parasita el tracto respiratorio superior y provoca problemas diversos que, en función del animal parasitado y su condición, sexo o edad, puede llegar incluso a generar un perjuicio tal que, si no provoca la muerte del mismo de forma directa, sí favorece su deterioro general, facilitando su predación o la presencia de otras enfermedades secundarias, empeorando su desarrollo y, por ende, reduciendo la calidad de su trofeo en el caso de los machos.

Historia reciente

Este parásito fue encontrado por primera vez hace ya más de cinco años en animales abatidos en Asturias, y su aparición parece asociarse a repoblaciones de corzos procedentes de los Pirineos sin el adecuado control sanitario. En la actualidad, es un proceso que se encuentra en expansión y está presente ya en animales de otros puntos de la Cordillera Cantábrica, especialmente Galicia, norte de León, Asturias, Cantabria y País Vasco. Cabe destacar, además, que a pesar de que la distribución del parásito parecía localizarse en el norte de España, el pasado año miembros del Departamento de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de Cáceres publicaron la primera cita en Extremadura, en corzos abatidos en mayo de 2012 (Calero-Bernal R. y Habela, M.A., 2013), concretamente en las localidades de Logrosán y Berzocana.

Uno de los aspectos a tener en cuenta en la gestión es la caza de hembras que, a pesar de que todavía tiene detractores y recelosos, es aconsejada por asociaciones como la ACE y autorizada por la Administración.
Uno de los aspectos a tener en cuenta en la gestión es la caza de hembras que, a pesar de que todavía tiene detractores y recelosos, es aconsejada por asociaciones como la ACE y autorizada por la Administración.

Los propios autores del estudio sugieren que el parásito podría estar adaptándose a las condiciones ecológicas de la mitad sur de la península Ibérica, con la importancia que podría suponer, por lo que proponen incrementar las medidas de vigilancia, en la que la colaboración de los cazadores es fundamental y, sobre todo, extremar las precauciones en cualquier práctica de repoblación con animales procedentes de zonas afectadas.

Temporada

En la temporada actual las previsiones no son excesivamente favorables, puesto que el invierno ha venido acompañado de abundantes precipitaciones que, si continúan con temperaturas suaves durante la primavera, van a suponer un caldo de cultivo ideal para la proliferación de estos tábanos y, por tanto, es muy previsible que el número de corzos abatidos con parásitos se incremente notablemente, así como el número de zonas afectadas también.

En este sentido será fundamental reforzar los planes de vigilancia epidemiológica, esto es, estar atentos ante la posible aparición de nuevos casos, puesto que un posible tratamiento, preventivo o curativo, sería muy costoso y casi imposible de aplicar en campo y, sobre todo, como ya apuntábamos antes, incrementar la vigilancia y control sanitario en el caso de realizar repoblaciones con corzos (y con cualquier especie cinegética) y fomentar la presencia de investigaciones que avancen en el conocimiento del proceso y ayuden a su control, insistiendo además en que la colaboración de los cazadores será de nuevo esencial.

En caso de demostrarse que este problema sanitario está afectando de forma grave a las poblaciones de corzo será imprescindible actuar de con firmeza para evitar que la consolidación que se estaba produciendo en los últimos años no se venga al traste. Un control eficiente de cupos y una caza selectiva de aquellos animales que se vean deteriorados, con aspecto de estar enfermos será clave para el futuro de la especie, con la necesidad de enviar muestras o comunicar los casos sucedidos y, sobre todo, de no dejar restos en el campo que podrían ser factor desencadenante de nuevos procesos en otros animales.

Otras consideraciones 

No queremos dejar pasar tampoco la oportunidad de mencionar otros aspectos que consideramos también de vital importancia en cuanto a la gestión de la especie, sobre todo de cara al mantenimiento o mejora de sus poblaciones a medio o largo plazo, tratando así de abrir un debate sano que debería dar pie a una gestión localizada en cada coto, comarca o región, en función de las circunstancias que allí presente la especie.

Destacan para nosotros, en este sentido, la caza de corzas y la gestión de los periodos hábiles de caza.

Un control lo más eficiente posible de los cupos y, sobre todo, la caza selectiva de ejemplares afectados por el ‘gusano’ será clave para el futuro de la especie.
Un control lo más eficiente posible de los cupos y, sobre todo, la caza selectiva de ejemplares afectados por el ‘gusano’ será clave para el futuro de la especie.

En el primer caso, debemos apuntar que, a pesar de que los aprovechamientos clásicos del corzo, como los de muchos otros ungulados silvestres, se basaban casi únicamente en la caza de machos, desde hace varios años ya algunos de los mejores gestores de corzos de nuestro país, encabezados por la Asociación del Corzo Español, ACE, han visto la necesidad de realizar una caza seria, ordenada y, sobre todo, real, de las hembras en determinados territorios. Tras observar que el equilibrio y calidad de las poblaciones se estaban alterando, vieron que una de las causas evidentes de esta situación era la falta de capturas de hembras que, sobre todo en zonas donde los depredadores naturales están ausentes, facilitaba que machos de escasa calidad, o muy jóvenes, e incluso selectivos, pudieran cubrir a una o varias hembras, perpetuando así en las poblaciones defectos que a la larga estaban generando problemas. Por otro lado, un exceso de hembras también supone una competencia por los recursos alimenticios que, en ciertas zonas y épocas son escasos, por lo que también favorecía un empeoramiento de la condición corporal de los animales y, por tanto, un peor desarrollo de sus cuernas en el caso de los machos entre otras cosas.

En el momento actual la situación ha cambiado y ya todos los planes cinegéticos contemplan los aprovechamientos de hembras –la administración otorga permisos para ellas– y, sobre todo, los cazadores se van concienciando ante esta necesidad, si bien, no son pocos aún los que evitan esta práctica en sus salidas al campo.

“En aquellos lugares en las que las poblaciones de corzo aún son jóvenes o poco consolidadas, debemos ser especialmente cuidadosos con los animales a abatir y tener siempre en cuenta que nuestros actos de hoy tendrán reflejo mañana”
“En aquellos lugares en las que las poblaciones de corzo aún son jóvenes o poco consolidadas, debemos ser especialmente cuidadosos con los animales a abatir y tener siempre en cuenta que nuestros actos de hoy tendrán reflejo mañana”

Otro de los puntos discutidos en relación con la gestión de las poblaciones de ungulados cinegéticos, como ocurre también en el caso del ciervo, es la distribución de los periodos hábiles de caza de los mismos. En el caso del corzo, la situación puede ser similar puesto que, sobre todo en poblaciones poco consolidadas o donde la calidad no ha alcanzado aún todo su potencial, si ejercemos una presión cinegética en abril y mayo, eliminando los mejores trofeos cuando aún no han llegado a reproducirse, estaremos provocando un efecto muy negativo sobre las futuras generaciones en ese territorio. Por ello, al menos en aquellos lugares en las que las poblaciones de corzo aún son jóvenes o poco consolidadas, debemos ser especialmente cuidadosos con los animales a abatir y tener siempre en cuenta que nuestros actos de hoy tendrán reflejo mañana. CyS

Equipo técnico Ciencia y Caza

Bibliografía de la cita en el texto:

Calero-Bernal, R. y Habela, M. A. (2013). 

First report of Cephenemyia stimulator (Diptera, Oestridae) parasitizing Roe deer (Capreolus capreolus) in Extremadura (Spain). Galemys, 25 : 29-34 

corzo mayor

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