Así se gestiona el desmogue en Ribera Alta

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Fotos: Ribera Alta y Stock F. Images

 

Atrás quedaron los duros e intensos fríos de enero y febrero, noches de cielos estrellados, pastizales en las dehesas blanqueados por densas escarchas. Los trinos de currucas, petirrojos y jilgueros despiertan la mañana, el ruido de fondo de los tractores arando con brillantes aperos acerados, volteando las entrañas de las ricas tierras de labor, dejan tras de sí, al descubierto, un banquete de gusanos, insectos, bulbos y raicillas, alimentos oportunistas de lavanderas, tarabitas, colirrojos, garcillas, bisbitas y cigüeñas que, en procesión, siguen los surcos que va haciendo esa extraña y ruidosa máquina.

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La mañana se despereza con los primeros rayos de sol que nos descubren a lo lejos, la silueta y andares de un gran macho de ciervo arropado con su harén de hembras, retirándose de la dehesa al cobijo del monte.

De firmes andares, pesada cabeza, coronada por su armado trofeo, va chequeando en encinas y alcornoques, su territorio perfectamente marcado con los restos de su olor a macho dominante, mientras el intenso aire frío de la mañana llena sus pulmones y se transforma en sus exhalaciones en dos toberas de vapor, según va saliendo de su ronca garganta.

354 - El Desmogue (3)Marzo empieza a ‘alargar sus días’, a regar sus campos, a suavizar las temperaturas, dejando atrás el invierno y asomándose tímidamente a la primavera… arroyos con aguas cristalinas y jugosas praderas empiezan a aparecer, formando los ricos pastizales salpicados en vegas, planizos y gargantas, donde ciervos y jabalíes buscan las últimas bellotas para reponer los kilos perdidos en el duro invierno. Las primeras flores de peonías, brezos y jaras nos anticipan que el invierno llega a su fin.

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En su recuerdo, rehalas y ojeadores que en monterías supo evitar como en años anteriores, ganándole la mano a canes y monteros, perdiéndose en lo espeso del monte, experiencias que le han servido para ir adquiriendo ‘puntas’ de maestría y conocimiento del monte, poderosas cuernas que ha ido mejorando año tras año.

Conocedor de trochas y escapaderos, fino olfato y vista perfecta, degustador en estos meses de bellotas, madroñas y primeros brotes verdes, encuentra en sierras y dehesas su hábitat ideal que le provee de todo lo que puede necesitar.

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Más354 - El Desmogue (7) determinante para los ciervos por el cambio morfológico más importante que en ellos se produce, el desmogue; es decir, la pérdida por desprendimiento de las dos cuernas que coronan su cabeza, quedando ‘mocho’.
Como todos los años, llegados los primeros días de marzo, los ciervos parecen intuir el cambio que van a tener y se les ve con frecuencia voltear sus cabezas como queriendo sacudirse las cuernas, y a veces, en una simple arrancada de huida en carrera, se puede ver como se desprenden sus trofeos.

En Ribera Alta intentamos recoger un número importante de desmogues para ir viendo mediante medidas, pesajes y cálculo de densidades, la futura calidad de nuestros trofeos y el estado físico de nuestros ciervos. Cuernas con señales inequívocas de luchas, puntas romas y, a veces, desgajadas de los duros combates de la berrea.

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El señor del monte se queda ‘mocho’ y, desprovisto de su perlado trofeo, se retira a lo más espeso, se pierde entre las madroñas y alcornoques, apartado de las ciervas y, a veces, mirando en el suelo con detenimiento su recién perdida cuerna, oliéndola, como no queriendo abandonarla. En el mismo ciclo de tiempo cambiarán también su pelaje, tirando el pelo largo y grueso del invierno para cambiarlo por el corto y fino del verano.

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En los meses siguientes, de marzo a julio, les crecerá su nueva cuerna que, a buen seguro, si la primavera es generosa en alimentos y temperatura, será de mayor porte, más gruesa y aumentando su número de puntas. Evitarán en este periodo rozarse con jaras o brezos, perderán la querencia de marcar sus dominios y tendrán un carácter solitario.

En poco más de noventa días tendrán un nuevo trofeo, recubierto, primero, de un bello marrón-grisáceo (terciopelo o borra), con un crecimiento de casi un centímetro por día; en esta etapa huirá de peleas con otros machos y sólo en momentos críticos tomará la postura vertical, manoteando con sus pezuñas a otros ciervos o jabalíes.

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Su alimentación es determinante porque necesita que su metabolismo genere un aporte de varios kilos de minerales y calcio para el buen crecimiento de sus defensas en tan corto espacio de tiempo. Así visitarán con más frecuencia las zonas del monte que les aporten los imprescindibles minerales y sales que necesita, y por ello es frecuente verlos comer en terreros, fangales y lodos, ricos en estos nutrientes, sin descartar sus propias cuernas caídas, que mordisquean y comen como aporte de asimilación directa.

Los cambios climatológicos de estos meses, por heladas tardías o calores excesivos, les pasarán una alta factura en el crecimiento de sus cuernas, afectándoles considerablemente en su formación. Por esta razón, algunos años que se dan estas adversas condiciones climatológicas, tendremos en los montes ciervos con cuernas partidas o con gruesos irregulares, arrancando bien en luchadera y contraluchadera, pero rematando mal en candiles y palmas; en estos casos, solemos catalogar al animal como ‘regresivo por error’, ya que lo que ha tenido realmente es una mala primavera que se ha traducido en un crecimiento irregular y deforme de su cuerna, incluso a veces inferior a la de su año anterior.

Evitarán en este periodo de crecimiento de su trofeo rozarse con jaras o brezos, perderán la querencia de marcar sus dominios y tendrán un carácter solitario.

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Pasados los primeros meses y en los últimos días de julio, con las cuernas ya terminadas, el terciopelo que las recubre empieza a secarse y asoman entre los jirones de la cuerna, que denominamos ‘correas’, blancas y afiladas puntas de su nuevo trofeo. Entonces, buscarán romeros, brezos y jaras para ir desprendiéndose de sus correas e ir dejando al descubierto el perlado de sus nuevas cuernas.

Su actividad cambia y de la tranquilidad de meses atrás pasan a corretear por sus futuros dominios marcando sus territorios de forma intensa en encinas y pinares. Su peso corporal ha aumentado considerablemente, empiezan a formar grupos y bajan del monte a las dehesas para degustar los ricos pastos, ya secos y maduros, de gramíneas, leguminosas y cereales, además de buscar las últimas aguas corrientes en arroyos y frescales.

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Sus cuerpos se estilizan, sus cuellos se ensanchan, alzan la cabeza, tomando los vientos… ¡Se preparan para la berrea en Ribera Alta!

Por Jesús Fernández.

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