Panorama montero. Navas-Berrocal

monteria

Si no va pareja, caza con incertidumbre… se rompe uno de los principios esenciales del, por todos aceptado, axioma de Ortega en su más que famoso prólogo al libro del Conde de Yebes, Veinte años de caza mayor. Hay otras formas, también por todos aceptadas, pero es en éstas en las que mejor se desenvuelve el concepto que, también todos –la mayoría, al menos–, aceptamos como la más pura esencia de todo esto lo nuestro: la caza. Y en ésas andamos…

Pero hay otro parámetro que también influye y que siempre, desde estas páginas y en cuanto hay ocasión, nos gusta resaltar y que no es otro que el de la amistad. Si va pareja, también, con la incertidumbre (a pesar de que no lo escribiese el maestro filósofo), la práctica de nuestra afición se convierte en un placer. A partir de ese momento poco importan el resultado y el plantel (o la percha). El fin último, el del disfrute de la caza, se habrá cumplido. Y el resto, es otra cosa…

La mancha de Los Pinos

Nos fuimos hasta las sevillanas tierras de la Sierra Norte, a  Almadén de la Plata, a montear con SM La Patrona, invitados por alguien  con el que el segundo de los parámetros citados, el de la amistad, está siempre garantizado, Paco Lucas. Su acogida, sus atenciones, su afecto, su conversación, sus detalles… su persona, en definitiva, hacen que, el mero hecho de estar allí ya sea todo un placer, y un orgullo, que llega siempre muy dentro. Eso, sin olvidar, por supuesto, a su gente, su hijo, Javier Lucas; el gerente de sus empresas, Javier Galdón; Joaquín Vela, de EGMASA, técnico responsable de la finca, o Miguel, un excelente chaval, perrero en ocasiones, con quien tuvimos la gran suerte de compartir y disfrutar puesto. Éstos entre otros muchos.

Tras los rituales monteros por excelencia, migas, sorteo, rezo y vivas –y las recomendaciones de Paco, un libro abierto del que da gusto aprender–, se colocaron las armadas con diligencia y una precisión que sólo da la experiencia y, a poco de la media mañana, se escucharon los primeros disparos.

Disfrutamos de un maravilloso puesto de balcón sobre un testero –el nº 5 de La Balsa–, desde el que vimos bastante caza y contemplamos el espectáculo que ofrecen los perros en el monte, ¡sencillamente, maravilloso!

No se cumplieron las expectativas, que había predicho Paco, pero 16 venaos y 30 cochinos en el plantel, dan fe de que no se aburrió nadie. Es lo que tiene lo abierto.

Collage

La mancha Las Cuqueras

El resultado, para no perder el tiempo, lo pueden ver en la página siguiente. Lo que ‘faltó’ el sábado, el monte lo dio el domingo… con creces. Otra montería distinta, otros monteros distintos, otra mancha distinta (‘¡a casa Dios!’ de la del sábado), pero allí estaba la caza que faltaba. ¡Impresionante! Eso sí, el mismo ambiente festivo de montera hermandad y amistad.

Al calor de la lumbre al caer la tarde se palpaba la sensación de haber ‘echado’ un gran día y haber participado en una gran montería… ¡en abierto!, que nadie lo olvide. Las fotos son los mudos testigos de esta ‘croniquilla’, que no llega a reportaje, y que pretende mostrar, por encima de todo, el ambiente montero, ése que se palpa, se saborea, cuando las cosas bien hechas bien parecen. Por cierto, que en nuestro puesto, otro precioso testero, vimos pasar… ¡tropecientos bichos! Toda una gozada para la vista… y el dedo.

Nuestra felicitación y agradecimiento a Paco y todo su equipo por habernos permitido montear, disfrutar de la montería, con él y su familia de monteros. ¡Gracias, Paco!

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