Panorama montero. Monterías internacionales

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Nos gusta esto de los amigos y, a un a riesgo de parecer un tanto cansinos, no nos cansamos de repetirlo porque, como ya comentábamos en la anterior crónica, la amistad es una de las partes fundamentales de la caza y, por supuesto, de la montería. Por esta razón, en cuanto podemos la practicamos. Y a fe que es un placer…

Por todo esto, en cuanto nuestro amigo Jero, Jerónimo Rincón, de Montería Internacionales, nos propuso pasar un fin de semana montero, nada menos que en Guadalupe, no dudamos en echar mano a los archiperres –o bártulos o trastos, que para todos los gustos tiene acepciones nuestra lengua– y poner rumbo hacia nuestra querida Extremadura para disfrutar de los amigos, en esta ocasión con un plus añadido, porque sabíamos de antemano que no se la iban a perder nuestros queridos colaboradores, más que amigos aún, de JUVENEX, Alberto Covarsí y Quirico Matamoros, entre otros.

La Hoya del Guadarranque

No se presentaba mal el sábado. Como todo en esto no es darle ‘gusto al dedo’, destacar la hermosa ascensión que se realiza a la  Sierra de Altamirana –camino de Navatrasierra, lugar de la junta– por la umbría, llegando desde Navalmoral de la Mata. Ver amanecer mientras subes el Collado de Arrebatacapas, con el pantano de Valdecañas a tus pies y todo Gredos como telón de fondo –con el Almanzor dorado por los primeros rayos del sol– es algo que quita el hipo, que se dice, y que también forma parte de esta nuestra esencia.

La niebla retrasó un poco los tiempos. Pero no impidió que al mediodía ya estuviesen las armadas colocadas a lo largo de la mancha, frente al nacimiento del Guadarranque, de ahí el nombre, en plena Sierra de la Palomera, muy cerca del cielo extremeño. Nuestro puesto –junto con Jero y nuestra compañera Rocío de Andrés– en la cuerda del centro de la sierra, viendo toda la mancha y, cómo no, el trabajo de los perros, fue, también, todo un espectáculo reservado sólo para unos pocos privilegiados, cazadores, por supuesto.

Los resultados no fueron los esperados. Los guarros, y vimos las múltiples huellas de sus navajas en el terruño, por alguna extraña razón (se habló de una ‘mano negra’) habían desaparecido, aunque las ciervas hicieron su apaño con algún venadete de ración.

El catering de la Posada del Rincón, de Guadalupe, sencillamente memorable.

El Silvadillo de las Pachorras

Todos los años, como a todos, nos pilla una ciclogénesis de esas, vamos, un temporal de los de toda la vida de Dios. Tocó en Guadalupe. Amanecimos con medio metro nieve y todo estuvo a punto de irse al traste. Pero como la mancha estaba en Alía, menos altitud, y sin nieve, sólo agua, al final se monteó, ¡echándole… dos narices!

Llegó tarde el catering, no se podía ir a cargar los perros, se atascaron los todoterrenos en todas las armadas… pero se escucharon unos ¡350 disparos! ¡Al mal tiempo, buena cara!

Todo se fue retrasando, las caracolas no sonaron hasta la 16:30 h. y los perros no cazaron de vuelta. Pero el que más y el que menos, a pesar de las inclemencias, y las horas, bajó contento del monte, ya que, al final, se abatieron 45 venaos, 10 jabalíes y 12 ciervas, que no estuvo nada mal dadas las circunstancias.

Nuestro agradecimiento a Jero, por todas sus atenciones y desvelos para que pudiéramos realizar este reportaje, y a todos los chicos/as, de JUVENEX, que nos tratan siempre como lo que somos, una familia. ¡Gracias!

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