En portada. Bebederos y puntos de agua para la caza

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¿Fuente de vida o fuente de problemas?

Son muchos los gestores cinegéticos que utilizan como herramienta fundamental en la consolidación, mantenimiento o mejora de sus poblaciones de especies de caza, los bebederos, charcas y otros  puntos de agua, más, si cabe, en un año como el que nos encontramos en el que hemos sufrido una de las primaveras más secas y calurosas de las últimas décadas.

Son diversos los aspectos a considerar a la hora de decidir el empleo del agua para perdices, conejos o venados, como la distribución y número de puntos de agua en el coto o finca, los materiales a emplear, su diseño o los animales a los que se van a destinar.

Sin embargo, en ocasiones, bien por desconocimiento, bien por falta de personal o limitaciones económicas, descuidamos algunos aspectos fundamentales para garantizar que el agua artificial ayude a la fauna cinegética y no se acabe conviertiendo en un foco de problemas.

Estos inconvenientes a los que nos referimos son conflictos entre animales de la misma especie, de especies distintas (como la predación) y, sobre todo, problemas sanitarios.

Unas condiciones mínimas de salubridad

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Un punto de agua en un caluroso mes de julio se convierte en un lugar codiciado por numerosas especies y, dentro de cada una de ellas, por muchos ejemplares.

Este agrupamiento de animales puede provocar también que los predadores utilicen los entornos cercanos a los puntos de agua como zonas de caza y, por tanto, sean lugares que generen importantes bajas en el coto. Por otro lado, una cantidad de agua estancada a una temperatura elevada corre riesgos evidentes de descomponerse y ser, además, caldo de cultivo para diferentes gérmenes que se desarrollarán si el agua no es adecuadamente gestionada.

No pretendemos defender que es necesario contar con aguas puras y cristalinas, puesto que es evidente que los animales beben de los charcos o los cauces de ríos y arroyos cuando existen. No obstante, es necesario asegurar unas condiciones de salubridad mínimas para reducir los riesgos potenciales.

Tampoco debemos olvidar que son frecuentes los puntos de agua compartidos entre caza y ganado doméstico en nuestros cotos o fincas, lo que puede suponer una ‘bomba de relojería’ que en cualquier momento puede explotar. DSC_0235

Es posible que en muchos cotos estos puntos de agua compartidos ya estén causando problemas sanitarios indirectos en las poblaciones presentes y, aunque no generen efectos evidentes en los animales, como por ejemplo, altas mortalidades, sí incrementen la carga parasitaria de determinadas especies o que bacterias o virus causen, por ejemplo, problemas respiratorios que dificulten la huida de los animales frente a un potencial predador o que supongan una merma reproductiva.

Para controlar esta situación será fundamental llevar a cabo un mantenimiento y control de los puntos de agua, especialmente durante el verano, de manera que seamos capaces al menos de prevenir o detectar de forma precoz si nos están dando algún problema.

Puntos esenciales de gestión

Un primer paso para ello es garantizar una adecuada distribución y un número suficiente de bebederos y puntos de agua en el coto, de manera que prevengamos en lo posible grandes concentraciones de animales en lugares muy concretos. Para establecer esta distribución será fundamental conocer bien el territorio que gestionamos y tener en cuenta aspectos como la presencia o no de otros puntos de agua naturales, como cauces de ríos o arroyos o incluso cultivos de regadío en el coto, y conocer también su estacionalidad o no.

Cuando se trata de estructuras artificiales, como pequeños bebederos para la caza menor, la cosa es más sencilla, mientras que cuando estamos hablando de grandes pilones o charcas más o menos naturalizadas, la gestión, construcción, distribución y mantenimiento es más difícil.DSC_0217

En el primero de los casos los pasos a tener en cuenta para minimizar los problemas que puedan surgir a raíz del empleo de bebederos y de los que se beneficiarán también otras muchas especies no cinegéticas, serán los siguientes:

•Revisión, limpieza y desinfección previa de depósitos, cazoletas y otros componentes de los bebederos. Para ello podemos utilizar diferentes productos, si bien uno de los más eficaces suele ser la lejía como desinfectante fundamental. Existen otros productos comerciales de gran eficacia que podrían ser utilizados.

•Empleo de agua potable para realizar el rellenado o bien desinfectar el agua a emplear con algún producto autorizado. Para realizar una posible potabilización del agua de un bebedero, de nuevo lo más habitual, económico y práctico es recurrir a la lejía, producto elaborado a base de hipoclorito sódico, que es un excelente desinfectante y conservador.

Existen distintos tipos, marcas comerciales y concentraciones en el mercado, por lo que debemos ser cuidadosos en su empleo para evitar rechazos o incluso posibles intoxicaciones en los animales. En todos los casos, la lejía a emplear debe contar en su envase con la leyenda «Apta para la desinfección de agua de bebida». Además, la cantidad a agregar al agua con este fin suele venir reflejado en la etiqueta del producto, en función de la concentración de hipolorito sódico que tiene. A modo de ejemplo, una lejía con una concentración de 0,5 % (50 g de cloro/litro de lejía) requeriría unas 12 gotas para desinfectar 10 litros de agua.DSC_0241

•Revisión sistemática y habitual de todos los puntos de agua para mantener su nivel constante, retirar materia orgánica y otros restos que se hayan podido acumular y que favorezcan la eutrofización y deterioro del agua.

Es fundamental contar con una adecuada instalación de los dispositivos, de modo que se impida en lo posible el acceso de insectos y roedores a los depósitos de agua. Si éstos ya han accedido a los depósitos  será recomendable el vaciado y rellenado íntegro del dispositivo. No siempre es fácil que los animales se acostumbren a utilizar bebederos y suelen tardar varios días en comenzar a acercarse a ellos. Si una vez que hemos conseguido que perdices o conejos se acerquen a beber no los mantenemos adecuadamente o dejamos que se vacíen, estaremos perdiendo el camino andado hasta el momento.

•También sería conveniente realizar algún tipo de seguimiento para determinar qué especies utilizan los bebederos y si muestran algún comportamiento extraño. El fototrampeo puede ser de interés y cada vez es más ampliamente utilizado con este fin, pero si no tenemos acceso a una cámara de este tipo, podemos recurrir a otras estrategias que, al menos, pueden orientarnos sobre que animales se acercan a beber. El vertido de una cantidad de arena fina en el entorno de las cazoletas favorecerá la detección de huellas o excrementos que pueden ayudar a determinar si se acercan perdices o liebres.

•Como hemos apuntado en puntos anteriores, el mantenimiento de los depósitos lo más herméticos posibles, en lugares sombreados y protegidos de la luz directa del sol ayudará enormemente a la conservación y mantenimiento de una calidad de agua óptima.

La complejidad de las charcas

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Cuando hablamos de charcas naturales o artificiales la cosa es más compleja. En todo caso, como en el punto anterior, es fundamental contar con una adecuada distribución de las charcas para evitar masificaciones que eviten riesgos sanitarios o potenciales problemas de competencia entre distintas especies e incluso predación.

Además, un diseño adecuado con el acceso a una pendiente óptima evitará por ejemplo un excesivo arrastre de materia orgánica y tierra que favorecerán la eutrofización de la charca y dificultarán la conservación del agua.

En muchos casos estas charcas se cargan con agua de lluvia durante el invierno y se secan a mediados o principio de verano. La solarización es un desinfectante ideal por el efecto de los rayos ultravioleta.

En caso de charcas que se mantienen artificialmente es importante emplear agua potable o potabilizada previamente a su uso mediante hipoclorito como en el caso anterior a las dosis adecuadas según el volumen. Está práctica favorecerá el mantenimiento de unas buenas condiciones durante un periodo más prolongado.

Cuando existe un problema sanitario asociado, por ejemplo, a la presencia de determinados parásitos internos, virus o bacterias como salmonelas y clostridios, debemos actuar de forma ágil y contundente.

Sin embargo, hay que tener en cuenta  que su desinfección será muy complicada y sólo se conseguirá de forma efectiva con una desecación y tratamiento con algún producto desinfectante como la sosa caústica en polvo, que, unida a la solarización mencionada en el párrafo anterior, ayudará a eliminar la carga bacteriana o parasitaria del entorno. De otra manera, seguiremos corriendo el riesgo de mantener, al menos de forma latente, el problema en ese punto de agua.

¡No al uso de medicamentos!

Para concluir, no queremos dejar pasar la oportunidad para ofrecer nuestra opinión en relación con el uso de medicamentos en agua de bebida en terrenos abiertos. Es necesario afirmar con contundencia que se trata de una práctica desaconsejable y con la normativa en la mano podría incluso considerarse como ilegal, puesto que es imposible controlar las dosis que ingieren los animales, la especie o la edad de los que van a acercarse a beber.

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También es complicado establecer su efecto sobre la fauna silvestre, puesto que los medicamentos veterinarios disponibles son de uso en especies domésticas, de manera que su uso en jabalíes o venados serían prescripciones excepcionales que deberían ser recetadas por un veterinario en dosis concretas de aplicación a animales o lotes definidos y manejados de manera que fuera posible tener un control del tratamiento sobre ellos.

Tampoco debemos olvidar que los medicamentos veterinarios cuentan con un tiempo de espera que no es otra cosa que el periodo en días que deben pasar antes de poder consumir la carne de los animales tratados para evitar que ésta presente residuos del medicamento, aspecto de nuevo muy difícil de controlar cuando se trata de terrenos abiertos.

En conclusión…

La utilización de bebederos y puntos de agua para la caza puede resultar una herramienta de gestión cinegética imprescindible en muchos cotos para consolidar, mejorar o recuperar las poblaciones objeto de aprovechamiento.

Sin embargo un uso mal planteado, poco planificado y, sobre todo, sin un mantenimiento y seguimiento posteriores, puede suponer un importante foco de problemas.

 

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 Por Carlos Díez Valle, Carlos Sánchez García-Abad, Equipo Técnico de Ciencia y Caza 

(www.cienciaycaza.org)   Fotografías: Redacción

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