Un enigma llamado lobo ibérico

No se apresuren a mencionar al Monstruo del Lago Ness, al Yeti o al Big Foot norteamericano. Si están buscando una criatura enigmática la tienen al lado: se llama lobo ibérico y España alberga una importante población en la mitad norte peninsular.

Desde siempre, el lobo ha levantado un gran interés, pasión en muchos y odio perpetuo en otros, por lo que la polémica está casi siempre presente cuando su nombre es mencionado.

Con el tiempo, el mito ha dejado de ser una criatura más propia de leyendas y películas de miedo para convertirse en un animal casi venerado por un gran número de amantes de la naturaleza que ven en él todo un símbolo de la conservación. Sería lo que muchos conocen como ‘especie bandera’. También lo es para muchos amantes de su caza que encuentran en el lobo ibérico un símbolo cinegético difícil de igualar.

¿Cuántos tenemos en España? 

Hablar de números no es sencillo. Esto no es contar perros en un canil u ovejas de un rebaño. Si hay una especie esquiva y difícil de detectar, ésta es el lobo.

Durante las últimas décadas un buen puñado de científicos se ha dedicado a estudiar la abundancia y distribución del lobo. Es España se habla de unos 2.500 lobos en cerca de 250 manadas, a las cuales habría que sumar otras 50 a 60 manadas de nuestra vecina Portugal, si bien los censos oficiales cuentan ya con una cierta antigüedad.

El lobo está distribuido principalmente en Castilla y León (que alberga la mayor parte de su población, 50 a 60% del total), Galicia, Asturias, Cantabria y La Rioja, con manadas que se trasladan también al País Vasco, Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura. A esto habría que sumar la pequeña población de Sierra Morena, ciertamente maltrecha, aislada y el peligro de desaparecer. En los últimos años se ha confirmado también la presencia del lobo en Cataluña, pero procedentes de Italia y Francia y, por tanto, pertenecientes a otra subespecie.

Según los estudios, el lobo ha experimentado un crecimiento sostenible, especialmente al sur del Duero hasta finales de los años noventa y principios del nuevo siglo, pero esta expansión parece haberse detenido parcialmente según algunos. Sin embargo, en los últimos meses las evidencias de ataques a la ganadería en estas zonas y los numerosos avistamientos producidos parecen señalar que este incremento y expansión sostenidos continúan y la especie se consolida en territorios perdidos años atrás.

¿Dónde y cómo se pueden cazar?

Al norte del Duero el lobo es una especie cinegética, aunque en Asturias se permite su caza solamente por daños.

En el resto de España, al sur del río Duero, el aprovechamiento cinegético está prohibido y las Administraciones realizan, hasta el momento, actuaciones puntuales de control poblacional.

En ambas situaciones se producen habitualmente importantes discusiones por los cupos, autorizaciones, formas de caza e incluso, por quienes deben ser los adjudicatarios de los permisos.

images_wonke_caza-mayor_gestion_lobo_1La caza más común es a rececho, en esperas o en batida, con un gran interés por su cinegética al ser un trofeo esquivo y difícil de abatir. De los cotos y reservas que más renombre tienen para la especie, es la Reserva Regional de Caza de La Sierra de la Culebra, en Zamora, la que más fama ha ido atesorando a lo largo de los años por su abundancia e importantes trofeos, si bien en otros muchos cotos se han abatido buenos ejemplares, especialmente en Jaén, cuando la caza estaba permitida décadas atrás.

En Castilla y León, como en otras, existe un plan de gestión de la especie, si bien esta comunidad cuenta con la particularidad de tener terrenos tanto al norte como al sur del Duero. En estos últimos se producen conflictos frecuentes con la cabaña ganadera, por lo que la Junta de esta autonomía ha solicitado a la Unión Europea que el lobo pueda ser especie cinegética al sur del Duero, si bien, esta consideración se modula a través de una directiva europea cuya modificación será compleja. Veremos lo que pasa.

Mientras tanto se está llevando a cabo un control poblacional puntual a través del personal de la Administración, con la pérdida asociada de un potencial recurso económico para el medio rural donde se realiza al no ser posible rentabilizarlo a través de la caza.

Los problemas de la especie

Aunque ha sobrevivido hábilmente a lo largo de la historia, el lobo ibérico sigue teniendo una serie de problemas que nunca acaban de terminar.

images_wonke_caza-mayor_gestion_lobo_dsc_2029Los conflictos por los daños al ganado son posiblemente el más importante, teniendo muy mala prensa a nivel rural, si bien este problema se debe más a la falta de gestión que al lobo en sí. De ahí que existan estrategias regionales de conservación (como en Castilla y León y Galicia)  y una nacional que intenta poner orden. No obstante, el ‘odio ancestral del pastor’ hacia el lobo también puede compararse con el ‘amor infinito’ de ciertos grupos denominados ecologistas, que abogan por ‘no tocar al cánido’. Ni que decir tiene que en el equilibrio está la clave y que ambas posturas extremas son poco razonables.

La hibridación con el perro doméstico parece ser un problema creciente, aumentando las evidencias científicas que apuntan a que el lobo se está cruzando de forma puntual con el Canis familiaris, un hecho que amenaza la buena salud de las manadas y que podría, en el futuro, ser una seria amenaza.

Sin duda, la pérdida de hábitat y las vías de comunicación pueden hacer desaparecer al lobo de muchos territorios e incrementar la mortalidad. Cierto es que sabe zafarse bien de muchas adversidades, pero saltar una autovía o la línea del AVE puede ser harto complicado.

Lógicamente, no podemos pasar por alto los lobos que se abaten furtivamente, superando los cupos establecidos por la Administración, un hecho que sigue siendo desagradable y, junto con el uso del veneno, son una lacra que no debe asociarse con la práctica lícita de la caza.

¿Se puede gestionar al lobo?

No es ésta una especie fácil, pero, por supuesto, es posible su gestión.

Los lobos cubren grandes distancias y, por lo tanto, sus territorios son, en ocasiones, muy vastos, por lo que suele ser necesario contar con una visión amplia para poder abordar el tema con eficacia.

En el caso de los cotos privados de caza la gestión pasa por una adjudicación de cupos por parte de la Administración correspondiente, según las estimaciones de abundancia en la zona y los conflictos detectados, puesto que, como ocurre con los accidentes de tráfico o los daños a la agricultura, hasta el momento y, por desgracia, los daños por el lobo en terrenos cinegéticos también son responsabilidad de los titulares de los cotos donde se producen.

Las reservas de caza, bajo tutela de la Administración regional en cada caso concreto, también asignan cupos y establecen compensaciones cuando se producen ataques al ganado. En ocasiones hay que actuar rápido para eliminar lobos que estén causando problemas importantes, aunque no siempre es así.

En el sur del Duero la responsabilidad, por tratarse de una especie no cinegética, es de la Administración, si bien, sigue existiendo un gran descontento por las compensaciones por los ataques, por la lentitud en la tramitación y por ciertas exigencias a los ganaderos, como ocurre en el caso de Castilla y León con la obligatoriedad de contar con un seguro específico frente al ataque de estos cánidos para poder optar a esta compensación. Todos los años vemos desagradables instantáneas de ataques a rebaños de ganado y ganaderos que pierden buena parte de sus ganancias por estos sucesos. Sin embargo, tampoco debemos olvidar que algunas cabezas de ganado están muy expuestas, casi ‘desnudas’ ante el ataque de los lobos; otras, no tanto. No obstante, los mastines con carlancas vuelven a verse guardando el ganado y en las provincias que más tiempo llevan conviviendo con el lobo (durante miles de años, podría decirse) la proporción de ataques parece ser más reducida. Éste sería el caso de Zamora, la provincia más lobera de España. Así, en zonas donde la convivencia es obligada, medidas como la presencia de perros, el manejo adecuado del ganado o la presencia de vallados de calidad, incluso con pastores eléctricos, están dando buenos resultados.

¿Qué impacto tiene en el resto de especies cinegéticas?

El lobo es un depredador que aprovecha como pocos los recursos que ofrece el ecosistema. El incremento de sus poblaciones en muchos lugares del norte peninsular se debe en parte al aumento de ciervos, corzos, jabalíes e incluso conejos de monte. Sin embargo, no parece que sea una gran amenaza para nuestra caza mayor. Más bien, y volviendo a la Sierra de la Culebra, su presencia puede ser positiva, dado que en esta reserva las medallas de oro de ciervo son frecuentes todas las temporadas y quizás la ‘selección natural’ del lobo sería parte de la explicación.

En el caso de la caza menor sucede algo parecido. No se ha documentado que su predación sea especialmente negativa para perdices, conejos y liebres y, al no llevarse bien con los zorros, puede ser bueno para ahuyentar al raposo de nuestros cotos. ¿Es el lobo una herramienta de gestión para nuestro coto? Parece ser que sí, como sucede con otros grandes predadores, como el lince ibérico.

El lobo es riqueza

Se quiera o no, hay que hablar de dinero, y el lobo puede generar mucho.

En primer lugar, tendríamos que hablar de la riqueza que supone la biodiversidad de los ecosistemas que tienen lobos. Cuanto más ricos en especies sean nuestros cotos y reservas, más rica será también la sociedad que los albergue.

images_wonke_caza-mayor_gestion_lobo_2Seguidamente, tendríamos que hablar del valor de los trofeos, si bien es cierto que desde que estalló la crisis el valor de la caza, en general, ha bajado mucho y donde antes de pagaban 100 ahora son 50, con el consecuente impacto negativo en las economías rurales. A pesar de ello, como hemos apuntado, el lobo cuenta con gran número de cazadores pasionales que lo valoran enormemente. Quién no está dispuesto a pagar un poco más por un puesto en una montería donde está autorizado algún ejemplar, aunque sólo sea por el gusanillo de poder avistar algún cánido desde nuestra atalaya.

Finalmente, habría que destacar las iniciativas crecientes de turismo asociadas a la especie, agencias que ofrecen intentar ver y oír a los lobos en su medio natural, una actividad que, como la caza, sumerge al que la vive en un universo mágico en el que el lobo es su principal enigma.

 

Por Equipo Técnico de Ciencia y Caza (www.cienciaycaza.org)

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