La montería española. Entre modernidad y tradición

Suenan ya las caracolas en los montes ibéricos y rehalas y matilhas se preparan prestas para salir a romper urces y jaras en busca de jabalíes y venados. Cuando esto ocurre y el silencio de la sierra cesa con ladras y voces, los monteros sienten la emoción del lance cercano en un grado que sólo los que han tenido la ocasión de ocupar un puesto pueden describir. Tradición y modernidad se unen en estos ‘lances en sepia’, imágenes actuales con sabor añejo.

HERRAMIENTA DE GESTIÓN Y BIEN CULTURAL

Estas sensaciones son percibidas desde hace cientos de años, ya que la montería es una de las modalidades de caza más antiguas en España, surgida de aficiones de reyes y nobles amantes de la venatoria, pero también de la necesidad de nuestros antepasados de ser capaces de abatir grandes reses en un número suficiente, primero, para abastecer de alimento a sus pueblos y, después, para generar un valor añadido a los maltrechos entornos en los que muchas veces se llevan a cabo, siendo, sin duda, la caza en general y la montería en particular una fuente de riqueza y un motor de desarrollo rural de valor incalculable.

Un elemento imprescindible para lograr los resultados esperados, protagonista indiscutible de una buena montería es el número y calidad de las rehalas.

Estos argumentos son importantes para tratar de ubicar a esta ancestral modalidad en el lugar que le corresponde dentro del panorama cinegético nacional e internacional, si bien es importante destacar no sólo esos valores, sino otros muchos de carácter social y etnográfico, hasta el punto de que algunas entidades, como la Federación Andaluza de Caza o la Asociación Española de Rehalas, entre otras, trabajan incansables en busca de un reconocimiento en forma de Bien de Interés Cultural por parte de la Administración pública andaluza. En la montería española se unen tradición y modernidad, caza social y privada, cultura y ocio y, por supuesto, gestión, conservación y aprovechamiento cinegético, argumentos más que suficientes para lograrlo.

Como cazadores debemos ser los primeros en reconcerlos, valorarlos y defenderlos en cualquier ámbito de nuestro entorno y, como gestores, tenemos que ser capaces de aprovechar todo el potencial que esta modalidad representa, en primer lugar, para no defraudar a los monteros que participan en cada jornada mediante la mejor gestión posible, pero también para ser capaces de analizar los resultados y saber interpretarlos, puesto que con ellos podremos conocer de primera mano aspectos como densidades de animales en nuestro coto, especies presentes, relación de sexos y edades y, por supuesto, su estado sanitario, ya que es esencial llevar a cabo un análisis, aunque sea somero, de las reses abatidas, que nos aportarán toda esta información si somos cuidadosos.

Por todo ello, trataremos de ir respondiendo a las diferentes preguntas que nos asaltan en relación con la montería.

¿Por qué la declaración de Bien de Interés Cultural?

El pasado año, la Federación Andaluza de Caza, la Asociación Española de Rehalas y ATECA presentaron la documentación necesaria para llevar a cabo la solicitud de declaración por parte de la Junta de Andalucía de la montería y la rehala como Bien de Interés Cultural en esa región, con el respaldo de más de 150 ayuntamientos andaluces y muchas otras instituciones públicas y privadas.

Tanto la dignidad como el señorío en la montería, debe de alcanzar a todos los elementos que forman parte de la misma, como rehaleros, muleros y otros que, a veces, no reciben el trato que merecen.

Para ello, estas entidades encargaron un informe técnico a la Universidad de Sevilla en el que se acredita la importancia social, económica y medioambiental de esta modalidad.

El objetivo de esta solicitud no es otra que conseguir un reconocimiento oficial que garantice el futuro de esta modalidad tan arraigada en la cultura y tradición de la sociedad andaluza y de otras muchas regiones españolas, puesto que esta declaración llevaría de la mano una protección de la misma.

Claves técnicas para la preparación de una montería

Una buena montería, bien preparada, es casi siempre sinónimo de éxito y, por supuesto, de la posibilidad de vivir todas las experiencias y sensaciones inolvidables. Para ello, la clave principal es llevar a cabo un trabajo continuo a lo largo de todo el año y no sólo durante la temporada de caza.

Por desgracia, ante el aumento ocurrido en los últimos años en los censos de algunas especies de caza mayor, principalmente el jabalí, no son pocos los que han decidido dar el paso y tratar de organizar monterías en sus cotos. Sin embargo, a pesar de la abundancia de este ungulado, cuando se cuenta con escasa experiencia y la preparación no ha sido adecuada los resultados no son siempre los esperados. Es necesario, por tanto, conocer las manchas a montear, las reses que hay en ellas mediante censos previos, identificando querencias y zonas de encame principales y preparar esas manchas cuando sea necesario mediante clareos, limpieza de cortafuegos y caminos, realización de siembras o mejora de los puntos de agua entre otros.

Hay que contar con organizadores profesionales que garanticen la seguridad.

De la mano de esta gestión forestal debe ir siempre la gestión cinegética, calculando los aprovechamientos, analizando la estructura de sexos y edades con el objetivo de consolidar las poblaciones y, por supuesto, mejorar los trofeos.

Para ello, seguramente habrá que prescindir de otras modalidades para garantizar el éxito de las monterías, esforzarse por hacer aprovechamientos selectivos cuando sea posible y evitar las repoblaciones con animales sin origen conocido y sin las obligatorias garantías genéticas y sanitarias.

Es evidente que, en muchas ocasiones, cuando el coto no se dedica exclusiva o prioritariamente a la organización de monterías, la tendencia general es a ‘abusar’ de las esperas o incluso de la caza en mano, que pueden causar molestias a las reses haciendo que salgan de las manchas y no aparezcan el día de la montería. El descanso del monte es una de las claves del éxito.

Otro elemento imprescindible para lograr los resultados esperados, protagonista indiscutible de una buena montería es el número y calidad de las rehalas. Es obligado no escatimar en este sentido para que una mancha quede bien monteada, contando con número suficiente de perros acompañados de rehaleros profesionales, capaces de llevarlos en una buena mano.

Tampoco podemos olvidar la necesidad de contar con organizadores profesionales y de seriedad que sorteen los puestos con justicia, organicen las posturas con orden y garanticen la seguridad de los monteros en todo momento, evitando la masificación innecesaria de las manchas o la ubicación de puestos en zonas de riesgo o en otras en los que es sabido por cualquier conocedor del monte que nunca rompería un jabalí.

Por otra parte, una adecuada entrada en la mancha el día de la montería es también crucial, debiendo ser ágil, rápida y bien organizada, cerrando primero el perímetro para luego completar las traviesas centrales de la misma, evitando así que las reses se levanten antes de tiempo y la abandonen cuando todavía no se haya iniciado la montería.

Además, las sueltas de los perros deben hacerse cuando todos los monteros estén bien colocados y apostados y, por supuesto, desde las zonas estratégicas, previamente señalizadas, para garantizar una batida completa y correcta de todas las manchas a montear.

La montería herramienta de gestión sanitaria

Es cada vez más preocupante –principalmente en las comunidades del centro y sur peninsular– el incremento de las prevalencias de enfermedades como la tuberculosis, tanto en la cabaña ganadera como en la fauna cinegética, principalmente en jabalí.

Este incremento de la tuberculosis no sólo supone un quebradero de cabeza para los ganaderos que ven año tras año como miles de cabezas son llevadas al matadero tras dar positivo en una prueba de control, quedando sus explotaciones limitadas para el comercio de animales vivos, sino también suponen una importante pérdida silenciosa de jabalíes, de la que no todos los titulares y gestores son conscientes.

Existen estudios científicos que demuestran como en determinadas poblaciones de este suido se producen mortalidades anuales a causa de la tuberculosis que incluso pueden superar el 40-50 % de la población, lo que supone una importante pérdida económica para ellos sin apenas darse cuenta del daño que están sufriendo, puesto que es difícil encontrar cadáveres de esos animales en el campo debido a la eficacia de oportunistas y carroñeros que son capaces de hacerlos desaparecer en un escaso periodo de tiempo.

Por ello, es necesario aprovechar las monterías para ser capaces de conocer el estado sanitario de nuestras poblaciones silvestres en base a los hallazgos observados en las juntas de carne de modo que tomemos consciencia de la dimensión del problema en nuestros cotos.

A partir de ahí es fundamental llevar a cabo actuaciones de gestión encaminadas a tratar de controlar la situación mediante acciones dirigidas a controlar la densidad tanto de fauna silvestre como del ganado presente en el entorno, tratando de evitar en lo posible el contacto entre ambos para limitar el mantenimiento y transmisión de la enfermedad.

Suelen ser determinantes los puntos de alimentación y de agua, lugares en los que coinciden ambos y que, de no ser suficientes y estar bien distribuidos, darán lugar a una elevada concentración de animales que favorecerá el contagio e incluso el mantenimiento de las bacterias en agua o alimento.

Otro de los aspectos determinantes en la montería, desde un punto de vista sanitario, es la adecuada gestión de los subproductos. Se trata de un tema controvertido en el que algunas administraciones han tratado de descargar toda la responsabilidad a gestores y orgánicas, estableciendo normas que determinan la obligatoriedad de llevar a cabo una retirada de esos subproductos por parte de empresas autorizadas, con el importante coste económico que eso supone. Sin embargo, no nos referimos a tener que llegar a este extremo, sino que existen soluciones intermedias tan o más eficaces que la mencionada.

La clave de una adecuada gestión es impedir que otros mamíferos tengan acceso a esas vísceras que quedan tras la recogida de las carnes, principalmente perros o el propio jabalí, ávido carroñero incluso de sus propios congéneres y, por tanto, vehiculador del problema. Si llevamos a cabo un enterramiento adecuado con cal en un lugar autorizado o, mejor aún, depositamos las vísceras en un muladar vallado con acceso único para aves carroñeras, no sólo conseguiremos interrumpir el ciclo de la enfermedad, sino que, además, estaremos contribuyendo a la conservación de un grupo de especies protegidas cuya labor es imprescindible en nuestros ecosistemas.

Para ello no es necesario invertir en grandes infraestructuras, sino contar con lugares en los que poder instalar un pastor eléctrico temporal y depositar los restos durante la mañana siguiente a la montería y no en la misma noche, para evitar, precisamente, su consumo por jabalíes u otros carnívoros.

Dignidad y señorío, inherentes a la montería

No queremos concluir el artículo sin insistir sobre dos aspectos que, por desgracia, son conceptos tradicionalmente bien arraigados en la montería española, pero que se han diluido ligeramente en los últimos años, probablemente de la mano de la presencia de esos advenedizos poco acostumbrados a montear como mandan los cánones, por no ser auténticos monteros.

Nos referimos a disputas presenciadas entre monteros por la titularidad de una res, muchas veces por no querer asumir o ni siquiera conocer una de las normas de oro de la montería española, que no es otra que el titular del animal abatido es el que hace la primera sangre.

Tampoco debemos olvidar que hasta el último momento debemos conservar el respeto por el animal cazado de manera que su manejo debe ser acorde con esta máxima, que debe verse reflejado también a la hora de inmortalizar la montería en forma de fotografías y vídeos, en las que debemos posar con respeto junto al animal, pero no sobre él y, sobre todo, evitar escenas desagradables en las que participan vísceras, sangre excesiva o, incluso, incomprensibles tratos vejatorios, que lo único que aportan son motivos de rechazo en una sociedad cada vez más alejada de lo rural y lo cinegético, de la mano de una intensa y falsa corriente pseudoecologista. CyS

¿Hasta cuándo se remontan los orígenes de esta modalidad?

La Tela Real, de Velázquez –montería de jabalíes en tela cerrada, con el rey Felipe IV– para el pabellón de caza en la Torre de la Parada, en El Pardo.

Como apuntábamos al inicio del artículo, se trata de una de las modalidades cinegéticas más antiguas e históricas, existiendo ya datos documentados de forma muy concreta de monterías celebradas como tal en la Baja Edad Media, y organizadas por diferentes casas reales y nobles de la época, fundamentalmente de las Coronas de Castilla, Portugal y algunas de Centroeuropa. 

Entre los documentos más notables y exhaustivos sobre la montería, destacan, entre otros muchos el Libro de la Montería del Rey Alfonso XI, publicado en el siglo XIV, o el Livro da Montaría del Rey Juan I de Portugal, también de ese mismo siglo.

A partir de entonces se han ido celebrando monterías de forma muy similar y continuada hasta nuestros días.

Por Carlos Díez Valle y Carlos Sánchez García-Abad, Equipo Técnico de Ciencia y Caza (www.cienciaycaza.org) • Fotografías: Redacción

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