VII Montería Anual del Real Club de Monteros

Los pasados días 18 y 19 de enero se celebró la anual montería de nuestro Real Club de Monteros (RCM). Esta ha constituido la séptima edición de la misma.

La montería no empezó con la suelta practicada en la finca El Navajo de Los Yébenes a las 11 de la mañana del duro y frío día sábado 19. No. La montería dio comienzo con el encuentro de todos los asistentes a la cena de hermandad que tuvimos en el hotel/restaurante El Artilllero de la citada localidad el viernes 18 a las 21 horas, en el que nos dimos cita la mayoría de los asistentes a nuestra montería anual, porque, os podemos asegurar, vivimos allí un gratísimo encuentro, en el que imperaba la amistad, el cariño y la alegría. La asistencia de muchos socios junior e hijos de monteros animó enormemente nuestro encuentro y nos confirma que hay un sano y nutrido renuevo generacional (tan necesario) en nuestro Club y nos permitió vivir un encuentro realmente entrañable y familiar, insignia de nuestro RCM.

Miguel Ángel Perlado Sotodosos y Pablo Fernández Gasset, miembros de la junta encargados de organizar la montería, nos dieron después del aperitivo y antes de comenzar la cena las indicaciones pertinentes sobre la mancha a batir y especies sobre las que podríamos tirar al día siguiente, posteriormente se realizó el sorteo con animosa expectación. Hubo, tanto en la cena, como antes de rezar la Salve Montera por la mañana del sábado con anterioridad a salir al campo, un sentido recuerdo y homenaje al que fuera muchos años presidente del Club, D. Francisco Basarán de la Fuente, padre de nuestra actual presidente, habiéndose elegido su tierra este año por tal motivo para celebrar nuestro anual encuentro en el monte. Igualmente, se recordó la figura de dos monteros del RCM fallecidos este año, José Antonio Rein Duffau (Yoyo Rein) y Javier Espiniella, ambos muy queridos en el Club.

Como antes decíamos monteamos la finca de El Navajo, por cortesía de la propiedad, y de la mano de Alberto Muñoz-Calero, que nos demostró su profesionalidad y buen hacer antes durante y después de acabada la montería. Tras un buen desayuno, a base de las tradicionales migas, y el traslado de las armadas a las posturas, cerramos la mancha con cincuenta y dos puestos, se produjo la tan ansiada suelta de las quince rehalas que batieron la mancha; el buen trabajo y alegría de perros y perreros, tan importantes en nuestra montería, gran parte de su alma, hicieron que nos olvidásemos del intenso frio, viento y niebla que casi todos padecimos, especialmente todos los que nos ubicamos en puestos de cierre por la sierra y finales de algunas traviesas que alcanzaban la misma. Así, nada pudo impedir que nuestro espíritu montero se impusiese a las adversas condiciones climatológicas. La mancha, sencillamente espectacular, dio el juego pretendido para disfrute de todos los monteros y acompañantes.

Ladras y carreras constantes, y algún que otro agarre, configuraron una bella y salvaje montería, con la caprichosa fortuna repartida, lógicamente, entre los diversos puestos. La cadencia de lances fue constante casi hasta el final de la montería, rasgando el frío día un gran número de disparos que confirmaban la abundancia de reses y jabalíes en la mancha. Los pocos que no pudieron tirar –doce de los cincuenta y dos– disfrutaron, seguro, viendo como otros compañeros del club ejecutaban los lances que en suerte les tocaba.

Mérito especial tuvo el postrero lance a tenazón finamente ejecutado por Miguel Ángel Perlado con el que consiguió cobrar un buen guarro que llegó a la junta para alegría de todos los asistentes. San Huberto le premió por su esfuerzo organizador, no nos cabe duda. ¡Enhorabuena!

Paco León acudió con sus cámaras para grabar la montería para el canal Caza y pesca, con la que confeccionará el oportuno reportaje que se emitirá en el citado canal (de lo que os avisaremos oportunamente). Tal emisión supondrá un gratísimo recuerdo para todos. Desde aquí le agradecemos a Paco su cercanía al Club y el trabajo realizado para efectuar esta grabación.

Finalmente, tras la copiosa comida, que nos hizo entrar en calor, llegaron a la junta de carnes los once venados, nueve guarros y quince ciervas abatidas. La verdad es que la crudeza del día provocó más fallos de lo habitual, sino el número de piezas en el tapete seguro hubiese sido mayor. No obstante, el resultado habla por sí solo de la buena montería en abierto, no concebimos otra, que pudimos disfrutar. Ojalá continuemos por esta senda.

Una crónica de Ramón Menéndez-Pidal Eiras

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