De montería y monteros: los monteros

Ya estamos calentando motores, en algunas comunidades la temporada montera ya se ha iniciado y en las demás, son escasos los días para que fines de semana se llenen de ladras, jipíos y atronadores estruendos en montes, vaguadas, lomas y descansaderos. Nuestros corazones están deseosos de vestir galas monteras, cubrir nuestras cabezas con sombreros alados, gorras camperas y portar al cinto carga municionera y rematadores hierros de afilado corte. Para muchos un anhelado sueño que ya en el abril primaveral deseábamos ver cumplido cuando la otoñada aflora en nuestras sierras y dehesas.

Ya estamos cerca, muy cerca y estos sueños pronto serán realidad y disfrute de emocionantes jornadas monteras, con amigos curtidos al viento de cien lances que por exagerados que sean en el relato, emocionan como propios al oyente amigo. Pero por desgracia siempre hay en todo bello sueño, oscuros nubarrones, que ensombrecen la luz de ese día montero y si bien muchos no dependen de nuestro comportamiento y buenas maneras, otros si lo hacen y son lo que a mi modesto entender mas entristecen y afean la montería.

Sin duda, la montería está llena de tradiciones, costumbres y modos y maneras de hacer que la hacen bella. La existencia de estas tradiciones ayuda no solo a que nuestra montería perdure sino que mantenga el atractivo para el iniciado, haciendo tan verdad y real como siempre asido en montes y sierras de nuestra amada patria.

Con la modesta contribución a que estas formas se mantengan, me gustaría aquí exponerla ayudado por el compañero lector, que con sus comentarios ayuden a ampliar, profundizar y como no divulgar y trasmitir a nuestras próximas generaciones monteras y al público en general para su general conocimiento, ya que para empezar a amar algo primero hay que conocerlo.

Toda montería empieza con la llegada a la junta y sorteo, la llegada ha de ser puntual, teniendo como primer saludo al organizador para sepa de nuestra presencia. Es en este momento donde debemos finiquitar cualquier detalle ya que de hacerlo una vez iniciado el sorteo, no solo lo alargaremos en exceso sino que importunaremos a nuestros compañeros. Las migas, insustituibles prolegómenos de todo sorteo montero han de estar regadas con escaso alcohol, ya que el alcohol y la caza no son buenos compañeros, ayudemos entre todos a desterrar esta “mala” costumbre que solo atrae infortunio no deseados por ningún buen montero.

Un sorteo rápido, ágil, trasparente y sencillo debe ser el inicio de una serie de satisfacciones que el día nos traiga, independiente de los trofeos alcanzados. Señalar de forma inequívoca al postor y una rápida y organizada puesta en marcha de las armadas debe ser nuestra primera obligación como buenos monteros. Siempre hay que esperar por uno que se distrae, se pierde o se olvida, que nunca sea por nosotros, solo así nadie tendrá que esperar por algo que no merece ser esperado. De las obligaciones que aquí debe tener el postor ya la mencione en el anterior articulo.

Dejamos los coches en el correcto descargadero y montamos una armada que da regir ya los principios de seguridad y buen trato. La marcha en silencio, con los aperos justos y las armas enfundadas, marcha ágil y segura, con el apostado correcto y el marcaje adecuado de nuestras posturas con las vecinas para mantener la máxima seguridad y la tranquilidad de lances beneficiosos para todos.  La seguridad no debe dejarse en el simple saludo a nuestro compañeros de armada sino que el marcaje de las líneas de tiro de cada uno nos garantizan lances más seguros y evitan futuras discusiones nada beneficiosas ni para los descontentes monteros ni para la propia montería.

Asegurar los tiros, identificar claramente el animal objetivo y salvaguardar las líneas de fuego han de ser máximas a tener grabadas a fuego en nuestra postura montera. Los tiros al viso, al simple “talameo” de un movimiento extraño solo traen desagradables y fatales sorpresas, por todos no deseadas. De tener la suerte de disfrutar de un lance que por fortuna no ha abatido al animal, debemos desestimar su pisteo hasta haber asegurado el final de la montería y previo acuerdo y aviso a nuestras posturas vecinas. Nunca, nunca, salir de la postura sino es por riesgo vital para nuestra integridad y previo aviso a nuestros vecinos. Ningún animal, ningún trofeo, nada vale más que nuestra vida y solo la salvaguardaremos manteniéndonos hasta el final en nuestra postura. Siempre habrá tiempo de pisteo.

Ha finalizado la montería y nuestro postor nos autoriza, ayuda o avisa de nuestra salida. es el momento de iniciar la recogida de las reses abatidas y en aquellos casos que por dureza del lance así lo precise iniciar su pisteo por el monte. debemos hacerlo con el arma asegurada o mejor sin ella. Solo el cuchillo de remate y guardado en su funda evitara caídas fatales con encuentros no deseados con el hierro soportado. Solo cuando así lo aconseje el postor y con salvaguarda de la máxima seguridad posible, emplearemos el arma para rematar un animal que por su condición impida el remate a cuchillo, solo así y nada más que así.

Otro de los puntos siempre presentes en toda jornada de caza, son las inevitables discusiones sobre la pertenecía de la discutida pieza. La educación, el respeto y los buenos modales han de estar siempre presentes en toda lógica disputa. La presencia de rastros y la disposición de las heridas de fuego han de prevalecer frente a visiones o suposiciones nada fundamentadas, y solo ante la persistencias de las posturas de los litigantes, debe participar el postor y solo en caso de persistencia de la discusión el arbitraje indiscutible del capitán de montería. Las discusiones y/o disputas han de hacerse en el campo y ante la presencia de la res discutida, nunca en la junta de carnes. La discusión ya en junta ha de ser abolida por infundamentada y solo practicada por un mal montero aquejado de “trofeitis” crónica o aguda según el caso.
Jamás, reitero jamás, cortaremos un trofeo en el campo, solo la junta, la revisión y guía veterinaria correspondiente han de velar por la salud de quien recibe el trofeo y el buen hacer de toda montería que se precie.

ha llegado el momento de las despedidas, la felicitación entre compañeros y al orgánico quedan a virtud del lector pero sin duda el ultimo saludo ha de ser para la propiedad con agradecimiento de la jornada vivida y el deseo no hablado de repetir en futuras campañas si así nos place por el regusto que en el viaje de vuelta ha de acompañar a todo montero de bien, que son muchos y muy buenos en nuestra serrana ESPAÑA

Ignacio R. Garcia

Deja un comentario