Los Yébenes, una apuesta total por la caza y el mundo rural

Por Adolfo Sanz/Fotos: Antonio Mata

El eslogan decía «Los Yébenes, el paraíso del cazador», ¡qué bien puesto estaba! Y aún hoy lo estaría. ¡Hasta se hicieron pegatinas con él!, pero, por unas cosas u otras… Lo cierto y verdad es que, de nuevo, ahora, en Los Yébenes se apuesta por la caza, una de sus señas de identidad.

Para este cronista siempre es un placer regresar a Los Yébenes –cuando entro en Casa Apelio, entro en mi casa, por qué negarlo–. Rodeado de estas sierras y rañas, pedrizas y dehesas, uno recupera el ánimo. Pero, al menos para mí, la caza no es que sea una de las señas de identidad de la localidad toledana, ¡es su seña de identidad!

Para poder ver su importancia, cuando yo era un crío escuchaba que salía todos los días un camión cargado de conejos de Los Yébenes, y eso que el lagomorfo posiblemente no fuera una de sus estrellas cinegéticas; después, ya se sabe, enfermedades y demás zarandajas lo mermaron drásticamente. En la década de los setenta del pasado siglo, no era raro que se cazaran cuatrocientas o quinientas perdices –salvajes– en un día de cacería en ojeo, incluso en algunas fincas se alcanzaban las mil. Luego, como en casi todos los lugares, la perdiz, salvaje, repito, bajó, aunque en algunos cotos se han cuidado con mimo y hoy se dan, de nuevo, ojeos sobresalientes. Además de los citados ojeos, en Los Yébenes también ha habido de siempre mucha afición al reclamo. La media veda tampoco se daba mal, con tiradas notables de tórtolas y torcaces, pero, y al igual que la perdiz, la tórtola va, en general en toda la Península, a menos, mientras que la paloma torcaz nidificante está en alza o cuanto menos se mantiene. El enorme término de Los Yébenes, 67.718 hectáreas (entre los cinco más grandes de España), tampoco fue ajeno a la moda del zorzal, ya que no faltan buenas extensiones de olivares.

Pero si de importante se puede calificara la menor, qué decir de la caza mayor… cochinos y venados son el alma de estos montes, cazados desde tiempos inmemoriales. Aquí han acudido –y acuden– monteros de tronío (algunos naturales de la localidad), como de tronío eran –algunos de ellos, gracias a Dios, aún lo son– muchos de los hombres que sabían todo sobre el campo: secretarios, guías, perreros o rehaleros, guardas… llenaría estás páginas con sus nombres, pero resultaría un tanto injusto, ya que siempre se puede quedar alguien en el tintero.

En la década de los setenta aún no había muchas cercas, las reses no abundaban, pero, por contra, se movían mucho y donde menos se esperaba saltaba la liebre. No se gestionaba como ahora, y los venados de segunda cabeza eran normalmente de ocho puntas, lo que el campo daba, aunque a veces se cazaban los llamados ‘caballares’, de cuernas y puntas largas, no muchas puntas (doce o catorce) y más bien finos. Los cochinos buenos normalmente eran arochos, serranos, apretados de los cuartos traseros pero con mucha fuerza en los delanteros. Había corzos, y no eran malos, y yo he conocido, de siempre, gamos en Quintos de Mora, que no era raro que se pasaran a Torneros, La Sierpe o Las Navas. Nunca supe de lobos (que por lo visto fueron abundantes), pero a finales de los setenta tuve la suerte de ver un lince en un gancho a cochinos en La Caleruela.

De esta época recuerdo especialmente un puesto espectacular yendo con mi padre de morralero. Fue en el sopié de Ardales, en 1972. Cobró cuatro venados, dos de catorce puntas, uno de trece y otro de doce.

Las crónicas monteras eran de renombre, deliciosas, y las escribían, primero, Pilar Fernández, Pilarín, con el pseudónimo de Traviesa de la Pedriza, y más tarde Jesús Ángel Cecilia, todas ellas en Caza y Pesca.

Todo desembocó en la celebración de la Fiesta de la Caza, que organizaba la Asociación de Cazadores de Los Yébenes, y cuya primera edición fue en 1980. Pero, tras una euforia inicial, la Fiesta comenzó a languidecer hasta que se dejó de celebrar.

En los ochenta, se comenzaron a cercar más fincas, y se comenzó a gestionar la caza. Además de las especies referidas, se introdujeron, en algunas, muflones. Y la caza mayor aumentó en cantidad y calidad. Ejemplares cazados en cotos yebeneros comenzaron a copar el medallero, abatiéndose, sin mayor problema, oros de todas las especies. Además de la referencia ya hecha de otras fincas donde también se cuidaron las perdices y fueron otra vez para arriba.

Coger el cinegético toro por los cuernos
El pasado 23 de mayo de 2011 se celebraron las elecciones municipales en España. En Los Yébenes se impuso la lista del Partido Popular, que encabezaba Pedro Acevedo Gutiérrez. Desde ese mismo día Pedro se preocupó por activar todo el potencial de su pueblo, además de poner en marcha los dos museos de ámbito municipal -de los que hablaremos más abajo-, promoviendo actividades culturales y medioambientales de todo tipo, y haciendo de la caza una actividad fundamental para que su localidad, a 42 kilómetros de Toledo y 115 de Madrid, sea foco de interés para numerosos visitantes.

Pedro es cazador, no lo esconde, y ha dado prueba de ello colocando trofeos de caza en las dependencias del ayuntamiento, como símbolo de lo que significa la práctica cinegética para la localidad. También lo es su esposa, Teresa Piqueras, que está apoyando absolutamente en todo la frenética actividad del consistorio.

Además de cazar
Tan enorme término tiene no pocos parajes naturales de interés, corazón de los Montes de Toledo, vegetación mediterránea pura: encinas, quejigos, rebollos, pinos (repoblados), chaparros, retamas, jaras, coscojas, madroños, enebros, romeros o tomillos. Sauces y frenos, entre otra vegetación de ribera, magníficas dehesas y cereales, olivares, viñedos y almendros en lo que a cultivos se refiere. Sierras a veces ariscas, con unas tremendas pedrizas, y otras más afables y suaves.

No hay que olvidar la gastronomía, los productos de caza y los típicos manchegos se dan la mano. Perdiz escabechada, venado en salsa… o platos de corzo, de jabalí. Sólo por comer bien merece la pena la visita. Fábricas de embutidos de carne de caza o de quesos también se asientan en Los Yébenes.

El Parque de la Naturaleza de Garoz es una delicia escultórica, fauna cinegética, protegida, escenas de caza, ¡una calle completa llena de arte! No se puede dejar de visitar, la entrada es libre. Por cierto, la taxidermia y la guarnicionería son artesanías propias yebeneras. Juan Garoz inauguró su taller de taxidermia en 1947, quizá el primero de la comarca de los Montes de Toledo.

Merece también la pena ver la Crestería Molinera, excelentes vistas, y unos molinos perfectamente restaurados y que son fiel reflejo de cómo se molía antiguamente, la casa del molinero y una bonita senda para llegar (aunque también se puede ir en coche).

Numerosas ermitas, como la del patrón del pueblo, San Blas, o la del Cristo, y dos iglesias principales, la de Santa María y la de San Juan, que se correspondían con sendas localidades, ya que, durante siglos ¡hubo dos municipios!, desde el siglo XIII hasta que en el Trienio Liberal (1822) comenzó la reunificación. Los dos pueblos eran Yébenes de San Juan (bajo el dominio de la Orden de San Juan de Jerusalén) y Yébenes de Toledo (bajo el dominio del arzobispado de la ciudad de Toledo), separados por el Camino Real de Sevilla (antigua carretera N-401). Fuera del núcleo urbano se encuentra el castillo de las Guadalerzas, que es privado. Como pueden ver, no faltan razones para dejarse caer por Los Yébenes, aunque sea sin excusa cinegética, merece la pena, puedo dar fe.

No me gustaría cerrar aquí esta semblanza de Los Yébenes sin recordar a Luis García Carbonell, más conocido por todos como Luis Apelio, fue un hombre tranquilo, sosegado, bueno, muy bueno. No se le caía la sonrisa de la boca, ni el cigarrillo Celtas, hasta consumir dos paquetes diarios. Con Retama, que hacia bueno el dicho de que un perro es igual que su dueño, con su Land Rover, con su Winchester del .308… Le gustaba la montería, ¡cómo no!, y la espera, la media veda, pero su verdadera pasión era el reclamo, sus pájaros… se marchó sin hacer ruido, y no me pude despedir de él como me hubiera gustado, dejó un hueco enorme…menos mal que su hijo Apelio heredó sus buenas costumbres. Gracias por todo, Luis.


Así será la futura ruta de los museos de Los Yébenes

Museo de las Ciencias
Más de 500 piezas, de los fondos no expuestos en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, se expondrán en los 200 metros cuadrados de la sala de exposiciones del Teatro-Auditorio de Los Yébenes. El Museo de las Ciencias será realidad gracias a un convenio de colaboración firmado entre el Ayuntamiento del municipio y el Centro Superior de Investigaciones Científicas; dicho convenio, además, incluye los trabajos de investigación en las fincas Dehesa Boyal y la Fundación Los Ballesteros. Se está buscando financiación privada para exhibir un esqueleto de ballena genuino (de 1800) y si todo sigue su curso, abrirá sus puertas este mismo año.

Museo de la Caza Garoz
El Museo de la Caza es un empeño privado de la familia Garoz. Contará con espléndidos dioramas donde se combinan la taxidermia, la pintura y la luz –con una perspectiva muy conseguida de todas las modalidades cinegéticas–, un laboratorio de Taxidermia, en el que se impartirán clases didácticas sobre este arte, tienda y taberna-museo, y una sala audiovisual, con capacidad para 150 personas, decorada con distintos trofeos de caza, además de una magna exposición de aves. Las obras están muy avanzadas y el museo no tardará en abrir sus puertas.

Museo Quintos de Mora
Este museo recogerá la increíble colección de armas antiguas, animales y útiles de caza que en su día estuvieron en Quintos de Mora, de ahí el nombre del museo. Hay armas curiosísimas y de gran valor. También hay una colección de trofeos raros. El museo se ubicará en la planta alta de la Casa de la Cultura, en la céntrica Plaza de San Juan.

Panorámica ampliada de Los Yébenes, con rañas, dehesas y sierras de fondo.
Pedro Acevedo es una apuesta cinegética segura para conseguir que Los Yébenes recupere su esplendor venatorio.
Los Montes de Toledo, impresionantes.
El auténtico arte cinegético se respira en cada uno de los rincones de Los Yébenes. Y el artista no es otro que Juan Garoz.
Otra de las esculturas obra de Juan Garoz.

 

La historia de la Fundación Los Ballesteros merece otro reportaje. Esta placa hace alusión a su mentor, Ernesto Alfonso García del Moral.
Luis García Carbonell, más conocido como Luis Apelio.
Lugar donde se ubicará en un futuro el Museo de las Ciencias.
Fachada del Museo de la Caza Garoz, iniciativa privada de la familia Garoz.
Colección de armas del Museo Quintos de Mora.

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