Panorama montero. En el ecuador de la temporada

4 Monterias enero

Comparado con sus trágicos predecesores, no está siendo un mal año, aunque, para ser coherentes, el más mínimo percance, un rasguño, ya debería ser motivo de alerta.

Nos referimos al hecho –que para todos debe de ser un acicate– de que en esta temporada no seamos, cada lunes, la trágica portada de la prensa, nuestra y generalista. A Dios gracias, de momento, aunque haya habido algún percance, incluso con resultados nefastos, parece que estamos rompiendo todas las estadísticas (¡toquemos madera!) y lo que tantas veces pintara en bastos, pinta en oros relucientes, ¡bendito sea Dios!

Podríamos, incluso, felicitarnos por estar haciendo mejor las cosas (hacerlas bien del todo no es nada fácil), pero ni vamos a lanzar las campanas al vuelo ni vamos a ser tan agoreros como otros años, ¡vamos a insistir, una y mil veces, y las que hagan falta! ¡Seguridad, seguridad, seguridad… y cordura, buen hacer y respeto! Si somos capaces de mantener el tipo como lo que somos, monteros, todo lo demás llegará por añadidura… ¡y lo estamos consiguiendo!

Algunos ecologetas, con muy mala leche, van contando y añadiendo la coletilla de «¡Ya veremos al final…!». Sus palabras dan fe de lo que son… Pero este año… ¡no les salen sus diabólicas cuentas! ¡Qué se jodan!

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