En el punto de mira. El rifle de montaña. Breves apuntes

Punto de mira julio

Siempre pasa igual. De camino al cazadero salen las inevitables preguntas sobre la calidad de los trofeos, las distancias de tiro, piezas y lances pasados. Raro es el cazador que no deja claro, en esos momentos previos, sentados en la comodidad del vehículo, su decisión firme de tirar sólo a un gran trofeo: «¡¡De oro para abajo, nada de nada!! ¡¡De oro para abajo, yo no tiro…!!». Parar el todoterreno, poner las botas en el suelo y acometer la primera peña, acaban en un instante con la férrea pretensión, comenzando a servir casi todas las piezas que vamos viendo. Nuestro cuerpo se resiente y el cerebro pide acabar con el sufrimiento lo antes posible. Y es que la montaña es el reto por sí misma. A la dificultad de la pieza se une ahora algo tan evidente como llegar allá arriba, donde viven, con la obligación de superación personal que convierte a la modalidad en la reina de los recechos. Condición física debe ir unida a una no menor estabilidad mental, capaz de superar en ocasiones esa lucha interna para no abandonar.

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