Rebecos alpinos


Hay gente que se pasa la vida sin preguntarse lo que quiere. Conseguir saber esto es muy difícil, pero es imprescindible hacerse la pregunta. Es lo mínimo. Y, en esos momentos en que creemos saberlo, vemos la luz. Si lo sabes ya no te haces otras preguntas, vas a por ello y normalmente lo consigues. Y si no lo consigues, al menos lo has intentado. Y si no lo intentas, al menos sabes por qué no lo has conseguido. Pero no hacerse la pregunta no es vivir y hacérsela sin encontrarla es angustioso. Una cosa que me encanta de la caza es que tengo muy claro a lo que voy y quizá por eso siento una paz inmensa. No necesito preguntas sin respuesta. Paso a la acción y no entro en ese bucle psicopático y tormentoso. El otro día fui a cazar rebecos por primera vez en mi vida. Despedíamos el verano de 2013. Equinoccio de luna llena.

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