Réquiem… en La menor


Aparecieron los grajos en el hilo espeluchao del telégrafo con sus graznidos de angustia. Los espelitres de mal agüero transitaron por la espalda como un vía crucis negro de quebranto, que acobardaba a los pájaros inquietos y emplazaba una jaculatoria en los labios de las ancianas achacosas en sus tocas. Hacía frío y la tristeza rezumaba por las cunetas y en los lindazos. Era como un tiempo roto y perdido, incapaz de encontrar el camino de vuelta. Era un tiempo de réquiem, antesala de la muerte.

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