En el punto de mira, Steiner. Nada se te escapa

Sentados en una terraza atestada de gente y con el sol ya puesto, costaría creer que estamos en Alemania si no fuese por las enormes pintas de cerveza que nos acompañan.

Acostumbrados a pensar que no aquí no sale nadie, uno se sorprende ante tanto ajetreo y vida nocturna en un día entre semana. Y es que, acompañado de responsables de Steiner, de representantes de Beretta Benelli Ibérica y de colegas de prensa españoles, asistimos a una intensa visita a la óptica alemana, coincidiendo con el año que se cumplen setenta de su creación, rematando las jornadas de la agradable forma que les acabo de contar.

Visitar una óptica centroeuropea, a pesar de las diferencias de nivel que, lógicamente, alcanza cada marca, siempre deja aparecer la calidad como seña distintiva de las manufacturas germanas, y Steiner no es la excepción. Vía Nuremberg, llegamos a Bayreuth, la sede histórica de esta óptica. La firma actualmente trabaja en tres campos distintos, caza, militar y marina, aunque sus comienzos, allá por 1947, fueron fabricando cámaras fotográficas a las que vinieron a unirse, a renglón seguido, el producto por el que más se los conoce: el binocular.

Mirando por encima sus momentos históricos destaca en un primer momento la adopción del Makrolon en 1967, un polímero altamente resistente fabricado por la farmacéutica Bayer. Las ventajas de este plástico empujaron a Steiner a usarlo para la fabricación de las carcasas de los prismáticos, consiguiendo gran ligereza sin renunciar a robustez.

Posiblemente, alguno de ustedes estará pensando dónde ha visto escrito esto del Makrolon, siendo durante bastante tiempo el material utilizado también para la fabricación de los cargadores rotativos de algunos modelos de los rifles Steyr Mannlicher o más cercanos aún, el mango de los cuchillos españoles Aitor Oso Negro.

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