La pesca legal, una salida para los cazadores furtivos de Sudán del Sur

Fuente: DiarioVasco.com – Marvis Birungi, 29/07/2012

Muchos sursudaneses se ganan la vida con la caza furtiva en el condado de Terekeka, en el sur del país, donde venden sus mercancías en el mercado negro, aunque algunos han abandonado esta actividad para dedicarse a la pesca legal de la mano de un programa gestionado por una ONG local.

El río Nilo Blanco atraviesa la zona de Gemeizza, en Terekeka, a cuatro horas en coche de Yuba, y en sus orillas pueden verse a pescadores que lanzan sus redes.
Uno de ellos es Simón Pitia Nyamoboro, padre de ocho hijos, que se dedica a la pesca legal desde hace un año, tras haber sido cazador furtivo.
A Nyamboro le ha venido bien el cambio de oficio porque ahora, dice, su salario le permite mandar a sus hijos al colegio. “A veces cojo entre 20 y 25 peces al día y por cada uno me dan 10 libras sursudanesas (unos 2 dólares)”, señaló el pescador a Efe en su barca sobre las aguas del Nilo Blanco.

Antes, Nyamboro era cazador furtivo de antílopes, cuya captura está prohibida en Sudán del Sur al estar en peligro de extinción. Su conversión a la pesca legal se produjo gracias a un programa de la sursudanesa Organización para el Empoderamiento de la Comunidad para el Progreso (CEPO, en sus siglas en inglés), patrocinado por la estadounidense Sociedad para la Conservación de la Vida Salvaje (WCS, en sus siglas en inglés).

Aunque los responsables gubernamentales de Sudan del Sur creen que gran parte de la riqueza medioambiental del país se perdió durante las dos décadas de guerra con Sudán (1983-2005), el WCS estima que todavía queda una población de un millón de antílopes.

Según un informe de 2008 de la organización estadounidense, emitido antes de la declaración de independencia de Sudán del Sur en julio de 2011, el territorio sursudanés alberga una de las mayores y últimas selvas vírgenes que quedan en África y acoge la segunda mayor migración de mamíferos del continente.

Sin embargo, debido a las escasas infraestructuras y medios logísticos, el Gobierno de Yuba todavía es incapaz de controlar a los furtivos en un país en el que gran parte de la población aún conserva armas en sus casas tras años de conflicto bélico.
A los furtivos convertidos en pescadores no solo se les enseña a pescar, sino también a crear cooperativas para ahorrar dinero y afrontar sus problemas financieros.

Lokule Edward Yengi es uno de los profesores de CEPO que en una escuela de la zona instruye a los pescadores cada martes en técnicas de pesca y en cómo organizar la economía familiar.

“Les decimos que aprendan las formas de aprovechar los recursos locales y a resolver sus propios asuntos, en lugar de recurrir a la ayuda extranjera”, dijo a Efe Yengi.

Al igual que en la mayor parte de Sudán del Sur, no hay electricidad en Terekeka, donde el único lugar que cuenta con un frigorífico es una tienda, que funciona con energía solar solo ocho horas al día.

En el pasado, los pescadores temían que su mercancía se estropeara y pescaban menos, pero los profesores de CEPO han enseñado a Nyamboro y a otros compañeros de oficio una nueva manera de conservar sus capturas.

Así, Nyamboro ha construido un horno para ahumar con una capacidad de cien peces: “Si hay gente que viene y compra pescado fresco se lo vendo, pero si no hay clientes lo tengo que ahumar para su venta”.

Pese a estos avances, todavía quedan muchas cosas por hacer ya que lo pescadores afrontan la escasez de medios para transportar su mercancía, las lluvias impredecibles y la precariedad en su equipamiento.

E incluso el mismo conflicto entre los regímenes de Yuba y Jartum les ha afectado.
“Ellos usaban distintos tipos de redes que solían venir de Sudán, pero ahora no hay comercio entre Jartum y Yuba”, subrayó Yengi.

Aun así, gracias a este proyecto se ha reducido la furtividad un 80 % en la zona, según datos de WCS, todo un éxito para un país con un futuro lleno de retos tras su independencia de su vecino del norte en julio de 2011.

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