Apertura con muy poca codorniz en La Rioja

Fuente: ElCorreo.com – F. Domínguez, R. Rivera, Calahorra / Haro, 16/08/2012
En la línea de lo previsto. La apertura de la media veda en el conjunto de la región se movió en términos de escasez absoluta, tal y como temían los cazadores riojanos que salieron a los cotos con la esperanza de que volteasen las apuestas, pero regresaron casi de vacío a sus vehículos. La codorniz brilló, en términos genéricos, por su ausencia, y buena parte de los disparos realizados con calibre del doce se efectuaron al cielo en busca de algunas de las otras especies incluidas en la relación de susceptibles de batida, en muchos casos palomas torcaces que aliviaron las ganas de probar puntería y habilidad entre el listado de escopetas que se decidieron a probar fortuna contra corriente.

En la Rioja Alta, fundamentalmente en los espacios de caza que gestiona la Sociedad Riojalteña de Haro, los asociados advirtieron poco más o menos el limitadísimo cupo de piezas por las que perrear con el animal en busca de un tiro accesible, pero al mismo tiempo menos compañeros por la campiña, en opinión de todas las fuentes consultadas por este medio reflejo del desánimo que ha acabado cundiendo entre los cazadores de la zona.

Muchos de ellos reconocieron no haber visto ni una sola codorniz. Quienes las vieron aseguraban tenerla fuera del campo de tiro y solo una cuadrilla presumía de haber abatido a lo largo de la mañana, entre las siete y las diez, cinco piezas que lucían en su cinturón como una anécdota dentro del solar de la mañana. Incluso ellos advertían que en las piezas de la zona «hay menos codornices que nunca». Otros revisaban su amplio historial y dejaban entrever que esta temporada puede ser «la peor de todos los años que llevamos con la escopeta al hombro».

Donde más tiros se registraron, a vuela pluma, fue, lógicamente, en los términos más húmedos de la comarca. En Haro, en concreto, dos: el que se sitúa entre las localidades de Anguciana y Villalba donde se capturó un puñado de aves; y el que dominan las poblaciones de Anguciana y Casalarreina, terreno de riego y plantaciones de especies hortícolas. Allí es donde, en principio, más volumen de caza se produjo, a tenor de las valoraciones realizadas por los propios interesados antes de resignarse a su suerte y disfrutar, como consuelo, del almuerzo en Fuente del Moro.

Rioja Baja
No fueron muy diferentes los resultados de la apertura de la media veda en los acotados de la Rioja Baja, donde los efectos de la sequía se hicieron notar con una ausencia más que evidente de codornices que, salvo alguna que otra excepción, puede ser digna de figurar en los anales de la cinegética regional.

Si a la sequía le sumamos las altas temperaturas que se vienen registrando ya desde el pasado mes de junio y que por estos pagos las cosecha de cereal se recoge semanas antes que en la zona más al norte de La Rioja, lo cierto es que los cazadores no tenían muchas esperanzas puestas en los resultados de este primer periodo de caza del año.

No obstante, y como suele ser habitual, algunos aún pudieron colgar varios ejemplares de esta ave de paso en otros tiempos tan abundante en estas tierras. En Calahorra, como señalaba Miguel Ciordia, «aún se han podido oír bastantes tiros en la zona por donde hemos cazado, y nosotros (por él y su compañero de caza) hemos cobrado cinco codornices», eso sí, batiendo las zonas más cercanas al río Ebro, donde hay más humedad.

Esta percha le servía para consolarse en cierto modo, dado que según afirmaba, «por lo menos nos ha ido mejor que los dos años últimos, porque el año pasado no matamos ninguna y el anterior una», con lo que se mostraba hasta cierto punto satisfecho y a la espera de lo que se pueda hacer el segundo y último día que se podrá cazar la codorniz en el coto que regenta Socapesca, el día 26 de agosto.

Benditos conejos
Por el resto de la zona riojabajeña la carencia de codorniz resulta más notoria, aunque a la mayor parte de ellos les queda el consuelo de que se puede cazar el conejo, que es bastante abundante y parece no estar muy afectado por la mixomatosis, ya que, precisamente, los calores y la ausencia de lluvia les permite hacer la mayor parte de su vida fuera de sus madrigueras, con lo que el contagio de la enfermedad resulta más dificultoso.

En Alfaro, Agustín Melero señalaba con cierta rotundidad que «prácticamente se puede decir que n o hay codornices», añadiendo que la alternativa del conejo es lo que ha servido para no volver a casa de vacío. Todo ello a pesar de que considera que «hay algo menos de conejo que otros años», señalando que también «son muy escasas las tórtolas que han venido hasta aquí». La única esperanza la ponía Melero en que «si llega la lluvia y, sobre todo, alguna tormenta, tal vez mueva a las codornices y puedan llegar hasta la zona».

Así las cosas, a la mayor parte de los cazadores de la Rioja Baja no les ha quedado más remedio que optar por salir al conejo, como una cuadrilla de Pradejón que aseguraban que «aquí no hay codornices, por lo que tenemos que conformarnos con salir a cazar conejos, que hay bastantes».

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