La crisis reactiva la caza furtiva del arruí en el paisaje protegido de la Sierra del Cid

Fuente: informacion.es

El furtivismo ha vuelto con la crisis. Entre la pasada primavera y el verano han aparecido, al menos, tres cadáveres decapitados de arruí en el extenso enclave montañoso que forman la Sierra del Cid, la Sierra de la Argueña y el Maigmó. Son cerca de 14.000 hectáreas de zona forestal que goza de la declaración de paisaje protegido en el que confluyen los términos municipales de Petrer, Castalla, Agost, Tibi y Sax. 
El elevado precio –4.000 euros por cabeza– que cuesta cazar legalmente una de estas cabras africanas, que se han extendido en la última década con gran rapidez por los montes de la comarca, ha propiciado la reaparición de los cazadores clandestinos, tan habituales en la posguerra en los cotos vedados del centro y norte de España.

Pero el problema no es nuevo. Tiempo atrás se daba de forma muy esporádica. Sin embargo, en los dos últimos años se ha reactivado y de ello tiene perfecto conocimiento tanto la Conselleria de Medio Ambiente como el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil. Sin embargo, la amplia extensión de la zona a vigilar y la falta de suficientes agentes medioambientales y efectivos del Seprona hace muy complejo poder mantener a raya este tipo de prácticas cinegéticas ilegales.


Han podido ser entre cinco y diez los arruí sacrificados en los últimos meses pero sólo se han podido localizar tres cadáveres. En todos los casos se trata de machos adultos que presentan uno o varios impactos de bala y les han cortado la cabeza para venderla o exhibirla como trofeo en sus casas. 
Los expertos consultados creen que son cazadores de la comarca que conocen muy bien el terreno que pisan y los lugares que suelen frecuentar las manadas de arruí. Actúan durante todo el año, en solitario o como guías furtivos de otros cazadores, pueden matar por encargo o por mero placer, controlan los movimientos de los propietarios y vigilantes de los cotos, acceden con moto por caminos recónditos y cazan de madrugada empleando lentes de visión nocturna. Ese es el perfil del furtivo que, en caso de ser descubierto por los agentes, sólo se enfrenta a una sanción económica de carácter administrativo y a la retirada del arma de fuego.


La Conselleria de Medio Ambiente autoriza matar tres arruí hembra y un macho por 500 hectáreas. El permiso para las hembras es gratuito y se prolonga del 15 de julio al 31 de diciembre, pero el de los machos cuesta entre 500 y 4.000 euros, limitándose la caza en este caso al periodo que va del 1 de octubre y el 31 de enero.

Mil cabras africanas en un enclave de 14.000 hectáreas


El arruí, originario de las zonas montañosas del desierto del Sahara, tiene una extraordinaria capacidad de adaptación al medio y de reproducción. De hecho, cada hembra tiene una media de dos crías al año y el seco esparto es todo un manjar para ellas. No existe un censo oficial pero los especialistas consideran que la población de cabra africana que ha convertido la Sierra del Cid, la Sierra de la Argueña y el Maigmó en su hábitat natural se aproxima al millar de ejemplares. De ahí que la Conselleria de Medio Ambiente permita su caza en determinadas fechas del año como mecanismo de control cinegético. Pero para disparar contra cualquier ejemplar hay que obtener antes un permiso de la Conselleria y, una vez abatido el arruí, hay que avisar obligatoriamente al agente medioambiental de la zona en un máximo de tres horas. Éste se encarga de hacer las preceptivas fotos del animal y de medir la envergadura, longitud y grosor de la cuerna a efectos meramente estadísticos.

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