Condenado un cazador cuyos cebos mataron a cuatro aves protegidas

Fuente: sociedad.elpais.com 

Tres milanos reales, dos de ellos portadores de emisores de seguimiento por satélite de un programa de reintroducción de aves rapaces en peligro de extinción en Mallorca, aparecieron muertos, en agosto de 2009, en un coto de caza, donde se halló también el cadáver de un aguilucho de laguna esparver.

 

Las cuatro aves protegidas perecieron porque habían tragado cebos con dosis letales de malationun pesticida de gran efecto de choque que fue dispersado “para eliminar especies depredadoras de la caza”, según los jueces que han condenado a penas de multa e inhabilitado al gestor del espacio rural.

La Audiencia de Palma ha ratificado la condena como autor de dos delitos contra la fauna al cazador que alquiló la finca donde se hallaron las rapaces muertas. La prueba incriminatoria clave fue el hallazgo en la caseta del coto, en una finca de Sa Marina de Llucmajor, de una bolsa de veneno idéntico al detectado en los cadáveres.

M. A., de 50 años, es considerado autor de dos delitos contra la fauna, con una pena de multa de 17 meses y 6 euros al día, tres años de inhabilitación como cazador y el pago de una indemnización de 11.600 euros por el gasto ocasionado por la muerte y el coste de reposición de las cuatro aves. En la vista dijo que su coto era frecuentado por personas importantes que no identificó.

El Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil investigó el caso, desvelado al observar los ornitólogos el posicionamiento fijo durante varias jornadas de las aves que portaban chips emisores. En la vista fue clave el mapa de seguimiento de las rutas de los milanos, especie amenazada y reiteradamente víctima de envenenamiento.

“Éste es uno de los casos más graves de delitos contra la fauna de los documentados en Baleares por el daño causado y porque se halló en la finca la bolsa del veneno. Los milanos están en grave peligro de exterminio”, ha reseñado un técnico de Medio Ambiente del Gobierno de Baleares, que ejerció la acusación del caso junto a la Fiscalía de Medio Ambiente y el Fondo internacional para la Conservación del Buitre Negro. Los cebos envenenados eran pequeñas aves, tórtolas y pájaros en cuyo interior se había introducido el pesticida.

En su defensa el cazador condenado alegó al tribunal que “adora la caza” para rechazar que hubiera sido el autor de la dispersión de cebos, ante lo que el magistrado ponente observó que no supone un “contra indicio alguno; todo lo contrario, pues eliminando rapaces protege las especies que pueden ser legítimamente cazadas”.

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