El fin de la berrea

Fuente: elperiodicoextremadura.com / José María Corrales

Cuando las tan esperadas lluvias del otoño por fin nos han dejado su regalo, finaliza un rito que cada año se repite al final del verano y principios de la nueva estación, se trata de la berrea, donde los ciervos dejan oír su bronca voz en nuestras dehesas, cumpliendo su tarea de cubrir a las ciervas que en celo eligen a los individuos mejor dotados para su apareamiento.

 

Existe un estudio realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Castilla-La Mancha, según el cual, los individuos mejor dotados y con cornamentas mayores ‘informan’ a las hembras que poseen un semen con un mayor número de espermatozoides y que la movilidad de éstos es mayor, algo que los convierte, sin duda, en los mejores progenitores de su próxima prole. Estos estudios demuestran que las hembras no tienen, por tanto, el papel pasivo que hasta ahora se les atribuía, esperando simplemente que el ciervo ganador de las batallas fuera el que se aparejara con ellas.

Este año he tenido la suerte de haber ido en varias ocasiones a ver la berrea a diferentes puntos de Extremadura: Cijara, Sierra de San Pedro, Monfragüe… siendo este último lugar mi favorito y de él la finca de ‘Valero’, una de las mejor gestionadas y conservadas de la Reserva de la Biosfera.

El penúltimo día que fui al parque nacional acompañé a un equipo de El sol sale por el Oeste de Canal Extremadura Radio y gracias a un magnífico equipo de grabación, pudimos registrar las últimas llamadas de los ciervos de este año. Durante la visita vimos que los ciervos ya mostraban el cansancio de tantas aventuras amorosas y algunos que aun mantenían el tipo, tenían su vientre manchado de un oscuro color, restos del semen de las numerosas cópulas llevada a cabo y el descanso reparador que durante el día les permite tomar fuerzas para al anochecer recobrar su actividad. Fue una despedida espectacular a un principio de otoño que aun no nos ha dejado lluvias suficientes pero que pinta bien.

El pasado viernes recibía la llamada de un joven diplomático que, acompañado de otros tres compañeros, preguntaba si aún estaban a tiempo de venir a Monfragüe a ver la berrea; evidentemente, les dije que era un poco tarde, pero que gustoso les enseñaría el Parque y que, aparte de la berrea, el parque tiene muchas más cosas que contar.

Ellos habían planificado un fin de semana de playa y se dieron cuenta, viendo las previsiones del tiempo, que en el único sitio que no diluviaba era en Extremadura. Reservaron alojamiento en Monfragüe y serían las del alba cuando salí de casa desde Cáceres con una niebla que me hizo ir por la autopista en lugar de la carretera de los cuatro lugares.

Cuando llegué, afortunadamente, la niebla había desaparecido y durante el camino me había brindado magnificas imágenes de un amanecer entre nubes. Disfruté de un día genial con las ocurrencias y la inmensa curiosidad de los jóvenes que celebraban haber decidido venir a Extremadura.

Las águilas, buitres, los ciervos y un jabalí decidieron hacerles honores y que disfrutaran de la visita. Probablemente alguien se plantee quiénes eran estos diplomáticos que me llevaron a Monfragüe, no revelaré sus nombres, bueno el de uno sí, era Pablo Pérez Guerreira, el hijo mayor de Francisco Pérez de Torres, el que fuera durante muchos años director de ‘El Periódico de Extremadura’, como su padre tiene la mirada limpia y una curiosidad sin límites. Con ellos disfruté mi última berrea del año.

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