SOS de la perdiz roja española

Fuente: deia.com

El declive de la perdiz roja, reina de la caza menor española por definición, sigue dando pasos hacia su desaparición sin que nadie le ponga freno.

 

El último capítulo conocido llega gracias a los científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) cuya investigación sobre el impacto en la perdiz roja (Alectoris rufa) del consumo de semillas blindadas con plaguicidas concluye que la alimentación con estas semillas es altamente nociva para estas aves y que puede llegar a ser letal según las cantidades ingeridas.

El trabajo de investigación parte de una iniciativa conjunta de la Oficina Nacional de la Caza, la Fundación para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza y la Caza (Fedenca) y la Federación Española de Caza, quienes, preocupados por el declive de la perdiz roja, decidieron financiar esta investigación con el apoyo de la Fundación Biodiversidad. Muchos nombres y más siglas, por fin autorizadas y con prestigio, para ratificar algo que muchos cazadores de a pie ya intuían hace muchos años. Que las semillas que se usan en la agricultura cercenan a las perdices con sus componentes en unas fechas en las que su alimento está casi exclusivamente basado en el grano.

DENUNCIA 

De hecho, desde los primeros años de la Asociación para la Defensa del Cazador y Pescador (ADECAP) esta denuncia figuraba entre las primeras de su agenda por mejorar la situación de la caza. Así lo denunció su presidente, Juan Antonio Sarasketa, en la plaza Gipuzkoa aquel histórico 17 de abril de 1991, durante la manifestación más grande vivida hasta la fecha en Euskadi, y a nivel estatal, a favor de la caza. Sarasketa aseguró entonces que el color rojizo de las semillas certificadas procedía del cianuro potásico con el que se las recubría. Eran los primeros pasos de un problema que ahora por fin parecen ver la luz -la perseverancia del propio Sarasketa en el asunto todos estos años tiene mucho que ver-, pero de ello queda aún esperar sus efectos en las distintas administraciones. Porque hasta la fecha, salvo por pequeñas e intrascendentes medidas administrativas, nadie ha querido tomar cartas en el asunto de una forma seria. Por cierto, en este problema tampoco se trata de criticar a los agricultores, que bastante tienen con sacar adelante sus cosechas, sino de hacerlo de otra forma en que no se perjudique directamente a la fauna, donde la perdiz ocupa el escalón más alto de las aspiraciones cinegéticas, pero que también afecta a otras especies de aves y fauna, a sus depredadores y a todo el campo en general, que es quien recibe el veneno en definitiva.

Volviendo a la perdiz, la fuerte sequía padecida este año ha esquilmado muchos bandos e incluso desertizado zonas en las que antes se dejaban ver. El desolador panorama ha encendido, más si cabe, las luces de alarma por la supervivencia de la patirroja y su futuro inmediato. Sobre el que acucian otras históricas y conocidas causas como las concentraciones parcelarias, una agricultura agresiva, la falta de hábitats ideales para su supervivencia y la progresiva humanización del campo. Sin olvidar la propia presión cinegética, que este año ha sido mínima o nula por la falta de efectivos cazables. Demasiados enemigos juntos para que la reina española de las aves pueda salir indemne.

La solución para la patirroja -la autóctona española, no esos pájaros gestados en laboratorios ni en criaderos de postín- pasa por recuperar progresivamente sus hábitats y favorecer los espacios donde pueda vivir, alimentarse y criar en condiciones favorables, y para ello será obligatoria la toma de medidas a distintos niveles. La Administración, las diferentes administraciones, y la clase política tienen mucho que decir y más por hacer. También los cazadores y el sector primario. La perdiz roja española se lo merece.

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