La crisis llega con fuerza a los cotos de caza burebanos

Fuente: elcorreodeburgos.com

 

Los ingresos que de forma tradicional recibían los ayuntamientos burebanos por el aprovechamiento cinegético de sus cotos han caído a causa de la crisis económica. 

 

Así ha sucedido en localidades como Salas de Bureba y Oña con subastas que han quedado desiertas, concretamente para la caza de corzos, suponiendo en el primer caso una pérdida de ingresos de 22.000 euros. Esto ha motivado que los Consistorios opten por la venta individualizada de los precintos que, al ser más económicos, si han atraído a los cazadores. 

Por ello, el cálculo de los ingresos por el aprovechamiento cinegético es ahora mucho más incierto al depender de la demanda, lo que obliga a aplazar o replantearse las inversiones previstas por estos ingresos. Otra situación que se crea con el descenso de piezas de caza abatidas por el menor número de practicantes son los daños a la agricultura y la presencia de corzos en las carreteras de la zona.

Esto añade una cierta incertidumbre a los Ayuntamientos, ya que son ellos quienes han de asumir los costes de los daños que los vehículos sufran si el siniestro se produce dentro del término municipal. Lógicamente, un aumento de los incidentes por esta causa se ve reflejada en el incremento del coste de las pólizas suscritas por los municipios con las aseguradoras que cubren los citados siniestros. Todos estos problemas, a la hora de encontrar postores para la caza mayor, pueden en un plazo corto extenderse -con las lógicas diferencias-, a la caza menor en este caso por la falta de piezas. 

La falta de aves en los terrenos de caza no es algo inusual, ya que son muchos los factores que determinan su presencia, y de hecho en temporadas puntuales, por decisión de los cazadores, se dejó de cazar para facilitar la repoblación. 

Pero el cambio de la situación económica ha llevado a los que practican este deporte, a buscar la forma de maximizar la inversión lo que combinado con los cambios en la agricultura preocupa a los ayuntamientos. 

Los cazadores señalan que además de las ‘bajas’ que producen la maquinaria en la cosecha la ausencia de zonas ‘seguras’ como los ribazos de los arroyos o manchas forestales perjudica a las aves. También la rápida recolección de la paja de la cosecha, además del corte casi a ras de tierra de la planta, está agravando de forma muy notable a esta situación. 

Cabe recordar que hace unos años el aprovechamiento de la paja era prácticamente nulo, y se consideraba más como un problema que como una fuente de ingresos. 

Así, afirman que se ha llegado a realizar el enfardado de la paja prácticamente recién cosechado el grano, dejando sin un hábitat adecuado a las piezas, que sólo cuentan entonces con las zonas de vegetación que rodean las fincas, también escasas, como refugio. 

 

Menor reproducción

Esto lleva a una menor posibilidad de reproducción de las mismas que reduce la cifra de presas a la hora de practicar el deporte en las zonas acotadas. Lógicamente entienden que el agricultor que explota las fincas busque el máximo rendimiento de su cultivo pero se ha llegado a plantear la posibilidad de renunciar al arrendamiento de cotos. Es especialmente planteado por los cazadores foráneos que asumen más gastos en la práctica del deporte abogando que se cambie el modelo y se pague el derecho de caza según los resultados. 

Si esta fórmula llegara a ser la predominante se alcanzaría un modelo similar al que, de facto, se está dando con el corzo en la que el cazador invierte no en arrendamiento de terreno sino en los precintos para cobrar piezas individualmente.

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