Toledo, el paraíso de la caza mayor

La reina de las cazas por excelencia es la caza mayor, de ella se deduce que son en las que se abaten las mayores piezas de caza que se permite abatir en el territorio nacional. Para ello nuestra provincia es de las privilegiadas dentro del panorama nacional por sus grandes extensiones dedicadas a ello, como la calidad y cantidad de las reses que pastan y deambulan por los montes, publica hoy latribunadetoledo.es

Esta especialidad cinegética atrae de igual manera a cazadores experimentados como a aquellos que se inician en estas empresas. Los montes de Toledo han sido lugares codiciados para poder abatir piezas de gran calidad que ostenten buena puntuación. Pero hay que diferenciar de aquellos cotos que albergan caza mayor y son de propiedad pública o aquellos que han ido incluyéndose en los latifundios de grandes hacendados.

Los cotos sociales, normalmente en propiedad de los ayuntamientos o de diferentes propietarios que tiene pequeños terrenos, son explotados por sociedades de cazadores o por un grupo que con una ostentosa puja, se reserva el privilegio de realizar las monterías, lances y esperas durante el periodo hábil de caza.

Otro aspecto distinto y que la provincia puede dar fe de ello, son las grandes fincas privadas de caza, con miles de hectáreas de extensión cada una y que o bien son explotadas económicamente o son organizadas cacerías de sociedad promovidas por los dueños de los latifundios.

El rey de la península es el venado y de ello abunda tanto por toda la franja sur provincial, como por el noroeste lindando con Ávila y Madrid. Pero si de algo se puede presumir en esta tierra, es de los espectaculares animales de grandes envergaduras córneas que pasean por los montes de Toledo.

Para su captura son con las monterías el formato ideal, organizado de manera precisa y una vez estipulados los puestos que se van a poner, se abre el proceso para ir ocupándolos. Este proceso puede ser más o menos económico, dependiendo del paraje, el coto o la propiedad que lo precise, así como del cupo determinado de animales por escopeta y sobre todo de la calidad de los astados de otros años.

Con el tradicional sorteo da comienzo la montería que a la vez que se degusta el legendario taco, va poniendo en situación a cada uno de los monteros. Estos cuando están preparados, se les trasladan a los puestos muchas veces acompañados de un secretario o persona que le auxilia y ayuda. Desde allí estarán con su rifle esperando que entren en su radio de acción las reses.

Este es el momento más emocionante del lance, cuando las realas empiezan a batir el monte y a ahuyentar a los animales hacia donde están situados los cazadores. Los ladridos anuncian la llegada de una posible pieza que de tener suerte y tino es abatida si entra por el montero. Esto se repite si entran más reses hasta que se acaba con el cupo o hasta que finaliza la montería.

En este momento se recogen las reses y son llevadas hasta el punto decidido, donde algunos se fotografían junto con las piezas abatidas y que son merecedoras de medalla por la dimensión de la arboladura, las puntas y el grosos de las astas.

Tras ello, llegan  los matarifes a desollar las canales que después se degustarán en los más codiciados restaurantes de comida especializada en la caza. Además hay que resaltar el importante impulso económico que supone estas actividades en las zonas donde hay caza, pues se benefician, restaurantes, bares, hoteles, supermercados, tiendas de ropa y armas, realeros, secretarios, carniceros, matarifes y un gran número de personas que de una forma u otra encuentran en la caza mayor u sustento o una ayuda económica importante en sus familias.

Publicado en latribunadetoledo.es

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