La Diputación autoriza el control biológico para evitar las plagas de topillos

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No son pocos los quebraderos de cabeza que de forma recurrente los topillos causan a los agricultores, principalmente, pero también a otros colectivos que desarrollan algún tipo de actividad en el campo, como son los cazadores, por ejemplo, publica elnortedecastilla.es.

Hasta el momento se ha optado por medidas que desde colectivos defensores de la naturaleza son consideradas muy agresivas, cuando no perniciosos para el medioambiente, como la utilización de rodenticidas –veneno–.

Convencidos de que existen alternativas, el grupo provincial de Toma la Palabra IU-EQUO presentó en el último pleno de la Diputación una proposición para que desde esta institución se fomente el control biológico del roedor campestre. La propuesta salió adelante con el compromiso de instalar, en colaboración de los municipios, cajas-nido para la nidificación y refugio de especies predadoras de topillos como son las lechuzas, búhos y cernícalos.

En total serán 300 las unidades que se adquirirán, a un precio de 50 euros cada una, y que se instalarán en apoyos habilitados para tal fin o aprovechando edificaciones del medio rural, edificios tradicionales o singulares y también en infraestructuras del tendido eléctrico, entre otras posibilidades.

La elaborada proposición, rubricada por el diputado provincial Salvador Arpa, entre otras conclusiones explica que existe un conflicto «a la hora de controlar la aparición masiva de estos roedores. Y desgraciadamente parece que todavía se sigue pensando que envenenando con rodenticidas es una posibilidad a tener en cuenta. Cuando se dan otras posibilidades que respetan y promueven el mantenimiento natural del ecosistema». Asimismo, para dejar patente el coste económico de las medidas adoptadas hasta el momento, en el escrito se señala que ante el azote de topillos en Castilla y León en los años 2007 y 2008, la Junta tuvo que invertir 16 millones de euros a los que se sumaron nueve millones en indemnizaciones.

Como se señala en el escrito defendido por Arpa, desde el 2009 se trabaja en un estudio de medición de poblaciones de topillos realizado por el Grupo de Rehabilitación de Fauna Autóctona (GREFA), en un proyecto de control biológico del topillo que cuenta con la colaboración del Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos del CESIC y la Universidad de Valladolid, entre otros, con experiencia en varios municipios de nuestra provincia como Villalar de los Comuneros. Pero también se ha impulsado por las localidades de Medina del Campo, Nava del Rey o Piñel de Abajo.

Es en este último municipio, ubicado en la comarca de Peñafiel, donde tiene su origen la iniciativa de los grupos de la Diputación para secundar medidas que favorezcan el control biológico de los topillos, y más en concreto, en uno de sus concejales, Eduardo Perote, de IU Toma la Palabra. El edil ha asesorado a los diputados provinciales.

Perote, perteneciente a la Asociación Prao de Luyas, ha aportado su experiencia en este tema después de organizar, junto al Ayuntamiento piñelano, unas jornadas de ‘Recuperación del bosque autóctono de Piñel de Abajo’ donde se colocaron varias cajas-nido por parte de los participantes, incluidos cazadores, colectivo que también se ve afectado por los topillos al ser una vía de transmisión de enfermedades como la tularemia entre especies cinegéticas. Unos murales pintados en el pueblo, donde los cernícalos y las lechuzas son protagonistas, atestiguan aquel encuentro en el que participó el GREFA.

Conclusiones

Entre otras conclusiones se determinó que las campañas de envenenamiento con cereal no dan buenos resultados debido a que el topillo campesino es herbívoro, alimentándose de brotes verdes –de leguminosas como alfalfas, y de cereal, del cual no consume el grano. Todo lo contrario, los venenos «sirvieron para matar multitud de liebres, perdices, conejos, palomas, rapaces…». Zorros, aguilucho cenizo, lechuza, cernícalo, comadreja, cigüeña y culebras son los depredadores naturales de estos roedores, pudiendo consumir una lechuza o un cernícalo hasta 900 ejemplares durante los tres meses que dura la época de cría, por lo que resultan «raticidas económicos y muy rentables», quedó reflejado en las citadas jornadas.

La proposición contempla un conjunto de objetivos que van desde favorecer la recuperación de las especies rapaces mencionadas, hasta otras medidas que buscan la perfecta simbiosis entre la actividad agrícola y la sostenibilidad medioambiental.

Publica en elnortedecastilla.es.

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