«No les interesa la actividad ganadera»

Fuente: elcomercio.es

A José Ramón Riestra Noriega, ganadero de la aldea de Párrade, a un kilómetro de Boquerizo, en el concejo de Ribadedeva, el jabalí le levanta todas las noches la enorme finca de ‘El Casetu’ que hace un mes plantó de maíz. Riestra no tiene ninguna esperanza en cobrar los daños ni tampoco piensa reclamarlos porque sabe que «los políticos que nos gobiernan y los titulares de los cotos de caza son unos ignorantes». Y no tiene inconveniente en afirmar que «si yo fuera presidente del Principado le daría diez días a la Guardia Civil para que acabara con los jabalíes».

En el año 2009 a Riestra le certificaron daños del verraco por valor de 3.770 euros y todavía está esperando a cobrarlos. Dice que «se fueron pasando la tostada entre los cazadores de Ribadedeva y la Consejería de Agricultura y al final no escuché más que tonterías».

Riestra, que se cartea con la Casa de Su Majestad el Rey, con la ministra de Economía de los Emiratos Árabes y con las principales industrias mundiales de producción de alimentos, está considerado como la máxima autoridad española en materia de forraje y agricultura. Por eso, no le preocupan estas minucias de la puerta de casa, pero quiere que cambie la forma de entender los daños causados en los cultivos por animales salvajes. El ribadesense opina que a algunos políticos «no les interesa que siga la actividad ganadera» y de ahí se deriva que nadie sea capaz de entender el daño en los cultivos como «una falta de respeto al trabajo del ganadero. Es lo mismo que si yo entrase en una oficina para destruir las sillas, mesas, ordenadores, ficheros y archivos de la gente que allí trabaja».

El ganadero ribadedense sabe de lo que habla, aunque cosa bien diferente es que alguien esté dispuesto a escucharle y seguir sus concejos. La experiencia le avala. Tras estudiar tres años en la Escuela de Agricultura de Montpellier, trabajó otros ocho como encargado de la Cooperativa de Uso de Maquinaria Agrícola de los Pirineos Atlánticos. El arado de la tierra para plantaciones de maíz, desde Perpiñán a Aquitania, alcanzaba las 12.000 hectáreas y asegura que durante ese tiempo «nunca se produjo un daño por causa del jabalí. Si tal cosa le hubiese ocurrido a un agricultor francés, sería capaz de coger el coche y plantarse en París para reclamar directamente al presidente de la República».

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