Los jabalíes veranean en las calles de Vilanova

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En la calle Ponte da Virxe no es tan difícil tropezarse con los jabalíes. Nada de horas intempestivas. Puede pasar a las siete y media de la tarde y con vecinos de paseo. Los tres jabatos que quedan de la camada que nació hace seis meses en ese barrio no tienen miedo de la gente. A fin de cuentas, los dueños de las huertas próximas les salvaron de algún apuro en sus primeras correrías. Cuando, por falta de experiencia, acaban atrapados en el interior de alguna finca cerrada. En pleno casco urbano de Monforte, y a escasa distancia de la zona de baño de Vilanova, los rayones parecen haber encontrado su paraíso particular, publica lavozdegalicia.es.

Los vecinos están convencidos de que los tres jabalíes que se paseaban el jueves por la calle a plena luz del día pertenecen a la prole de la hembra que se instaló el pasado invierno en las fincas a monte próximas a sus casas. «La madre desapareció y de las cinco crías quedan estos tres», dice Mari Carmen Pradera. Cazadores y agentes de Medio Ambiente vaticinaban que los nuevos inqulinos desaparecerían en cuanto los jabatos creciesen. Pero parecen haber errado en sus pronósticos. «No se marchan de aquí. Dejas de verlos dos días y al tercero ya vuelven aparecer», comenta esta vecina.

Su huerta era una de las que sufrían con mayor frecuencia los destrozos de los jabatillos. Sea gracias a los cierres, o a que los jabalíes les resulta más difícil colarse, parece que los daños van a menos de un tiempo a esta parte. De la madre nada se sabe. Tampoco hay noticias desde hace tiempo de sus otros dos hermanos. Pero los tres supervivientas de la camada parecen dispuestos a echar raíces en el barrio de O Morín. «Van de un lado para otro cruzando el regato de Rioseco. Tienen cincuenta sitios donde refugiarse con la misma maleza que si estuviesen en el monte», comenta un vecino del Ponte da Virxe.

Ni se inmutan

Al haber crecido en una zona urbana, los jabalíes que merodean por esa calle no parecen temer la proximidad del hombre. Cuando fueron fotografiados el pasado jueves, había gente paseando a muy escasa distancia de donde estaban. Ni siquiera se inmutaron mientras los retrataban. «No recelan porque nadie les hizo daño nunca», corrobora Jesús Rodríguez, que tuvo en sus manos uno de esos jabalíes cuando apenas contaban con unas semanas de vida. Fue para que pudiese salir del cierre en el que había entrado y del que no conseguía salir. «Vamos a tener que darles de comer», bromea un vecino. «Mejor le damos el dinero y que vayan fuera», responde con sorna Mari Carmen Pradera.

Publicado en lavozdegalicia.es.

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