La perdiz sufre la ausencia de conejos en los cotos salamantinos

Fuente: diariodesalamanca.es

Da igual que sea caza menor, mayor, pelo que pluma, el mes de noviembre tiene en el campo a la cinegética como protagonista.

Atrás quedaron ya los meses de desvelos por cuidar lo que quedó de madre en los cotos, y en este mes llega el momento de recoger lo sembrado y lo que la naturaleza ha puesto de su parte, pero a tenor de los primeros resultados todo indica que no fue suficiente. La práctica venatoria acapara ahora la atención de miles de apasionados que desde el pasado 27 de octubre buscan recompensa al esfuerzo de meses de trabajo, de siembras, desbroces, limpieza de fuentes, y construcción de refugios.

 

Como en el resto de nuestro acontecer diario, en la caza también la risa va por barrios, y lo que parecía podía ser un año aceptable para especies como la perdiz, para la mayoría de los cotos de nuestra provincia la presencia de la reina de la menor es decepcionante, y es que a veces de poco sirve el empeño de meses de dedicación cuando la caza está sujeta a otros muchos factores, ajenos a la gestión que los cazadores pueden llevar a cabo.

Todo indica que la ausencia de conejos está llevando a la perdiz a un callejón sin salida debido al alto grado de depredación de que es objeto. En estos escasos días de temporada se han podido observar pequeños bandos de perdices nuevas, cuatro o cinco ejemplares que han sobrevivido a la ausencia de agua en el verano y a la presión de los depredadores. Este hecho constataría la buena cría en primavera y en los albores del estío cuando se vieron polladas numerosas de perdigones, pero un año más, la ausencia de otras piezas de caza más asequibles para los depredadores han dejado a la perdiz en una situación similar a cuando finalizaba la temporada anterior.

La tónica general es que la perdiz crió bien pero no llegó al comienzo de la temporada, pues la mayoría de los cotos muestran casi el mismo número de ejemplares que quedaron al finalizar la anterior. A esta nota negativa se suma la inexperiencia de las que aún pueblan el campo, lo que puede suponer su desaparición en algunas zonas si los verdaderos aficionados a su caza no toman la determinación de adecuar la presión cinegética a la situación real de los cotos.

De este modo, los aficionados a la perdiz viven de las rentas de hace tres años, cuando la buena primavera recuperó sus poblaciones incluso después de un verano y un comienzo del otoño extremadamente seco. Y con estas premisas, y a pesar de encontrarnos al principio de la temporada, no estaría demás que se diese un respiro a las perdigochas y se orientasen algunas de las jornadas, aún por delante, hacia otras piezas, siempre y cuando se pueda elegir. Hay que evitar lo irremediable que supondría para sus poblaciones quedarse sin madre, y eso está en manos de los aficionados a su caza.

Liebres y conejos

Por otra parte, como ya avanzamos días atrás, la liebre parece haberse recuperado de las enfermedades y los envenenamientos. Donde quedaron rabonas se ha podido ver este año un buen número de ejemplares, incluso en terrenos donde sus poblaciones nunca fueron numerosas, la liebre está salvando más de una jornada.

Por el contrario, las previsiones en cuanto al conejo se confirman. La enfermedad hemorrágico vírica ha hecho estragos en la mayoría de los cotos, por lo que sus poblaciones son reducidas y dispersas. Esta circunstancia ha obligado a las especies depredadoras a orientar su alimentación hacia especies como la perdiz, lo que se ha podido corroborar en el campo con la aparición de desplumaderos en muchos puntos, algo que no es habitual en las zonas donde imperan los rabicortos. Pero además, este hecho ha motivado que muchos cazadores hayan reorientado sus predilecciones venatorias hacia especies como la perdiz, con lo cual la presión hacia la reina de la menor puede llevar a sus poblaciones a un trance sin vuelta atrás.   

Por otro lado, el jabalí, especie que cada día ocupa un lugar más destacado en la cinegética salmantina, sigue mostrando su capacidad de cría y adaptación a las nuevas circunstancias del campo, bien por su abandono o por aprovechamientos desmesurados en explotaciones agrícolas o ganaderas.

A pesar de este decepcionante comienzo de temporada, aún puede resultar prematuro aventurarse a lo que dará de sí en su conjunto cuando lleguen finales de enero, aunque todo indica que la suerte está echada.

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