De la caza menor (otras medidas)

Fuente: digitalextremadura.com

Hace unos días, clamábamos aquí contra los titulares de los medios que daban por supuesto un adelanto del cierre de temporada de caza menor.

Bien, se realizó la reunión prevista en la Casa de Cultura del Casar y entre unos y otros, y la Federación Extremeña y las autoridades correspondientes, hicieron un llamamiento al buen juicio y la cordura de los titulares de los cotos y de las sociedades de cazadores para que entre todos, y cada cual,  tomen las medidas oportunas en sus cazaderos. Muy bien. Magnífico. Estupendo. Sombrerazo al suelo y reconocimiento a Federación, Sociedades y Consejería de Medio Ambiente, Caza, o como se llame. Y ahora…

 

Ahora hay que ponerse a ello,  acordar y legislar normas y preceptivas que palien el panorama desolador de especies de caza menor, liebres y conejos sobre todo.

El cazador ha de contenerse y disparar lo mínimo y no más que lo autorizado: de acuerdo. Las directivas, al día con lo de los cupos. Comederos, bebederos, saneamiento, etc.

¿Y los  jabalíes qué? A este paso hozarán bajo el Acueducto de los Milagros, en Puente Palma o en el mismísimo Cánovas ¿Por qué no se autoriza la caza al salto del jabalí al cazador de menor en su cazadero? ¿A qué viene esa drástica reducción de permisos a los esperistas?

A ver quién le hinca el diente al marronazo de la desproporcionada presión ganadera. En una finca de trescientas hectáreas ¿pueden pastar tres mil ovejas? ¿Qué liebre, conejo o perdiz soporta eso? O noventa vacas, pongamos por caso. Doctos tiene Salamanca en esas cuestiones; pues aplíquense al cuento.

Van a conceder más días para controlar a Monsieur Renard. Muy bien; pero hay otros. No es sólo el “margiani” el que preda a las escasas criaturas de nuestras especies cazables. Ténganlo en cuenta vuesas mercedes, prego, s´il vous plaît, por favor. Y a ver si puede ser;  a ver cómo arreglamos algo este panorama sombrío para los que “ a lomos de una chirriante burra  o en tercerola, o en un mixto de mala muerte , nos asomamos cada domingo a las cárcavas inhóspitas de Renedo o  a los mondos tesos  de Aguilarejo”. Ya me entienden.

Por Salvador Calvo Muñoz

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