El caos autonómico acorrala al turismo de la caza

Fuente: euromundoglobal.com

España es uno de los mejores lugares del mundo para cazar. Pero esta actividad, que en otros países es mimada por la fuente de ingresos que supone, no goza aquí del mismo apoyo. No al menos como reclama un sector que mueve al año casi 4.000 millones de euros, y que si la legislación ayudara a profesionalizar, podría poner sobre la mesa un 40 por ciento más.

 

El turismo cinegético es una mina en Sudáfrica, Namibia y los países del Este, que están aprovechando los complejos de España para atraer a los cazadores -de alto poder adquisitivo- a los que aquí cada vez se les complica más su afición. Pero también es una fuente de ingresos notable en Estados Unidos, en Canadá, en Argentina o en Suecia. Incluso países del centro de Asia, como Kazajistán o Tayikistán, y otros de las grandes cordilleras asiáticas, explica Juan Pascual Herrera, de la Fundación para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza y la Caza (Fedenca) «están empezando a olfatear el negocio y a tender reclamos a nuestros cazadores para ofrecerles piezas únicas y con toda una aventura alrededor. Hay cazadores que se están desplazando a países como Irán para cazar jabalíes gigantes».
Andrés Gutiérrez, presidente de la Real Federación Española de Caza se lamenta de que «en los países del Este o en Sudáfrica, el sector cinegético es el tercero o cuarto en importancia para el PIB, y aquí está abandonado. España es uno de los países del mundo que más cazadores exporta, cuando somos un vergel para la caza. Estamos dejando que en plena crisis, el dinero de nuestros cazadores salga fuera y el de los extranjeros no entre porque no se les facilitan las cosas».
Pese a la espectacularidad de piezas de lugares lejanos que todos tenemos en la cabeza, Andrés no tiene dudas. «A Sudáfrica, a por un elefante o un hipopótamo, se va una vez en la vida. Pero quien asiste una vez a una auténtica montería española, repite siempre que puede. Cuidando la caza, podríamos resultar tan atractivos como Sudáfrica».
Laberinto normativo
De idéntica opinión es Alonso Sánchez Gascón, abogado especializado en temas de caza, asesor de la Federación, escritor de libros de caza y, sobre todo, hijo y nieto de guardas de caza en Sierra Morena. «Desde la Federación hemos redactado una ley básica, un borrador, que se ha presentado al Ministerio de Medio Ambiente para que hagan de una vez por todas una sola ley para todo el territorio español. Es de sentido común. No puede ser que ahora mismo haya que tener licencias para cada una de las CC.AA. en las que se quiera cazar y que, además, en muchas de ellas te exijan un examen de cazador. ¡A cazar se aprende cazando! Hacerte identificar unas siluetas de conejo en unas láminas es de chiste, si no fuera por todas las tasas que tienes que pagar. En este país hay cosas tan disparatadas como que hace años figuró en el baremo de especies silvestres la prohibición de cazar en Madrid ¡una foca monje o un oso pardo! Se conoce que copiaron la lista de otra comunidad para ahorrar esfuerzo. Pero no hay que mirar mucho al pasado, hace bien poco, en el País Vasco, donde las Diputaciones tienen las competencias, cada una decidió sacar su ley de caza. Menos mal que se dieron cuenta de la que se iba a montar y rectificaron».
Al margen de los motivos económicos, el tema de la seguridad es también muy importante. Y desde el sector insisten en la necesidad de profesionalizar una actividad en la que se manejan armas. Albert Ituren, profesor titular de Derecho Administrativo en la Universitat de Valencia y director de la Escuela Española de Caza explica que todos los años hay cerca de una decena de accidentes mortales por impacto de bala o plomos en cacerías, «muy pocos para el censo de cazadores y desde luego muchos menos que los que se producen en otros deportes o actividades como pueden ser el ciclismo. Suena raro, pero la trigonometría es fundamental en este negocio; hay que saber cómo y dónde colocar a los tiradores para que estén desenfilados, cuántos caben, en qué ángulos, las distancias de seguridad, el peligro de una bala rebotada o el alcance de un proyectil en caída. Y demasiados lo desconocen. Por mucho que demos charlas y cursos constantemente, y aunque hemos detectado que va habiendo cada vez un mayor interés de los cazadores en disfrutar de jornadas profesionales y seguras, es necesario una mayor implicación de la Administración».
En este aspecto, Andrés Gutiérrez es tajante. «Quien organiza monterías o batidas debe ser un profesional. Aquí, para entrenar a un equipo de chavales te exigen titulación oficial, pero para montar una jornada de caza con 40 escopetas, no. La Guardia Civil comprueba que los cazadores tengan la documentación en regla y que se tengan los permisos, y punto. La Federación da cursos y expide un carné de capitán de montería o maestro de Sierra, pero no es una titulación oficial. Y si en una montería organizada por un capitán o maestro de sierra, jamás ha muerto nadie, por algo será».
Caza y conservación
En cualquier caso, el motivo económico no es la única razón por la que los cazadores quieren que se les apoye. En un informe que la propia Federación de Caza tiene disponible en su página web, se explica que «La caza racional, deportiva y sostenible es una actividad imprescindible para el equilibrio de los ecosistemas y la recuperación de la fauna más sensible; para el control poblacional y evitar daños a las personas (quien se haya cruzado con un jabalí en una autovía sabe a qué se refiere este punto), a la ganadería y a la agricultura». Y cierto es que cuando son otros los que «controlan» las especies dañinas para sus negocios, nos encontramos con métodos no selectivos que, como lazos y venenos, hacen muchísimo daño.
Este punto lo confirma en una sesión organizada por la Federación en Toledo, el presidente de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero, invitado a dar una charla sobre «Caza y conservación», algo que para muchos se suponía que eran términos antagónicos y que Guillermo desmonta a golpe de diapositiva explicando cómo su unión resulta muy eficaz para luchar contra el furtivismo e incluso para mantener en óptimas condiciones los ecosistemas donde cohabitan caza y especies protegidas. Hasta el extremo, confirma, de que «hemos comprobado que en los cotos de caza, se están recuperando sorprendentemente bien las especies protegidas más frágiles, puesto que los cazadores son los más interesados en cuidar las poblaciones sanas de conejos y otros animales que ellos cazan pero que también son el alimento de unos depredadores, como el lince o el águila imperial, extremadamente selectivos en su dieta».
La caza en cifras
Empleo. En España hay 40.000 cotos de caza en los que es obligatorio tener guardas. En total, hay 54.000 puestos de trabajo ligados a esta actividad
Restauración. No solo de caza vive el cazador. juntando restauración y hoteles, los cazadores se dejan anualmente 142.024.000 euros
Transporte y energía. Para desplazarse, lo habitual es que los cazadores dispongan de vehículos todoterreno. Incluyendo el combustible, la factura alcanza los 664.000.000 euros.
Taxidermia. Los talleres de taxidermia a los que acuden los cazadores para conservar sus trofeos facturan un total de 42.260.000 euros
Armas y munición En este sector, el flujo económico alcanza los 162.698.000 euros
Veterinarios. Todas las piezas -26 millones de caza menor y medio millón de caza mayor- deben pasar control sanitario. La factura asciende a 4.867.530 euros
Licencias y seguros. A nivel individual, los cazadores generan un total de 77.574.816 euros
Gestión de cotos. Los arrendamientos y seguros de los cotos alcanzan un importe de 566.250.000 euros
Factura total. Sumando todos los conceptos, en España, esta actividad genera 3.650 millones de euros

 

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