“Donde dije digo, digo Diego”. Sobre la gratuidad de las licencias de caza

No sé que temo más, si al que siempre dice tonterías o al que dice cada vez una cosa distinta y contradictoria de la anterior. Si bien es verdad que lo contrario a lo absurdo es lo coherente, uno no sabe si a esta puntual racionalidad se llega por convencimiento o por simple falta de criterio, que es la madre de la contradicción.

Al comienzo de esta legislatura del PSOE en Castilla-La Mancha, el consejero de Agricultura rechazó sumarse al convenio entre comunidades autónomas para implantar la licencia única de caza. Su razonamiento fue que Castilla-La Mancha perdería dinero, porque muchas personas obtendrían la licencia en otras regiones, siendo la nuestra la que presenta la mayor oferta cinegética.

Para un señor al que no conocía ni de vista, esta presentación intelectual no pudo ser peor, por mucho que a él le traiga al pairo mi opinión. Pero me dejó claro que, o mentía como un canalla o hablaba sin tener ni puñetera idea. Volvemos al punto primero de este escrito: ¿Qué es lo malo y qué lo peor?

En primer lugar, la licencia única vale más que la autonómica, por lo que queda claro que el convenio establece una compensación interautonómica.

En segundo, nunca puede perderse de vista que el concepto por el que se cobra por la obtención de una licencia de caza es el de TASA, cuyo importe (según la ley) nunca puede ser superior al del coste del servicio (en este caso no es otro que la emisión de la licencia). Es decir, que si el consejero reconoce que la Administración obtiene beneficios económicos por la expedición de licencias, está también reconociendo que su importe está por encima de lo que establece la ley. Para que se hagan una idea, una enorme proporción de las licencias quienes de verdad las expiden son las oficinas bancarias colaboradoras, que cobran unos 5 euros por tal labor. Que me expliquen por qué la Administración cobra tanto.

Y sin embargo ahora llegan los reyes magos. El Gobierno regional dice que los ciudadanos de Castilla-La Mancha van a obtener gratis la licencia de caza. Ahora el dinero no importa, porque parece sobrar con tal de comprar voluntades.

Desde siempre he creído que el importe de la licencia de caza es escandaloso, porque incumple abiertamente el principio de equivalencia (eso de que no pueden ser superiores a su coste), como también que, poniéndolas a su coste real, a nadie le puede perjudicar el pago de la tasa, porque el resto de ciudadanos no tiene por qué costear mis aficiones, como yo tampoco las suyas. Nunca me ha gustado ni he defendido el gratis total; mucho menos si es con simple criterio electoral. Nunca me fiaré de un tahúr porque me haya dejado ganar una mano, como tampoco lo haré de quien me insulta a la cara y luego va diciendo que soy el tío más estupendo del mundo sólo porque quiere que le ayude a algo. El tahúr me acabará desplumando y el que me insultó lo volverá a hacer en cuanto se haya salido con la suya.

Pero además, es que este Gobierno regional sigue estafándonos a los cazadores como colectivo. Cazador soy yo, que vivo en Toledo, como lo es mi primo, que vive en Madrid. Para ambos la tasa es ilegal, por exagerada e incumplir el principio de equivalencia. Si a mí no me la cobra, sí lo hará con mi primo (que sin duda acabará haciéndolo también por la mía). Y ambos somos colectivo cazador. Y ambos somos parte de un colectivo que está hasta el gorro de las diferencias autonómicas de regulación y que ha comprobado como nuestra atomización ha sido siempre un medio para hacernos más débiles.

De igual forma, todos sabemos que, como grandes productores de caza, los castellano manchegos no somos capaces de consumir la caza de producimos, por lo que cualquiera que de verdad defendiese la caza defendería también el mercado que esta genera, rompiendo barreras que la hagan difícil, en vez de empeñarse en aumentarlas, empecinándose, por ejemplo, en dejarnos aislados de la licencia única de caza.

La actuación de este gobierno sólo ratifica que, además de querer ganar las elecciones a cualquier precio, la caza y los cazadores le importamos tres pimientos. Ni sabe, ni está, ni se le espera a nuestro lado, por mucho que ahora se quiera vender arguyendo que, de pronto, ahora nos quiere. No, no es amor; es lujuria mercenaria, sexo comprado a precio de polígono de extrarradio y publicitado con procaces minifaldas y escotes verticales. No ha colado. Se les ha visto demasiado el plumero.

Antonio Conde Bajén es vocal del Consejo Provincial de Caza de Toledo

Fuente: abc.es/espana/castilla-la-mancha

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