Sarasketa: «El cazador vasco es un ejemplo porque no engaña a la pieza»

Fuente: Diario Vasco.com – Jesús J. Hernández, San Sebastián, 15/06/2012

Juan Antonio Sarasketa vive rodeado de viejos recuerdos. Sus trofeos de caza, las cartas casi familiares que le escribía su «íntimo amigo» Miguel Delibes, la medalla al Mérito Deportivo y la piel de oso que decora su despacho en la segunda planta de la armería familiar, famosa desde tiempos de su abuelo y ahora en manos de su hijo.

El presidente de Adecap (Asociación para la Defensa del Cazador y del Pescador), de 69 años, defiende la caza con pasión juvenil. «Va en los genes, es innato. A un cazador le puedes quitar las vacaciones, la sal…. pero como le falte esto, se apaga. Es una forma de entender la vida».

– Se acerca el Día del Cazador y Pescador.
– Será este domingo en el campo de aviación de Dima, que tiene 600 metros y se llena siempre. Alcanzamos la XX edición y homenajearemos a las sociedades de caza, que son nuestro baluarte y trabajan de manera altruista. En mi discurso les animaré, porque el cazador vasco es un ejemplo. No engaña a la pieza, es racional, moderado y no prima la cantidad. Es siempre un acto multitudinario al que vienen aficionados desde muchos lugares, algunos desde Alemania.

– ¿Qué reclamarán este año?
– En primer lugar, nos acordaremos de los fallecidos. Los que han sufrido accidentes de caza, pescadores que se han ahogado, otros que nos han dejado de forma natural. No nos olvidaremos de Txetxu Ezquerra, el abogado que murió de forma violenta en el Valle de Mena. Luego hablaremos de los logros, como haber desbloqueado la prohibición de cazar durante la media veda en Castilla y León. Analizaremos cómo ha afectado la crisis al sector y veremos fórmulas para abordar las subastas de los cotos.

– ¿Qué pueden aportar a los agricultores?
– Un estudio del Ministerio de Agricultura y Pesca ha demostrado algo que yo venía denunciando hace años: que las semillas fertilizadas de cereal tenían cianuro potásico. Seis granos bastan para matar a una perdiz, que pesa menos de medio kilo. Hay dos insecticidas que hemos detectado que son letales. En eso, por ejemplo, hemos levantado la liebre.

– ¿Cómo va el relevo generacional? ¿Hay futuro?
– Los cazadores no vamos a desaparecer nunca. Euskadi es un pueblo de cazadores y lo seguirá siendo. Eso no hay campaña que lo tumbe. En toda España hemos perdido medio millón de cazadores en veinte años, pero somos 700.000. El fin de semana va más gente que al fútbol. Ahora hemos creado un movimiento que se llama Adecap Gazteak. Gente joven que levanta la bandera del conservacionismo, de la ética, que están muy preparados en redes sociales. Están comprometidos y son muy respetuosos, mejores que nosotros.

«Somos predadores»

– La presencia de grupos ecologistas en esos medios es importante. La relación será compleja.
– Al principio se puede tener la tentación de chocar, pero lo que debemos hacer es publicitar lo nuestro. La caza no se entiende porque no se conoce. ‘Pobre animal’, dicen. Pero no se puede juzgar desde el sentimiento, sino desde argumentos biológicos. Somos predadores por naturaleza. Algunos ecologistas han perdido el contacto con el mundo rural. Otros no, como Joaquín Araujo, discípulo de Félix Rodríguez de la Fuente, que defiende en su último libro, ‘España, herida de muerte’, que la caza es lo que menos incide en la naturaleza. Yo creo que si no existiera, habría que inventarla. A veces no podemos gestionar las solicitudes de agricultores que ven devoradas sus huertas. Se abaten 2.000 jabalíes al año en el País Vasco y una jabalina puede procrear otros tres o cuatro anualmente. Su crecimiento sería exponencial. El cazador debe regular eso. Si no fuera así, no se podría circular de noche y llegarían a las ciudades, como pasó hace poco en Barcelona.

– La aprobación de la Ley Vasca de Caza fue bastante conflictiva. ¿Están satisfechos con el resultado?
– Hay dos partidos que nos apoyaron. EL PNV, que siempre ha apoyado la caza, y el PP, que siempre la ha entendido. El socialismo no ha tenido ese acercamiento porque la ha considerado un deporte de ricos y quizá lo haya sido en otros puntos de España, pero aquí es propio de gente humilde.

– ¿Y con el reglamento de armas?
– Era una aberración. Nos quisieron retirar las 800.000 armas semiautomáticas que hay en España. Lo conseguimos arreglar, pero nos costó sudor y lágrimas. El mundo de la caza ha salido a la calle dos veces, en Madrid y en Donostia. Dos manifestaciones como no se recordaba otra. Aquello mostró nuestra fuerza.

– ¿Cómo afecta la crisis al sector?
– El de armas deportivas lo está pasando muy mal, en especial los fabricantes. Los minoristas, en general, también a la baja. La caza en conjunto es una actividad que mueve 800.000 millones de las antiguas pesetas. Y que, de forma directa o indirecta, incide en más de seis millones de personas -incluidos los guardas forestales, agroturismos y biólogos, entre otros-. Sólo en Euskadi hay 100.000 aficionados. Pero a ellos les sucede como a los que pasan apuros durante el año y van de vacaciones. El cazador se quitará de otra cosa, pero nunca de esto.

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