Los agricultores de Ribadesella, hartos de los daños de las cornejas en los maizales

Fuente: LNE.es – Patricia Martínez, 20/06/2012

Los agricultores riosellanos ya no saben qué hacer para que las cornejas no les destrocen las cosechas de maíz. Ahora que el producto repelente que echaban junto al grano se ha retirado del mercado, ninguna medida parece suficiente para ahuyentar a estas aves del preciado grano de maíz.

Piden que se pueda emplear el producto de nuevo, «que no era asesino, sólo daba un sabor que repelía a los cuervos», explica José Manuel Rosete, uno de los vecinos afectados en Nocéu.

Desconocen los motivos que llevaron a las autoridades a prohibir el uso de aquel producto y demandan al menos un sustituto, algo que impida que sus horas de trabajo no se esfumen debido al hambre voraz de los pájaros negros. Aunque son conocidos como cuervos, estas aves son en realidad cornejas, de la misma familia y prácticamente iguales, pero de menor tamaño. Los cuervos propiamente dichos están protegidos y no se pueden cazar, al contrario de la corneja, que sí es especie cinegética.

Por esta condición, son los cazadores quienes deben hacerse cargo de los daños, pero ni existe baremo ni es la solución que demandan los agricultores, que acuden a diario a los campos para espantar a los animales, que también estropean la faba que crece pareja y ayudada por la planta del maíz.

Rosete y su mujer, Joaquina González, han dispuesto toda clase de inventos para que la corneja no estropee las plantas que con tanto esfuerzo plantan y cuidan. Cintas y bolsas de plástico, cintas de cassete -que, además, vibran con el aire, pero tampoco les asustan- y discos compactos y 500 metros de hilo de nailon son algunos de los ejemplos que, al principio, sí surtieron efecto pero ahora son poco menos que invisibles. «Tienen hambre y no tienen miedo a nada», explica Rosete.

Enma Rodrigo, también vecina de Nocéu, se enfrenta al mismo problema en su cosecha y cree que «tienen que dejar que echemos el repelente». Destacan que ellos cada vez son menos y cada vez más las adversidades a las que deben hacer frente. Al jabalí, que combaten con el pastor eléctrico, se une ahora la corneja, un animal muy longevo y abundante que campa, come y estropea a sus anchas.

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