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La Luna, Artemisa y la ronda

LA LUNA, ARTEMISA Y LA RONDA

la luna

Acto I la luna

LA LUNA

Qué decir de la Luna, es nuestro satélite, además es el quinto satélite más grande del sistema solar, la Luna nos baña con su influjo, nos mece, nos mima, nos regaña, nos premia y nos castiga, pero sobre todo nos aconseja, hay quien la reza, quien la habla, quien la canta, hasta la hacen dueña y señora de nuestros sentimientos…

Ella juega con nosotros de forma constante, rítmica, es también constante en el tiempo en el cual la vemos, con algunas pocas modificaciones en su rutina, podemos decir que las modificaciones son los eclipses.

Provoca el nacimiento del ganado o los partos de las mujeres, provoca las mareas, en el mundo agrario se hacen muchas labores al amparo de la luna, aún se cosecha con la luz de la Luna como, por ejemplo, las uvas o algunas frutas delicadas, también, se poda, se cosecha o se abona.

En los pueblos se decía antiguamente que la Luna cuando estaba en plenilunio tiraba de todo hacia el cielo, hacia ella, que nos llamaba, ejemplo de ello es que tiran del mar provocando las mareas, o tiran de las crías en los partos de ganado o de las mujeres de forma que los animales suelen parir con la luna. Esto tienen su lógica, al igual que la Tierra tiene o ejerce una fuerza de atracción sobre la Luna, esta última también provoca una fuerza de atracción sobre la tierra, este párrafo merece un mejor desarrollo.

La Luna y el mar

Provoca en los mares la subida del plancton sobre la que se reflejan las migraciones de los grandes mamíferos marinos ya que es la base de su alimentación, formando un río de comida dentro del océano con lo que conlleva a las grandes migraciones debido a su influjo, llevando a un ciclo de cosechas del mar, entonces, es cuando se forman los bancos de peces como los de sardinas, jureles, caballas, o las migraciones de los atunes, delfines, ballenas o tiburones. De presas a predadores y de predadores a predadores más grandes.

Las mareas son provocadas por la fuerza de atracción de la Luna, pero, sobre todo, son en los dos equinoccios donde las mareas son fortísimas. Lógico, pues es cuando los equinoccios se dan hay una mayor proximidad en la distancia de la Tierra a la Luna, no en vano la tierra no es redonda, y su órbita es elíptica.

En el novilunio

La savia de las plantas, el desarrollo de las yemas de los tallos, la fotosíntesis y el enraizamiento tiene que ver con la luna (como si fuera poco). Me explico mejor poniendo ejemplos.

Es el novilunio la fase de la luna nueva.

La Luna se encuentra oculta tras el resplandor del Sol, y disminuye sus consecuencias se produce un ciclo de reposo.

Entonces es cuando en el campo se hace el aporque (cubrir la planta con tierra para que enraíce), la poda, los abonados y la siembra de prados.

Tiene su lógica pues la savia no fluye tanto en la planta, con lo que la herida no sangra, la siembra tiene también su lógica pues, al no tirar el crecimiento vegetativo para la parte aérea de la planta, esta dedica los recursos necesarios para el enraizamiento, obteniendo del suelo los nutrientes necesarios.

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En el plenilunio

En el plenilunio la savia crece, fluye con vigor, se robustece, tiene una explosión de vida, con lo que se puede aprovechar para que algunas tareas sean más productivas, por ejemplo, se pueden hacer trasplantes o algunos injertos para que agarren mejor, se cosechan muchas hortalizas y también los cereales.

Las heridas de la planta no cicatrizan mucho mejor, pero tiene tanta fuerza la planta que en seguida salen brotes nuevos (poda de formación).

Recuerdo que en los frutales se hacen dos tipos de poda en verde y en seco. La poda en seco es la de otoño y es muy buena pues se corta la savia y anuda muy bien la herida. La poda en verde o la de primavera, vale para guiar el tamaño y la forma del árbol para que den más fruto o para que den menos.

Colores y nombres de la Luna

Colores, la Luna tiene unos pocos.

El negro, qué decir de la luna negra, que no es más que la luna nueva, la luna de sangre (tipo de eclipse lunar), luna blanca o llena, luna gris (con las nubes), luna azul (la segunda luna en un mes), luna rosa, luna parda o luna naranja.

No siempre tiene una explicación los nombres de la Luna, antiguamente se dieron distintos nombres para hacer un seguimiento de las cosechas.

Crecientes y menguantes son los cóncavos y convexos, tareas agrarias o ganaderas distintas según la influencia de sus rayos lunares, cada uno de forma distinta.

Tenemos muchas otras formas de la Luna como la superluna, que es el perigeo, o dicho de otra forma, cuando la Luna está más cerca de la Tierra. Tiene su contrario en el apogeo o cuando más alejada esta la Luna de la órbita terráquea.

Los cristales de hielo provocan la refracción con lo que nos puede dar multitud de colores, al igual que el arcoíris se produce por la refracción de la luz solar.

Luna ‘aborregá’

Los pastores la llaman también aborregá cuando las nubes están cerca de ella, arropándola como si fuera la lana de las ovejas, dicen que presuponen agua, hasta tenemos calendario lunar y para conocer más tan solo debemos dirigirnos a los pastores, verdadera fuente de conocimiento.

Sale siempre por el este y cada día lo hace con una demora de cincuenta minutos sobre el día anterior.

No siempre la vemos en el este pues la razón de no verla es porque compite con los rayos solares, es esa competición lo que hace que no la veamos, aunque ahí está, lo que nos puede hacer verla en el sur, el caso es que hay que saber buscarla en el cielo.

¿Que qué tiene que ver esto con la caza? Luego lo veremos, dejemos algo para el final.

Acto II

ARTEMISA O DIANA

Artemisa es la diosa griega de la caza, realmente fue un reflejo de la diosa Diana romana.

Era la diosa de los animales salvajes de la virginidad y protectora de los cazadores, quien veneraba a la diosa Diana obtenía fertilidad, habilidades para la caza, y conocimientos sobre animales y tierras desconocidas.

Diana le pidió a su padre Júpiter algunos deseos, no casarse nunca, un par de sabuesos de orejas gachas, ciervas que hicieran rodar su carruajes y ninfas que la acompañasen cuando fuera de cacería. Los griegos la transformaron en Artemisa, y la hicieron un poco más vengativa que los romanos. Así crearon el Mito de Acteón.

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Esta obra de Paul de Vos (‘La caza del ciervo’) siempre se ha asociado al Mito de Acteón.

El Mito de Acteón

Acteón era un soberbio cazador que poseía unos cincuenta perros maravillosos en la caza, destacando unos sabuesos por lo finos de nariz que eran, otros perros eran temibles en el agarre de las presas, cuentan que no tenían rival en la caza, fue adiestrado en la caza por el mismísimo centauro Quirón.

Sucedió que un día, en uno de los claros del bosque cercano a una charca, o un lago, el caso es que Acteón presintió un ruido con lo que se puso a mirar. La escena que presenció el soberbio cazador le dejó sin habla.

La diosa Artemisa se estaba bañando con sus ninfas, Acteón se quedó embelesado mirando a la diosa, cada vez de una forma más imprudente.

Hasta que la diosa lo descubrió, esta, indignada (no olvidemos que era virginal), castigó de inmediato a Acteón convirtiéndolo en ciervo, este huyó del lugar, pero sus perros tan duchos en esto de la caza cortaron el rastro de un ciervo, ¡su rastro!, para apresarle y terminar devorándolo, cuentan que después de devorarlo los perros estuvieron buscando a su amo, pero no lo pudieron encontrar, con lo que se pusieron muy tristes.

Al final el centauro Quirón terminó adoptando a los cincuenta perros y para consolar a los cincuenta perros terminó haciendo una estatua de Acteón, donde consolaban la ausencia de su amo.

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‘Diana’, una teckel excepcional

Recuerdo que tuve la primera teckel en febrero del año 1982, justo el año del mundial de España, esta nos la regalo a mis hermanos y a mí un amigo de mi padre.

La pusimos de nombre ‘Diana’ por la diosa de la caza, la instruimos en el rastro, o mejor dicho, nos instruyó ella a nosotros.

Era soberbia, hacía honor a su nombre, tenía una nariz impresionante y era brava en demasía.

Recordando momentos vividos con la perra, me viene a la memoria como entraba al agarre con los grandes mastines de boca inmensa, que teníamos en la recova, también era digno de verla detrás del caballo dentro del monte en los tupidos jarales de la mancha con lo pequeña de talla que era, ciertamente no he vuelto a tener un perro que me sirviera tan bien, inagotable en el monte, infatigable, brava, valiente, de olfato soberbio.

Una vez se peleó con un mastín por una presa y se quedó colgando del cuello del mastín.

Nos rifábamos a la perra

Éramos tres hermanos cazando a la misma vez y nos peleábamos por la perra, pues era garantía de éxito cinegético el llevárnosla al puesto con nosotros.

Entonces mi padre imponía la paz al decirnos que se la llevaba él con el caballo y los perros.

Una de las ventajas de ser tres hermanos es que la perra pisteaba lo nuestro y lo de nuestros amigos, con lo que hacía mucha práctica de rastreo.

Por aquel entonces los teckel no estaban bien vistos por su tamaño, pues era una raza que no estaba muy introducida.

‘Diana’ era muy brava, acometía sin miedo, pero a la vez era cariñosa.

Hoy en día me entristece mucho el ver un teckel que no pise campo, de los de exposición, hacemos débiles a los animales, los humanizamos y ese es el fin de su raza.

Debo incluir que en mi casa desde 1982 hemos seguido teniendo teckel de forma casi ininterrumpida, al menos por mi hermano, pues yo no creo que pueda tener un perro en el piso.

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Llega la hora mágica.

Acto III

LA CAZA EN LA NOCHE

Dentro de la noche hay varias modalidades de caza, pero me centrare en tres de momento, porque son las que más he practicado.

LA RONDA, EL VAQUEO Y EL RECECHO

La ronda

Como sabéis se suele practicar mucho en Extremadura, se puede hacer a pie o a caballo, se inició como defensa por parte de los monjes de Loriana en la Sierra de San Pedro, forma de defensa pues los guarros se metían en los trigales o en los campos de cebada y avena que abundan por esas zonas, destrozando sus cosechas, las cuales eran su sustento anual, para evitar eso iban los monjes con sus alanos apresando los guarros por la noche y en el caso que no los apresasen, al menos los echaban de sus sembrados.

La ronda se puede hacer a pie o a caballo, pero el hacerla a caballo requiere bastante pericia, valentía y un gran conocimiento de monta en la dehesa.

No es fácil montar en un encinar por la noche, en mi caso más de un golpe en la cabeza me he llevado con alguna rama y eso que sabía montar con bastante pericia. Una galopada en la dehesa es difícil de día, con lo que de noche… No, amigos, admirar a aquellos que la practiquen.

A pie, pues eso requiere pies y una buena mano para educar a los perros, mano que no tiemble a la hora que no se desmanden por la noche.

Los perros deben de estar muy bien adiestrados

Si un agarre en el monte es peligroso, imaginaos por la noche, si un guarro es peligroso agarrado, imaginad lo que es el agarre de una vaca, no amigos, no, eso es otra dimensión.

Confieso solemnemente que me he venido abajo más de una vez, es más que el miedo hace presa en mí cuando eso pasa. Por eso los perros deben estar muy bien entrenados, casi tanto como los perros de Acteón.

Recuerdo una vez que lazamos una vaca al atardecer que había metido una mano entre el collar que llevaba la campana y el cuello, con lo que solo tenía tres patas, pero cómo se defendía la condenada, pasaba el tiempo y la luz del sol nos abandonó, para conseguir el propósito al final tuvo que venir el veterinario, y a fe mía que le dimos muchas vueltas con la intención de liberarla del dichoso collar, hasta con el coche lo hicimos llegando a cerrarla en unas cuentas ocasiones, pero era impresionante como se defendía y la agilidad que tenía.

El vaqueo

Antiguamente los vaqueros estaban pendientes de los animales y mucho más si llegaba la luna, para aquello de los partos de las vacas, con lo que las daban bastantes vueltas, muchas de ellas por las noches de luna.

La placenta es deseada por los guarros por las noches pues tiene muchas proteínas. Los zorros, por poner un caso, se pirran por ella, yo los he visto muchas veces con la placenta de las ovejas, pero en el caso de los guarros es impresionante, ¡se la beben!

Las vacas muchas veces lamen el becerro y cortan el cordón umbilical, y se toman parte de las paries para quitar el olor a los depredadores, pero, claro, ¡la placenta de la vaca no es pequeña!

La otra parte del vaqueo se produce cuando a mediados y a finales de la primavera los guarros parten detrás de las vacas para comerse los excrementos que expulsan (no olvidemos que las vacas tienen cuatro estómagos). Y esto tiene su explicación porque lo buscan, generalmente lo atribuyo a dos causas; la primera es que los guarros buscan las sales minerales de las heces provocadas por la ingestión y por la rumia que mezclan la paja con las pastillas o tacos con los que se alimentan, los guarros no tienen esas sales minerales en el monte, y las buscan con ansia; la otra explicación es que en la primavera los insectos ponen sus huevos en los excrementos y con lo que se desarrollan las larvas, ¡estas son un producto gourmet para nuestros jabalíes!

Por no hablar de los restos de paja o heno que se aporta diariamente al ganado, ¿es o no es? Como para estar pendiente de las vacas, bien, extrapolémoslo al ganado ovino o al porcino.

El rececho

Estimo no conveniente el extenderme en esta modalidad por ser de sobra conocida, con lo que iré al grano, pongo algunos ejemplos, como el placer de recechar tras los berridos de un venao cuando sale de su territorio de la sierra, para cubrir el territorio de la dehesa o de los llanos. Como cuando el agricultor vigila dos viñas en las que el guarro se apiola las uvas por su goloseo, como cuando en la montanera los guarros buscan las ‘bellotas melosas’, andando encina tras encina, como cuando recorres varias gateras buscando la salida del monte de los guarros, eso es cazarlos al paso.

Según legislación está prohibido, muchas veces la caza por la noche, pero la consabida espera por daños se permite, y… pues eso…

EPÍLOGO

Como decido que sean tres actos tan solo este relato, el epílogo que por definición significa breve resumen o sumario final de las ideas expuestas y donde se sintetizan los conceptos expuestos, por fuerza será la unión de los tres primeros actos.

Cierto que me he dejado algunos interrogantes, vamos a por ellos.

La caza y la Luna

En el primer acto he reflejado la importancia de la Luna en el crecimiento vegetativo, pero nos preguntaremos cuál es la causa que le une con la caza, pues estimo que esto es muy simple, cuanto más sepamos de la preferencia alimenticia de nuestras presas más conoceremos a las presas mismas.

Un claro ejemplo sucede con los corzos en las siembras, aprovechan en marzo las entradas a las siembras, pero desaparecen de las siembras en cuanto estas se encañan. Les encanta el cereal, en brote tierno, tallo verde o en grano, pero en cuanto aparecen las primeras yemas de los robles desaparecen del mundo para internarse en el bosque.

Si conocemos cuando está su alimento favorito podremos anticiparnos a nuestras presas.

Afrodita o Diana es la Luna

En el segundo acto me ciño a Afrodita, pero ¿cuál es la relación entre ambas? Fácil, Afrodita o Diana es la Luna, es nuestro satélite, la luz en la noche, la diosa de la fertilidad que provoca las mareas o las cosechas, la que ayuda los partos, a los cazadores, no es poco, pero como en el mito de Acteón, hay que tener cuidado, no hay que espiarla, ni violarla ni traicionarla pues dura sería su venganza, como cuando se tapa en una espera, más de un guarro he perdido por traicionar su confianza.

La necesaria luz de la Luna

La caza en la noche, cualquiera de las tres modalidades expuestas (os recuerdo que no son las únicas) necesitamos de la luz de la Luna para utilizarlas.

Debemos conocer a qué hora sale la Luna, por dónde la podremos ver, si lloverá o hará frío, si podremos o no movernos con cierta libertad, nos ayudará a orientarnos en la noche el conocimiento, aunque sea somero de las estrellas, tan solo el hecho de conocer la estrella polar nos ayudará.

Hay pocas cosas más bellas que la caza por la noche

Considero que hay pocas cosas más bellas que la caza por la noche, el silencio de la noche, no es tal silencio, aprendemos a oír los sonidos, que es bien distinto de escucharlos.

Podemos oír el viento, pero escuchamos el movimiento de las ramas de eucalipto que es distinto del movimiento de las jaras o de las ramas de las encinas.

Los ruidos de la noche dan para mucho, desde el corretear de los lirones, el silencio de la lechuza con su ululeo, o escuchar primero y luego ver el trepar de una gineta en el tronco de una encina, oímos el cortejo de los cochinos, el castañear de las navajas cuando te amenazan, el cloqueo de las hembras o la llamada de las hembras a su prole.

Los sentidos se agudizan ya estés en una cómoda silla de espera o tapado por el tronco de una encina, en lo alto de una encina o sentado en una piedra, se agudizan, decía, cuando aproveches en un rececho para caminar en el momento en que la presa baja la cabeza para pastar, con pasos cortos, silenciosos, sin pasos en falsos, pisando de lado, despacio (conocía algún sujeto del pueblo de manchita que se vendaba los pies para cazar por la noche).

Pasos cortos y no quedarse al descubierto, para que cuando llegue el momento, meter espuelas o encender las piernas para llegar al agarre, si estas de ronda, o preparar el tiro si estás de rececho o de vaqueo.

Necesitas ser un gran cazador como Acteón o como la diosa Diana para poder conseguir una pieza en la noche.

Con la conciencia tranquila

No quiero causar confusión pues muchos se amparan en el mundo de la noche para cometer ciertas tropelías, cada cual sabe lo que tiene que hacer, pero en mi caso no estoy más en contra de ellos, no hay nada que deteste más que aquel furtivo que caza haciendo daño.

Aunque si hay otra cosa que detesto en forma grandiosa, que es aquel que se dice cazador pero utiliza medios prohibidos para conseguir una pieza, y luego son incapaces de ver un rastro o de cazar de poder a poder, allá ellos con sus consecuencias, que yo tengo mi conciencia bien tranquila.

Alabad a aquellos que lo consiguen en buena lid.

Un artículo de Tomás Cortés Sánchez

Pinchando aquí puede ver el primer artículo de la trilogía: El Lucero del alba, Venus y la caza del jabalí

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