‘De los cobardes nunca se ha escrito’

R- manuel de juan

Corre raudo y veloz arrasando todo a su paso. Galopa sin dilación, sin barreras y sin intenciones de pararse… El cielo se cae en forma de tormenta, la nieve apenas deja ver, el aire sopla gélido como el abrazo de una suegra… Y mis dos guías han dado un par de pasos para resguardarse en una pared de rocas porque dan por sentado que todo está perdido…
Una torada de machos, de íbices, nos han barruntado en medio segundo, y en medio segundo el mundo se cae y no tiene pinta de levantarse. En estas cordilleras, en las cordilleras más altas del mundo, estás en manos de una naturaleza que se muestra más caprichosa aún que en cualquier lado. Estamos a su merced. Lo estoy. Y encima dependo de un avión que parte en pocos días… El temporal se ha cerrado. Mis oportunidades se desvanecen… Quito el vaho de la lente. Y meto la cara dispuesto a morir matando.
La pelota de animales está lejos de cualquier pensamiento cuerdo. Allá donde Cristo dio las dos voces. Pero las balas vuelan y son percutidas por los sentimientos más profundos. Busco en la cruz. Está a mucha distancia. A más de la que imagino. Bala en la recámara no mata. De los cobardes nunca se ha escrito. Vámonos, Polvorilla…
Disparé el cargador. Y, tras ése, otro más, y tras ése, otro. Y la suerte –o la probabilidad– hizo su trabajo. Pero allí mismo le escacharré las patas al que perseguí con mi mirilla.
La caza –sea de pelo o de pluma– hay que tirarla con mala leche, con corazón y con rabia. Lo que hacemos es tremendo, impactante. Estamos eliminando una vida, con su bravura y fortaleza. Qué menos que hacerlo con la locura del conocimiento, de la pasión y de la fiereza. Porque prefiero rebosar de intensidad a ser un jodido insustancial.
Y escalé hasta el barranco más áspero que mis botas han pisado. Y abracé mi trofeo ansiado, deseado y merecido. Y el sol se abrió paso entre las sombras… Y el mundo vio –yo vi– que bala en la recámara no mata… Y que de los cobardes nunca se ha escrito.

 Por M. J. “Polvorilla”

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