Y sucedió el milagro… Potaje de hinojos silvestres

A primeros de Marzo aún no había llovido. El invierno vino muy seco y las cosechas peligraban; Los agricultores miraban al cielo y consultaban el satélite sin que, ni una nube, ni ninguna isobara, les dieran la más mínima esperanza.

Pero ocurrió…comenzó a llover; pasando un poco por agua la Semana Santa, es verdad, pero haciendo que el campo dormido despertara en todo su esplendor. La tierra, agradecida a la lluvia que la hizo fecundar, brotó generosa y se obró el milagro de la vida. Las cosechas se salvaron y los animales tenían pasto suficiente.

Si en cualquier zona de la península esta explosión es magnífica, en la fértil Andalucía ya es impresionante, y si además estamos en Granada ya es como un milagro. Toda la Vega se vuelve flor, las habas están en sazón, los chopos se mueven en su murmullo de plata y, si alzamos los ojos sobre el cielo azul, primaveral, se hiergue imponente Sierra Nevada, blanca como en invierno por la recientes nevadas. Mulhacén y Veleta paraíso de cabras monteses.

Como ya viene siendo tradicional cada año por estas fechas, Ana Cristina Rodríguez nos tiene preparado su potaje especialísimo de hinojos frescos; criados salvajes en los bordes de las paratas de Molvizar,tierra de sus mayores, villa situada en la vertiente sur de la Alpujarra Granadina, hasta donde llega la suave brisa del Mediterráneo.

Aguacates, chirimoyos, almendros, y toda clase de productos de huerta rodean este pueblo blanco, donde quizás estuviera ubicado el paraíso terrenal.

Ana,”granaina”de pura cepa, lleva en su corazón a la ciudad: la cerámica de Fajalauza, los cobres del Sacromomte, la Catedral y la Alhambra; las tradiciones y las pequeñas y grandes historias de su querida “Graná” y sobre todo a su Virgen de las Angustias, “la que vive en La Carrera” y a la que pone velas por los suyos y por todo aquel que se lo pide.

Su cocina es típicamente alpujarreña, basada en productos naturales de temporada y una muestra de ello es este potaje que hoy nos prepara.

Potaje de hinojos silvestres

Ingredientes para seis personas

  • Trescientos gramos de habichuelas blancas
  • Un rabo de cerdo
  • Un trozo de tocino salado, no añejo
  • Trescientos gramos de costillas de cerdo
  • Un hueso blanco de canilla
  • Un manojo de hinojos (300 grs)
  • Una patata
  • Dos dientes de ajo
  • Una pizca de cominos (Además de dar sabor evitan gases)
  • Dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • Una morcilla de cebolla, si es posible alpujarreña

Elaboración

La noche anterior se ponen las habichuelas (Judías) a remojo con agua fría.

A la mañana siguiente se ponen a cocer cubiertas de agua también fría, con el rabo, las costillas, el tocino y el hueso blanco.

Cuando hiervan unos 15 minutos, se desespuma el caldo, y se añaden los hinojos “picaditos” que hemos dejado en agua . Se deja cocer hasta que las habichuelas estén tiernas (una media hora ) y se añade, para que espese el caldo, una patata cortada a trozos y el arroz. Se deja cocer hasta que estén en su punto y se le añade el siguiente majado:

En un mortero machacamos los dientes de ajo, con los cominos el aceite… Se le añaden dos cucharadas del caldo del puchero. Esto tiene que quedar muy bien trabado. Se puede hacer con la batidora.

Se vierte en el potaje y se da un pequeño hervor. Acto seguido se retira del fuego y se le pone encima la morcilla ( que habremos cocido previamente, con unos pinchazos para que no se reviente) al calor del puchero.

Se sirve en fuente de barro precalentada, con la morcilla cortada en trozos por encima y la “pringá” en fuente aparte.

No os podéis ni imaginar como está de bueno ¡Es un manjar!

Este plato requiere un buen vino.

Ya que es muy contundente y sabroso no se ponen aperitivos ni postre, si acaso alguna ensalada.

En la sobremesa podemos tomar el café con una copita de mosto de la tierra y unos pestiños clásicos en almibar.

Para completar la tarde, Ana Cristina nos cuenta antiguas historias de su “Graná.”

Cuando nos despedimos el Sol cae dorado y rosa sobre la sierra.

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