‘La caza como una garantía de salvaguarda medioambiental (III): caza mayor y caza menor’, por Antonio Conde

LA CAZA COMO MODELO DE GESTIÓN EN LA ACTUALIDAD

Dos realidades diferenciadas: caza mayor y caza menor

Previamente hay que señalar, como cuestión fundamental, que hay una sustancial diferencia entre la gestión de la caza mayor y la menor. Así, mientras que la caza mayor en la actualidad goza de buena salud, pese a los intentos ecologistas y que cualquier ataque que se le viene haciendo viene acabando en una vuelta a los abatimientos, de la forma que sea, en la caza menor se da una realidad completamente diferente.

La caza mayor a día de hoy no sufre de grandes predadores, al tiempo de que disfruta de una exponencial disminución de ganado, lo que le permite disfrutar de pastos y comida antes reservado a los rebaños domésticos. El abandono de una importante parte de la superficie rural o que las actuales labores no requieran la permanencia del hombre en el campo (por ejemplo, un olivar requiere una presencia en el campo de no más de 25 días anuales, incluyendo la recogida) provoca que se hayan incorporado como hábitats de estas especies centenas de miles de hectáreas de cultivo agrícola próximas a los cazaderos tradicionales y a veces no tan próximas.

Por el contrario, además de que el abandono de la presencia humana del campo nunca ha beneficiado a la caza menor, se da la circunstancia de que esta sí sufre la presión de multitud de predadores, que aumentan en su número y en su diversidad, incorporándose nuevas especies antes no presentes en gran parte de la Península Ibérica, como es el caso del meloncillo, que está causando grandes estragos en la caza menor. Así, mientras que la gestión de la caza mayor se basa fundamentalmente en la gestión del hábitat (en cuanto a su dimensión vegetal y de posibilitar agua) y la actuación directa sobre las poblaciones cinegéticas, en la caza menor tiene una importancia fundamental la actuación sobre sus predadores, como una parte sustancial de la gestión del hábitat, de forma que se intente conseguir un equilibrio entre piezas y predadores que permita el aprovechamiento cinegético. Y es sobre todo en la caza menor, por su vulnerabilidad, donde han tenido efecto los postulados ecologistas, hasta el punto de que esta fauna, antes riquísima, ha desaparecido prácticamente de muchos de sus hábitats tradicionales.

Tenemos entonces este esquema de gestión:

  • Caza mayor:
    • Gestión del hábitat hidráulico vegetal.
    • Gestión de las especies/pieza.
  • Caza menor:
    • Gestión del hábitat hidráulico/vegetal.
    • Gestión de las especies predadoras.
    • Gestión de las especies/pieza. (Continuará).

Un artículo de Antonio Conde Bajén

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