¿Quién ayuda al sector cinegético?

Juan Caballero¿Quién ayuda…? Podría decirse que prácticamente nadie y, sin duda, por los últimos acontecimientos, podríamos prescindir del ‘prácticamente’. Podríamos y prescindir, empiezan por ‘P’, dos ‘pes’ como la abreviatura del Partido Popular.

A principio del otoño pasado, el mundo de la caza se sorprendía notablemente con las acciones y declaraciones de distintos políticos del PP. Recuerden aquello de Ciudad Real es Caza.

Tanto representantes del Ayuntamiento, con Romero y Merino a la cabeza, como la propia María Dolores de Cospedal, manifestaron conocer la gran importancia de la actividad cinegética para la región, tanto de forma directa como indirecta, a través de sectores como la agricultura y el turismo.

Cospedal se comprometió con la alcaldesa a ayudar al Ayuntamiento en futuros actos para potenciar la cinegética y, con ello, el mundo rural. Muchos cazadores asistimos incrédulos a las declaraciones de la presidenta de Castilla-La Mancha, uno de los políticos más influyentes de nuestro país, y alabamos su valentía y sentido común en comparación con la gran mayoría del ramo dirigente.

El problema es que aquellas declaraciones, por la acción de tres incompetentes políticos y cuatro iluminados, se convirtieron en el beso de Judas, pues, a las pocas semanas, el sector, principalmente la caza mayor, entró en la peor crisis de su historia. Los inspectores de Trabajo y Seguridad Social entraron a saco con todos aquellos que hacen posible la montería, principalmente con el punto más débil: los rehaleros.

Las inspecciones en sí no constituyen el problema principal. Eran problemas, y lo siguen siendo, ciertos inspectores y algunos de sus jefes, que tras escudarse en la credencial de su actividad, guardan un odio tal a la cinegética que les era imposible disimularlo en el transcurso de su trabajo.

Para colmo, los responsables políticos, que en un principio se postulaban para ayudar a solucionar el problema, iban cayendo como fruta madura.

Hoy te decían: «¡No es posible, esto hay que solucionarlo!». Y a los muy pocos días: «¡No hay que exagerar, todo se hace correctamente!». Entre ellos está claro que hay que incluir al propio director general de Trabajo y Seguridad Social del Ministerio, que llegó –hasta eso, llegó– a dar por escrito un acuerdo, que aun no siendo lo que se estaba buscando por el sector, sí al menos solucionaba de forma suficiente el problema.

El compromiso adquirido por el director duró apenas unos meses. Duró hasta que el máximo responsable de tesorería en Castilla-La Mancha, delante de la figura impasible y pasota del subdelegado de Gobierno de Toledo, dijo aquello de: «¿Cómo se atreve a dar por escrito semejante acuerdo?, ¡esto es irrealizable!». Apenas unas semanas después, el propio director negaba su compromiso, ¡le dio exactamente igual que su acuerdo fuese por escrito!

Quizá no sea el caso, pero es lo que cabe esperar de dirigentes que acceden a puestos para los que no tienen formación, atendiendo totalmente a las ideas de sus subordinados como maniobra para esconder sus vergüenzas.

Ni el PP parece ayudar ni lo hizo el PSOE. Los gobiernos socialistas destacaron por sus políticas de impactos negativos para la caza, en general pequeños, pero acumulativos y sinérgicos.

Sus políticas medioambientales, quizá sin pretenderlo los políticos que las ponían en práctica, favorecían el desempleo y eran claramente contrarias al mantenimiento de las poblaciones rurales.

Los dirigentes del PP parecen querer seguir la misma estela, con honrosas excepciones muy puntuales, condicionados muchas veces por las mismas opiniones de aquellos que los rodean, que básicamente son los mismos que revolotearon en torno a sus antecesores socialistas.

Realmente, nadie ayuda al sector. La nueva crisis añadida que vive tendrá su lado bueno, en este caso bifurcado: por un lado, distintos políticos, personajes próximos a ellos, incluso aspirantes a líderes del sector cinegético, algunos de renombre, que teóricamente eran adalides para el sector, se han quedado sin careta.

Por otro, que los números quedarán ahí, los empleos que generará la cinegética pasarán de ser cifras que se lleva el viento a datos concretos sobre papel. Aunque, claro está, hoy en día parece, por lo visto, que ni lo escrito tiene validez.

 

Por Juan Caballero de la Calle.

 

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