Nos ha abandonado un gran señor de la caza y mejor amigo

Mario Migueláñez recibiendo el Premio Cazador del Año 2014 de manos del presidente de Cega Multimedia, Marcial Gómez-Sequeira.
Mario Migueláñez recibiendo el Premio Cazador del Año 2014 de manos del presidente de Cega Multimedia, Marcial Gómez-Sequeira.

No es fácil entender ciertas circunstancias… aunque, en este mundo tan nuestro, tan amado, tan sentido, tan vivido, de la caza, en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier coyuntura, puede, y a veces pasa, suceder lo impredecible. Y nos parte en dos el alma…

El martes por la tarde, mientras aún vivía la rutina, tan necesaria para descansar, de las vacaciones familiares, siempre respetadas por encima de todo y sin interrumpirlas jamás –por más que lo hubiese deseado por uno de esos compromisos, a veces difíciles de postergar, de caza, esa obsesión tan querida–, recibía la triste, impensada y nunca imaginada noticia del trágico fallecimiento de un gran amigo, Mario Migueláñez.

Mario, según me informaron, había fallecido durante el intento de alcanzar una nueva meta venatoria en las escarpadas montañas del sur de Rusia. Lo hacía en estas fechas, sagradas como he comentado, porque, seguro, sus múltiples obligaciones no le habían permitido buscar otras. En esas traicioneras montañas –en las que todos los grandes cazadores de montaña (yo también) hemos pasado momentos difíciles con suertes distintas– Mario ha visto truncada su joven existencia cuando todo le sonreía. ¡Qué duro se hace sólo el pensarlo y más el sentirlo…! No hay duda de que nos ha dejado huérfanos de su amistad y su compañerismo haciendo lo que más amaba, escalar, dominar a la montaña, tras la esquiva presa tanto deseada, esa pieza de caza, única y exclusiva, que sólo el que la siente y la ama sabe hasta qué límites se puede llegar por alcanzarla. Lo revivo en la memoria recordando lo que sufrí con estos mismos animales hace tan sólo dos o tres años. Eso sí, mientras yo lo realizaba bajo unos mínimos –debido a mi edad– que, sin duda, me obligaba entre otras cosas a la prudencia en esas terribles cimas, él, en plena juventud, sin duda alguna, no ha dudado en dar todo lo que llevaba dentro por alcanzar su meta deseada. Pese a la enorme tristeza y el llanto que nos oprime el pecho, no hay que dudarlo, ha muerto realizando lo que más amaba… Todo un ejemplo.

El caso es que, el que era sin duda la más joven promesa –para mí y para todos los que lo conocían–, ya una gran realidad en este mundo nuestro de la caza, ha perdido la vida dejándonos huérfanos a toda la gran familia cinegética. Siempre se dice que mueren los mejores… en este caso, no hay la más mínima duda al respecto. Nos será muy difícil, casi imposible, olvidarlo y, estoy seguro, a muchos de los que puedan leer estas líneas les pasará lo mismo. ¿Qué va a ser de nosotros que siempre nos sentíamos arropados por su cariño, su alegría, su saber estar –y con sus dulces presencias– en todos los eventos de caza a los que siempre acudía con su personalidad única y sus generosos regalos…?

No quiero olvidarme en estos momentos de su familia, su padre, Onésimo, y sus hijos… Desde aquí, en estos duros momentos, sólo animarlos para que conserven, guarden y transmitan esa esencia imperecedera que a todos nos trasmitía él.

Son muchos los logros alcanzados en su pasión favorita, sin entrar en sus enormes dotes de empresario y filántropo, con su Fundación a la que todos envidiamos. Pero no olvidaré nunca dos momentos de su más reciente existencia, en los que fui testigo pertinente de los mismos. Hace apenas un año fue para mí un gran honor hacerle entrega del premio que lo acreditaba como Cazador del Año 2014 y que nuestra revista otorga todos los años por estas fechas. Recuerdo que cuando se citó su nombre como posible ganador nadie dudó en aceptarlo por unanimidad. Quiero recordar que, en realidad, se lo habíamos otorgado el año anterior, pero lo pospusimos un año al no poder comprometerse a recibirlo en aquella fecha precisamente por encontrarse ausente por otro compromiso. Siempre cumplía con su palabra… El segundo de los momentos inolvidables fue cuando presentó su primer libro, Nacido por y para la caza, que conservaré en el alma con la maravillosa dedicatoria hacia mi persona que dejó plasmada en él.

Sería larguísimo seguir hablando de Mario y todo aquello que en estos tristes momentos llega hasta la memoria… Pero como el tiempo y el espacio son difíciles de dominar, tan sólo, y como último homenaje, comentar algunos de sus logros cinegéticos. Ese primer y maravilloso conejo abatido con tan sólo siete años con la monotiro del calibre 28, o los dos primeros venados de montería con escopeta del 12, lances que no se olvidan nunca… Miembro del SCI y vocal del Castilla y Picos de Europa Chapter, de la Wild Sheep Foundation, del SCAES, de ENDECA… Con tan sólo treinta años había abatido todas especies de caza mayor nacionales y ahora, con su nueva pasión, la caza con arco, intentaba volver a lograrlas. Había logrado el Capra World Slam, por la GSCO, el Premio Suma Hispánica, categoría oro, en Cinegética 2014, y era miembro de la Cofradía Culminum Magister en este mismo año, y por supuesto, el citado galardón de Cazador del Año 2014. Había realizado más de 45 viajes internacionales con más de 75 especies de caza mayor distintas, visitando 21 países de cuatro continentes… En fin, toda una vida, y todo un ejemplo, dedicada a su enorme pasión, la que tanto nos une: la caza.

Que Dios lo tenga en su gloria y disfrute con él por las escarpadas aristas de las montañas del cielo…

Por Marcial Gómez Sequeira

 

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