Guillermo. Artículo de Fernando Conde en ABC

«Me preocupa que individuos que votan, que tienen el derecho a decidir quién nos gobierna y con los que probablemente convivimos sin saber de su bajeza moral y personal puedan utilizar la muerte de un niño, en las circunstancias que sean, para hacer bandera política de una causa, sea la que sea».

No sabría decir si me produce más preocupación que asco o asco que preocupación, pero me produce ambas cosas. Me preocupa que individuos que votan, que tienen el derecho a decidir quién nos gobierna y con los que probablemente convivimos sin saber de su bajeza moral y personal puedan utilizar la muerte de un niño, en las circunstancias que sean, para hacer bandera política de una causa, sea la que sea.

Y me da asco, mucho asco, «ad nauseam», que se utilice esa tragedia para reírse de él y de su familia, para alegrarse por el drama y para poner la muerte de un animal, ¡de un animal!, a la misma altura que la de una persona y, en este caso, que la de un adolescente en lo mejor de la vida. Que esta sociedad carece de referentes morales, de puntos cardinales sobre los que ubicarse y de fronteras éticas es un hecho que cada día constatan más y en mayor medida esos vertederos de odio, de simpleza, de amoralidad y de cobardía (siempre los «trolls» se esconden bajo un seudónimo; ¡los muy cobardes!) que son las redes sociales. Pero así son las cosas y así seguirán siendo si no somos capaces de refundar una sociedad y una civilización encaminada, más pronto que tarde, a un nuevo desastre.

El joven Guillermo murió en un accidente de caza. La investigación determinará las circunstancias y esclarecerá los hechos, que apuntan a que simplemente fue un desgraciado suceso en el que se dieron todas las variables necesarias para que terminara en tragedia. El destino o la mala suerte no son encauzables. Pero lo único verdaderamente cierto, lo único que a cualquier ser humano no perturbado ni con sus facultades mentales mermadas puede suscitarle este hecho es empatía hacia la familia, hacia unos padres y unos hermanos que han perdido a uno de los suyos, y que ahora tendrán que tratar de aprender a convivir con su ausencia y acostumbrarse a una vida diferente. Demasiado duro para cualquiera que tenga hijos y que tenga la mínima capacidad de vestir la piel de quienes han sufrido esa pérdida.

Es urgente poner coto a esos desmanes en el tráfago incontenible de la virtualidad internáutica. Es evidente que no vamos a acabar así con los malnacidos, pero sí al menos terminaremos con sus excrecencias verbales y mentales. Que partidos como el PACMA hayan aprovechado el suceso para hacer publicidad de sus postulados y navegar a favor de corriente dice mucho de lo que supondría dejarles llegar a tener un mínimo poder en la gobernanza de los ciudadanos. Sería necesario exiliarse, como en cualquier dictadura. ¡Ojalá no ocurra nunca! Y tú, Guillermo, allá donde estés, descansa y espéranos.

Fuente: ABC Castilla y León

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