El rincón de la felicidad

Cierra los ojos y que tus instintos vuelen al lugar donde más feliz fuiste. Que el viento te dé en la cara con el frío de la aurora o el calor del lubricán. Que suene de fondo un regato, un amanecer o un redoble de cascos de un caballo en un patio empedrado. Que se oiga un fandango, una bulería o un gitano arrancando notas a una guitarra que guarda en sus adentros tanta rabia y desamor como todos los desamores del mundo unidos.

Cuando estés allí, ya sea en la mar o en la montaña, en aquel jardín o en aquella barra de un bar. En aquella madrugada o en el ocaso de una sonrisa, recuerda que estás vivo, que jamás podrán arrebatarte tu posesión de vida, de existir. Y que ese momento vale por mil batallas perdidas o por todas aquellas ganadas…

Me he acordado de un lugar concreto, uno en el que vuelo cada instante y cada noche cuando quiero huir del mundo y del futuro. El tacto de unas peñas y unos musgos que siempre –sin excepción– me reciben con los brazos bien abiertos. Y quiero que todos puedan sentir esa paz que –sólo allí– encuentro.

Una vez un demonio joven le preguntó a su maestro cómo poder causar el mayor daño del mundo. La respuesta fue breve: “Haz que el hombre se preocupe de los que están lejos y no de los que están cerca”.

Ismael es un amigo mío que quiere reír y llorar como todos los chicos de su edad. Ha crecido en una silla de ruedas y, ahora, esa silla es demasiado pequeña para abarcar su cuerpo. Tiene la opción de seguir agarrado a su constante superación si encuentra una silla nueva con la que poder seguir peleando por el camino de la felicidad… A veces con poco, con nada, cambia la vida de una persona.

Olga, extremeña y con el mismo nombre que mi madrina, necesita adaptar su coche para hacer la vida normal que todos querríamos hacer. Va por el mundo sobre una sillita porque Dios prefirió regalarle los ojos más bonitos del universo a cambio de que su mirada vaya un poco más baja que el resto, porque no puede andar.

Hoy, señores, podemos cambiar la vida de dos personas. Necesitamos que cada uno meta el hombro para motorizar a mis dos amigos que corren por el mundo sobre ruedas…  Ismael necesita una silla de 3.000 euros y Olga la adaptación de su coche que son 5.000. Y la Fundación Sobre Ruedas va a hacerlo con o sin nuestra ayuda. Pero si empujamos juntos será más fácil…

¿¿Me ayudas a llevarles a su rincón de la felicidad??

Fundación Sobre Ruedas
ES83 0081 5395 38 0001214432
CONCEPTO: ISMAEL Y OLGA
www.fundacionsobreruedas.org/

 Por M. J. “Polvorilla”

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