“Monteros” con clase

La verdad es que otra temporada venatoria se cerró con mejor o peor fortuna para todos nosotros y cierto es que ya tocaba. El campo necesita un descanso y nosotros también. Algunos, por suerte, hemos podido disfrutar de varias jornadas monteras por distintas comunidades y, coche arriba, coche abajo, maletas, viajes, comidas, hoteles, vuelta a casa y al fin de semana siguiente otra vez, ¡puff! Es una paliza, pero, como dice el refrán, sarna con gusto no pica, pero ya empieza a picar…

 

Por suerte, este año he podido cazar y conocer nuevos cazaderos y nuevos compañeros de este noble arte que practicamos más de un millón de personas, cosa que no se si podré hacer el año que viene, porque, como están las cosas, el dinero no corre sino vuela… Pero a pesar de esa suerte de poder disfrutar de mi pasión, he asistido a monterías en las que más de una vez te muerdes la lengua por lo que ves en ellas, y yo, como no me la suelo morder, algún encontronazo me he llevado por la clase de “monteros” que dicen ser que son.

Para mí, y al igual que muchos de ustedes, es tiempo de reflexionar sobre muchas cosas vividas durante nuestras jornadas de caza, y hoy empiezo por diferenciar en el campo las clases de “monteros”:

En primer lugar tenemos los “carniceros”, que son aquéllos que van sólo a hacer carne, dándoles igual si es una cierva con su cría o una guarra parida o un vareto o lo que sea.

En segundo lugar, están los “del ladrillo” que, de la noche a la mañana, se han aficionado a la caza como si la llevaran en la sangre, cuando no son capaces de diferenciar un cuervo de una bellota.

En tercer lugar encontramos los “francotiradores”, aquéllos que no dejan cumplir las reses y las tiran de aquí a Pekín, cortándole la caza a otros puestos.

En cuarto lugar tenemos los monteros “de medio pelo”: son aquellos que la defienden, respetan las normas, pero que, cuando abaten una res, dejan la cabeza para el camión de los despojos y es donde me pregunto: ¿para qué lo matas si no lo vas hacer?

En quinto lugar están los “alcarracas”: son los más peligrosos porque son una mezcla de todos los anteriores y no sabes por dónde te pueden salir.

En sexto lugar encontramos los “trofeístas”, que buscan la calidad del trofeo por encima de la emoción del lance.

En séptimo lugar tenemos los “lanceístas”, que premian la emoción del lance por encima de la calidad del trofeo.

Y, por último lugar, están los “puristas”, que son aquellos monteros que respetan las normas, los tiraderos, el trofeo, viven el lance, disfrutan del olor a campo, de los sonidos del monte y dejan cumplir las reses y, si la ocasión o el momento es el que ellos creen oportuno, aprietan el gatillo.

Para mí, a día de hoy y visto lo que he visto en diferentes temporadas, éstas son las clases de monteros que tenemos hoy en día en nuestros campos y como compañeros de caza. 

El que me quiera conocer para saber que clase de cazador soy, que se venga de montería un día conmigo y me defina dentro de uno de estos grupos. Sí que es verdad que me gustaría conocer ¡con cuál te identificas tú!

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